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martes, 27 de noviembre de 2018

1 de diciembre: Pantanillo del Guadaiza - Cortijo Las Máquinas

Participantes: 6
Paco P., Pilar, Jesús R., Paco Z., Ricardo  y Jerónimo
Distancia recorrida:
17 kilómetros
Desnivel de subida acumulado:
700 metros
Altura mínima: (120 m – Pantanillo Guadaiza)
Altura máxima: (421 m –Bosques del Valle del Guadaiza)
Tipo de recorrido:
Lineal, de ida y vuelta, con un tramo circular
Tipo de camino:
Veredas  y carriles
 
Mapa de la ruta
 
Río Guadaiza
 
Por la vereda que sube desde el pantano
 
Por las zonas de umbría del bosque
 
Cruzando uno de los numerosos arroyos
 
Omphalotus olearius
 
Veredilla junto al río
 
 
Las zonas de pinar alternan con zonas de alcornoques y quejigos
 
Grupo en un claro del bosque
 
Quejigo cubierto de musgos, helechos y ombligos de venus
 
Níscalos y algunas chantarelas
 
Atardecer en el Pantanillo del Guadaiza

viernes, 1 de diciembre de 2017

Salida 2 de diciembre: Pantano Guadaiza - Cortijo de las Máquinas


Participantes: 13
 Paco Ruiz, Paco Ponfe, Pilar, Jesús R., Lola V., Paco Z., Luci, Miguel S., Nori, Jesús C., Ricardo, Tere  y Jerónimo
Distancia recorrida:
21 kilómetros
Desnivel de subida acumulado:
925 metros
Altura mínima: ( 113 m – Pantano del Guadaiza)
Altura máxima: (Sobre los 530 m – Camino al Daidín)
Tipo de recorrido:
Parte circular y parte lineal, de ida y vuelta
Tipo de camino:
Carriles de tierra y veredas.
 
Desayuno en La Esquinita de Fuengirola. Servicio rápido y eficiente. 3€/desayuno.

Salimos la comitiva de los 3 coches detrás del de Jerónimo que nos guió por ese dédalo de calles y carreteritas entre San Pedro y la presa del embalse de Guadaíza. No sé cómo Jerónimo supo encontrar en su día el acceso entre el laberinto de las urbanizaciones, sin indicación alguna a la presa, y cómo se acuerda sin dudar del camino.

Aparcamos en la presa y comenzamos la caminata cruzando la presa, en una mañana, serena, límpida, con el viento en calma, y con un poco de frío mañanero.

A 100 m de cruzar la presa hay que descender para pasar el arroyo del Alisal por delante de un embovedado de hormigón por el que sale el cauce del arroyo. Sigue la senda por el cauce del Guadaiza, sobre los cantos rodados, atravesando algún bosquete de sauces, hasta que la senda se decide a ascender e introducirse en ese bosque tan bonito de pino resinero, quejigo y alcornoque, con sotobosque de madroño, lentisco, mirto, brezo y herguén. Un bosque tupido, con árboles enormes, tapizados de musgo en su cara norte y oeste, que a través del ramaje dejan ver el panorama hacia el este, con el cauce del río y la orilla izquierda del valle completamente cubiertas por el bosque; por encima la cresta por donde discurre la vereda de Marbella a Ronda, recientemente visitada por la parte del grupo que fue al Castaño Santo, y recortadas en el azul del cielo las crestas de La Concha y sierra de las Nieves.

Con esas vistas tan bonitas, con el ambiente umbrío, protector, que crea el bosque, con esos arbolazos tan tremendos a nuestra vera… no se nos podía pedir que camináramos deprisa. Había que disfrutar del entorno, abrir todos los poros del cuerpo y del espíritu y dejar que bosque, paisaje y entorno penetrasen y llenasen cada rincón de nuestro cuerpo. Todo propiciaba a caminar tranquilos, en silencio, comulgando con el entorno, o con tranquilas y agradables charlas, solazándonos en ese ambiente y con esa compañía tan placentera.

Y así caminamos tranquilos, sin prisa, subiendo a encontrar la conocida pista que viene del puerto del Alisal, siguiendo esa pista para cruzar los arroyos de Alberquillas y Hornillos. Cerca de uno de los descensos al cortijo de las Máquinas paramos al Ángelus aprovechando una zona de sol. Como era temprano para ir hacia el cortijo, y uno de los objetivos era buscar algunas setas, quisimos internarnos en zonas propicias para ellas. Subimos por el bosque a la pista al Daidín, continuamos por la pista un buen trecho y volvimos a bajar mirando y parando en esa búsqueda casi infructuosa de las setas. Sólo algún níscalo cogíamos de tanto en tanto. Ningún pie azul de esos tan hermosos que crían estos bosques.

Pero el día no estaba para disgustos. La falta de setas no hizo mella en el ánimo festivo. Bajamos al Guadaiza, lo cruzamos sobre unas piedras y llegamos al cortijo de las Máquinas a la hora justa del almuerzo.

Sobre la solera de ladrillo de una de las construcciones del cortijo nos acomodamos después de haber cogido algunas naranjas. Excelente comida, como siempre, y excelentes vinos de Somontano, Mancha, León y Ribera del Duero, acompañaron las charlas, con ese rodar de fiambreras y botellas tan característico de la Vinoteca. Con quesos variados, dulces y tés dimos por finalizado el ágape.

Volvimos sobre nuestros pasos después de remontar la cuestecita de salida del río, en una tarde más placentera si cabe que la mañana, con esa luz del atardecer que tan bellos colores pone en el bosque y en la cima de La Concha. Llegamos a los coches ya sin luz. Estas tardes invernales se nos antojan cortísimas.

Mapa de la ruta
 
Bajo un viejo quejigo al principio del camino
 
Junto al río el camino se oculta entre unos viejos y enormes sauces
 
Veredas en la inmensidad del bosque
 
que dan para ratos de charla
 
y alerta de los sentidos
 
¿Quién rompe el silencio del bosque?
 
El desconocido y maravilloso bosque del Valle del Guadaiza
 
Entre brezos de escoba
 
 
¿Qué somos junto a él? ¿Qué hemos vivido?
 
En el Cortijo de las Máquinas
 
Una sombra uniforme se apodera de la quietud de la tarde
 
Vinos y níscalos

sábado, 28 de enero de 2017

Martes 31 de Enero: SIERRA PALMITERA



Sierra Palmitera y cortijo del Daidín. 31 de enero de 2017.

Participantes: Manolo, Pepe, Victoria, Antonio, Ricardo y Jesús
Distancia recorrida: 28, 5 km
Desnivel acumulado: 740 m

El desayuno era problemático porque nadie conocíamos sitios. Jesús buscó en internet bares en San Pedro de Alcántara que abrieran temprano. Victoria preguntó a su hermano quien le indicó uno en la gasolinera de la rotonda al coger la carretera de Ronda. Quisimos aprovechar ese de la rotonda, fuimos por la autopista, y mientras unos bajamos en dirección a San Pedro donde había una gasolinera con bar en la primera rotonda, otros fueron hacia ronda y encontraron otro bar en la primera rotonda de la carretera hacia Ronda. La coordinación siempre tiene sus ventajas. Y la tecnología, porque gracias a los móviles subimos a la rotonda hacia Ronda donde había un bar con aparcamiento en la misma puerta, un salón con chimenea encendida y unas rebanadas con aceite y mantecas blanca y colorá excelentes. No había comenzado bien la coordinación pero el desayuno termino muy bien, tanto que alguno propuso quedarnos ahí y no ir a caminar.
En el aparcamiento frente a la Zagaleta estábamos solos, allá quedaron los coches y dos botellas de vino porque creímos que con otras dos tendríamos bastante. Decisión apresurada de la que luego nos acordaríamos.
Los que conocíamos la ruta ya sabíamos a dónde íbamos, pero los nuevos se iban quedando con la boca abierta de ese boscaje de pino resinero, alcornoque y quejigo, de esas vistas tan maravillosas sobre la ladera izquierda del Guadaíza y sobre la Concha. Para completar el cuadro unas vedijas de neblina estaban prendidas al bosque cerca del pantano, casi estáticas porque no había nada de viento.
Seguimos la ruta recorrida el 17 de diciembre y cuando llegamos al punto más bajo, cerca del río Guadaíza, sobre el cortijo de la Máquina, decidimos bajar a tocar las aguas del río. El carril baja hasta el río y lo cruza hacia el cortijo. Se podía cruzar con precaución, pero no quisimos exponernos a una caída en las resbalosas piedras. A la vera del río, con la musiquilla de sus aguas, hicimos el Ángelus prosiguiendo después carril arriba para continuar la ruta.
Después de los consabidos equilibrios al pasar la barranquera anterior a la senda de motos, atacamos con ganas el repecho de la senda. En el lomo nos reagrupamos y llegamos a la pista del Daidín contentos del esfuerzo realizado.
El entorno del Daidín nos cautivo a todos: esa amplitud del valle, esa suavidad de las laderas después de tanto pecho intratable, esos enormes castaños, ese correr del agua por todas partes, ese escalonamiento de las paratas… delicioso entorno. No es extraño que estuviese habitado y aprovechado desde tiempos inmemoriales. Visitamos las ruinas de la antigua alquería y bajamos a comer al restaurante del alcornoque, a esa conocida mesa que está aguardando al caminante.
Con la debida parsimonia fueron saliendo la chacina, el tocinillo, los mejillones y el tomate del aperitivo. Había unos chipirones en su tinta rellenos que no eran de aperitivo, pero ejercieron tal atracción que hubo que sacarlos para aplacar al clamor popular. Después las tortillas, la carne con alcachofas y el jamón. Cuando llegamos a los quesos hubo que medir y pesar el vino porque había más demanda que oferta. ¡Entonces fue cuando recordamos qué puñetas harían dos botellas en los coches!. Con unos huevos nevados, unos bomboncitos y los acostumbrados orujos dimos por concluido el sabrosísimo almuerzo.
Vuelta a la pista y a buen paso llegamos a los coches en 2,30 horas, antes de que el sol se pusiera tras las mansiones de la Zagaleta. Mansiones enormes en lo alto de las colina y habitadas por gentes pudientes a los que nadie del grupo tenía ninguna envidia. Estábamos seguros de que no podían haber sido más felices que nosotros en este día de caminata.


La Ruta
Inicio de la Ruta
Cargando energía de los alcornoques
En el río Guadaíza
En uno de los varios barrancos con agua
Caminando por un bosque de brezos


La Concha por encima de la niebla
Castaño enorme a la llegada a Daidín
Ruinas de la alquería de Daidín
Los escasos vinos

La abundante comida