miércoles, 22 de noviembre de 2023

25 de noviembre: El Torcal

Participantes: 11
Germán, Pilar, Paco P., Jesús R., Lily, Jesús C., Manuel D., Paco Z., Lola, Tere y Jerónimo. 
Distancia recorrida:
11,5 kilómetros
Desnivel de subida acumulado:
605 metros
Altura mínima: (955 m – Los Navazos)
Altura máxima: (1345 m – Camorro de las Siete Mesas)
Tipo de recorrido:
Circular, con un tramo prescindible de ida y vuelta
Tipo de camino:
Veredas, sendas de animales y campo a través


Desayuno en el bar Oasis de Villanueva de la Concepción con pitufos, no había molletes, y churros recién hechos, grandes, crujientes, con poco aceite, estupendos. Cada uno nos hemos metido un pitufo bastante grande y uno o dos churros. A 4€/cabeza. Hemos salido contentos.

Antes de las 9 llegábamos al aparcamiento del centro de interpretación del Torcal en el llano de Polvillares. Cada día nos cuesta más prepararnos para comenzar a caminar, que si cambio de zapatos, que si comer algo, que si un forro polar u otro… echamos casi media hora hasta que nos ponemos a caminar.

Comenzamos acercándonos al mirador de las Ventanillas, como ya es habitual, para disfrutar de la vista al sur y luego volviendo para bajar al hoyo de las Ventanillas. Hacía una mañana tan serena, tan diáfana, sin un pelo de aire, que invitaba a recorrer la cresta del sur del Torcal, emulando a las cabras que veíamos en la cúspide de los riscos esperando los primeros rayos del sol.

En la cresta se tenía una vista y un bienestar inmejorables. Alguien propuso tumbarnos allí, al solcito, y dejar pasar el tiempo. ¡A dónde mejor íbamos a ir! Pero somos inquietos por naturaleza y hemos continuado por la cresta, al oeste, para descender poco más adelante al hoyo de la Burra. En él hemos tomado la ruta amarilla, por los Arregladeros, bajo los imponentes tajos del sur.

El Torcal siempre es sorprendente. Con la infinidad de veces que lo hemos recorrido y cada vez nos muestra aspectos diferentes por la forma de las rocas, por la mezcla de vegetación y roca, por el adorno de las cabras diseminadas entre los riscos… Uno va caminando y admirando esas maravillosas composiciones pétreas en forma de estratos horizontales, en forma de tubos verticales, en los equilibrios inverosímiles de las piedras, en los callejones ocupados por la vegetación. Y cada vez hay una perspectiva distinta, nueva, que obliga a parar, a admirar, a fotografiar, esa multitud de rincones, tajos y pináculos.

Después del callejón del Agrasol, al llegar al llano de la Mesa, solemos dejar la senda amarilla para ir en dirección noroeste hacia el Torcal Bajo. El año pasado también seguimos esa ruta llegando hasta la alambrada del cortijo de los Navazos, pero desde allí tomamos al noreste y este por un andurrial horroroso del que salimos a duras penas. Hoy nos proponíamos llegar al Torcal Bajo e investigar la entrada al valle del cortijo de los Navazos para desde allí ir al noreste.

Nos internamos pues al oeste por una zona poco frecuentada, pero con la senda bien marcada, con bonitas formas de erosión, aunque no tan espectaculares como las de las rutas verde y amarilla. Al llegar a las dolinas u hoyos la senda se difumina y hay que buscar el rastro de las ovejas que son las que marcan la senda y nos guían en ese dédalo de callejones que es el Torcal.

El enorme roquedal termina en la llanura cercada por alambrada que ya conocemos. Seguimos la alambrada al suroeste intentando rodear esa llanura y bajar al cortijo de los Navazos, pero la alambrada seguía durante kilómetros alejándonos del punto de partida en el Torcal Alto. Volvimos sobre nuestros pasos continuando por el borde de la alambrada al noreste y cuando giró la alambrada al norte continuamos por el rastro de las ovejas al norte también. Hicimos un corto Ángelus, más por descansar que por comer, pues aún llevábamos los churros en el estómago, y continuamos para llegar a un valle que terminaba en una abrupta caída a los campos de labor del cortijo de los Navazos.

La caída era abrupta, pero no insalvable. Paco encontró una bajadita por la cañada al oeste del valle que evitaba la alambrada y siguiendo el rastro de las ovejas bajamos al llano del cortijo de los Navazos. El cortijo nuevo con la gran nave ganadera queda muy al oeste de donde descendimos, enfrente quedaban las ruinas de lo que fue el cortijo del Navacillo. Nos separaba de ellas la parcela recién sembrada. Detrás de las ruinas del cortijo se veía una clara senda de ovejas. No llegamos a ella, sino que rodeamos el sembrado y por el extremo este dejamos la plácida llanura para internarnos en la loma al este. Cruzamos más arriba la alambrada y seguimos subiendo hasta que la señal de la senda de ovejas se dividía. Una continuaba al este por una garganta muy bonita. Jerónimo la exploró y no le gustó lo que vio, de modo que tomamos un poco más al norte por un amplio valle al cual no descendimos, sino que lo continuamos a media ladera por el pedregal. Desde allí vimos claramente la conveniencia de llegar a las ruinas del cortijo Navacillo y tomar la senda de ovejas que había por detrás de él que nos hubiera llevado suavemente por la ladera norte del valle en el que estábamos. Queda para otra ocasión.

Llegamos al valle al pie de la cornisa del Diablo, pero en vez de seguir el valle para subir al collado de la Sima, atacamos a pecho la ladera hacia una curiosa piedra enorme, llana en parte, que forma un arco apoyada en otra piedra. La formación es bonita, curiosa, pero el repecho y el pedregal se las trae.

Era ya hora de comer, sin embargo, decidimos seguir y pasar el descenso entre repisas y el paso bajo de la repisa inferior antes de la comida. Este trozo de ruta está siempre en nuestras salidas, lo conocemos bien y siempre lo disfrutamos sobre todo por las vistas hacia la llanura de Antequera y por el puntito de emoción que da el caminar por una repisa estrecha con una notable caída al norte.

Buscando un carasol sin viento subimos a la parte alta del camorro de las Siete Mesas, el punto más elevado del Torcal y allí encontramos un restaurante estupendo, al sol y sin viento, con unas vistas insuperables al sur con las formaciones pétreas del Torcal y al oeste con las siluetas azuladas de las múltiples crestas de las montañas. Como siempre tuvimos un ágape excelente con chacinas, verduras, tortillas y carnes, la deliciosa tarta y los tés con orujo finales.

Del camorro volvimos sobre nuestros pasos a la senda dejada, pasamos por la Seta y pusimos rumbo al sur, por un cómodo vallecillo, con la zona de aparcamiento ya a la vista.

Excelente día e insuperable entorno para caminar. Cuando venimos al Torcal ya sabemos que hacemos distancias cortas y poco desnivel, pero el piso tan pedregoso no permite otra cosa.

Villanueva de la Concepción desde Las Ventanillas

Torres de piedra

y en la torre, un macho oteando el panorama

Formas

y formas

y más formas

y alguna flor en el camino - muy pocas - Lobularia maritima

El deambular humano que pisa

millones de años

de historia geológica

Callejones

donde se esconden piedras que parecen animales

piedras para esconderse

o piedras para trepar

Un callejón con salida al oeste

un camino recorrido muchas veces

que siempre parece nuevo

un atisbo de otoño

que niega

el cielo azul 

entre las piedras

Mira que venimos veces

pero entre tanta piedra tan igual

pero tan distinta

siempre hay una que se alza diferente y nueva

o nos mira indiferente ¿dónde irán?

A toparnos con la valla

y buscar

por los Navazos

una salida

que termina, como casi siempre, 

en un callejón con hiedra y sin salida aparente

Paciencia

con buen y prudente paso

todo lapiaz termina

en algo llano y verde que dura poco

Una fuerte subida nos lleva a este dolmen natural o puerta a la nada

y nada nos para para seguir

ni la Cornisa del Diablo

ni las ganas de comer

ni la caída de 50 metros

ni la bóveda de caliza que le han puesto al cielo

y, por supuesto, tampoco lo hará la grieta

ni el paso bajo ¡qué trabajo!

El pez que nos devora

Uno llegó a la cumbre del Camorro de las Siete Mesas

para avisar que en una de ellas habían puesto el vino

la calabaza del postre

y una ventana sin marco en un restaurante con estrella

Duelo al sol

Abandono

Se quedó de piedra

pensando quién lo seguía

y dónde estaba

oculto

en el fondo de la sima

un mapa

jueves, 16 de noviembre de 2023

18 de noviembre: Castañares del Alto Genal

Participantes: 12 + 1
Luis, Nori, Germán, Pilar, Paco P., Jesús R., Lily, Jesús C., Manuel D., Paco Z., Lola y Jerónimo. Paco Ruiz en la comida. 
Distancia recorrida:
18,7 kilómetros
Desnivel de subida acumulado:
990 metros
Altura mínima: (994 m – Loma cercana al Arroyo Guaitará)
Altura máxima: (518 m – Vado Capilla)
Tipo de recorrido:
Circular
Tipo de camino:
Veredas, carriles y carretera.

Desayuno en el restaurante La Parrilla, al lado del hotel Sierra Hidalga, porque la Fragua estaba cerrado. Pitufos y molletes duros, lo mejor las rebanadas. Manolo nos invitó por su cumpleaños. ¡¡¡FELICIDADES MANOLO!!!

Aparcamos a la salida de Igualeja hacia Pujerra y comenzamos a caminar carretera adelante en dirección a Pujerra, cruzamos el puente de río Seco y abandonamos la carretera por un carril hormigonado, muy empinado, que sube a buscar el valle de arroyo Hondo, donde cambiamos el encinar por el castañar.

No tenían los castaños sus mejores galas este año, quizá la sequía, más que el otoño, había secado las hojas, aunque había algunos resplandecientes. Subimos a buen paso, sin descansar, hasta alcanzar el camino de Estepona a Igualeja. Otras veces tomamos ese carril al sureste para coger después el camino que va por las crestas hacia Pujerra. Hoy hemos seguido al sur, por un carril secundario que nos ha llevado a cruzar el arroyo Güitarraz en una zona donde algunos vieron un par de lepiotas imponentes.

Ese carril va al oeste hasta que gira al sur ascendiendo. Si lo hubiéramos seguido al sur, en la cresta hubiéramos llegado al carril de la cresta hacia Pujerra, pero Jerónimo pensó que debíamos descender para tomar un carril a media ladera hacia Pujerra.

Descendimos por el castañar, con algún paso de ribazo un poco complicado, hasta encontrar el carril al oeste, hacia Pujerra. Gran parte de este trayecto hasta el carril se hizo monte a través o por carriles muy secundarios, cruzando unos preciosos castañares. En esta zona alta de la loma muchas hojas habían sido abatidas por el viento, lo que nos permitió caminar por una alfombra dorada y ocre, con el continuo crack, crack, de las botas quebrando la hojarasca. ¡Qué delicia de paseo! Sólo por esta sensación de abrir camino entre la hojarasca merece la pena el largo desplazamiento hasta los castañares. De vez en cuando alguna hoja caía desde lo alto de los árboles, aunque más que caer lo que hacía era volar, planear, mecida por el escaso viento hasta posarse dulcemente en el suelo. Y para que el disfrute fuese completo teníamos, además, los colores otoñales de los castaños más retrasados, aún con sus hojas, de los que el sol sacaba irisaciones doradas, amarillentas, ocres, frente a un cielo completamente azul. Algunos trechos del camino dejaban ver la blanca mancha de Cartajima, en la ladera debajo de su sierra; en otros era Igualeja la que aparecía, también inmaculada, recogida en su valle. ¿Qué más se podría añadir? Nada. El disfrute en este tramo de caminata fue total.

Sabíamos que nuestro carril desembocaba en la carretera, como a un kilómetro de Pujerra. Resultó ser un carril privado con una gran puerta junto a la carretera, pero estaba abierta y sin obstáculo alguno nos vimos caminando en fila india por la carretera, evitando en lo posible los continuos coches a y desde Pujerra.

A la entrada del pueblo había un guardia municipal que estaba ordenando un poco a la multitud de coches que llegaban a Pujerra, donde ya no cabían más, estaba colapsada de coches. Peajes que hay que pagar por caminar en fin de semana.

En Pujerra bajamos por la iglesia al mirador que hay camino de Cartajima. Allí nos sentamos a hacer el Ángelus. Al principio estábamos solos con una pareja, pero en seguida se llenó de varios grupos de caminantes que subían la cuesta al pueblo y utilizaban el mirador para descansar y recuperar el resuello.

Descendimos por la empinadísima cuesta, cruzamos la carretera y bajamos hasta el puente del Genal. En el puente llamó Paco Ruiz a Jerónimo. Estaba con su moto en Júzcar y quería unirse a nosotros en la comida. Nos cuadraba bien la hora para juntarnos en Cartajima.

Con la perspectiva del ya cercano almuerzo emprendimos la subida del puente al pueblo. Una subidilla de casi 350 m de desnivel, entre las 13 y las 14h, orientada al sur, con todo el sol dando en la lomera. Sudamos lo nuestro en la subidilla, todos los años nos pasa lo mismo en este tramo.

En el mirador que hay poco antes de Cartajima nos esperaba Paco y allí, bajo una hermosa encina buscamos acomodo para almorzar. Hubo chacinas, aguacate y edamame de aperitivo. Después ensaladas de tomate y escarola, tortillas de habas y de patata, pisto, berenjena picantita, espaguetis, etc. Como platos fuertes filetillos tiernos y lomo al ajillo. Para terminar quesos de oveja curado y gorgonzola tierno, tés con orujos y la consabida y ya tradicional tarta de Jerónimo, siempre nueva, siempre innovando. Cuatro botellitas de vino cayeron, dos de Rioja, una de La Mancha y la otra no recuerdo de dónde. Deliciosa comida y excelente compañía.

Paco Ruiz salió disparado con su moto y el resto nos echamos al camino para atravesar Cartajima hasta encontrar la calle de donde sale la pista hacia Parauta e Igualeja. En la bajada hacia el Genal paramos a fotografiarnos junto al gran castaño Arenas. Llegamos al Genal en la zona del molino Real y cruzamos el cauce a pie llano, sin agua, cuando otras veces hemos hecho mil equilibrios para cruzarlo por encima de las piedras.

Quedaba la subida a la cresta, unos 200 m de desnivel, que tomamos sin prisa pero sin pausa, toda de un tirón, sin descanso. Con el pueblo de Igualeja ya cercano cruzamos el arroyo Halda y bajamos al arroyo Hiladero en la parte baja de Igualeja.

Día primaveral por la temperatura, con el viento en calma. Día pleno de sensaciones cromáticas y auditivas. Un verdadero disfrute. Un día de los que crean afición al senderismo.

Subiendo por el paraje del Arroyo Hondo

Los castaños desnudos y el suelo seco. Mal año

Panorámica de Cartajima a Igualeja

Hoy el otoño está por los suelos

y mirar arriba es ver el azul de un cielo sin nubes a la vista

El placer se lo llevan los pies más que los ojos

Fotografía, que algo queda

Phytolacca americana - Hierba carmín que, aunque utilizada en medicina, es planta tóxica, así que no vayas a probar sus bayas... otra vez.

Cartajima desde el Arroyo Bentomiz

Maraña de carriles

y fincas privadas

brumoso caminar como el paisaje que oculta la quema de la hojarasca

Cancha Almola desde el vallecillo del Arroyo Bolage

En descenso hacia el Vado Capilla, en el Genal

Algo se empina el carril por el Camino del Helechal

Los Riscos de Cartajima o Júzcar, según desde donde miremos

La soleada cuestecilla nos ha dado algo de hambre y sed

pero antes toca saludar y alegrarnos de tu pequeño regreso

Vinos en tonel de castaño
Cuando la crema de naranja y chocolate sirve para construir lo deconstruido

Tras la tempestad de los inicios viene la calma del té, el orujo y el postre

Cartajima, le soir

Callejeando y disfrutando de sus murales

de algo más que azul pitufero

Grupo en el Castaño Arena

Parauta y un grupo de castaños alineados

En busca del río Nacimiento

La Loma de Igualeja muestra algo de color en este deslucido otoño en el castañar

Lo Alto de la Loma da para toda una vida

Vereda del Hiladero

El sol aún ilumina media Igualeja

Bidens aurea - Té de huerto, té moruno

Mapa de la ruta