lunes, 3 de agosto de 2026

8 de agosto: Posiciones del Veleta - Mulhacén

 Vélez - Torre, a las seis y media.

Desayuno en el camino.(Rte.Boabdil, en Otura)

Unos 19 km y sobre los 850 m de desnivel. 

La intención es coger el microbús desde los Albergues hasta las Posiciones, ida y vuelta. Ya tenemos reservadas cinco plazas para las 9 horas (ida) y vuelta a las siete menos cuarto de la tarde.

Si alguien se apunta a partir de ahora debe gestionar la reserva de los autobuses por su cuenta: teléfono 671 56 44 07.

jueves, 30 de julio de 2026

1 de agosto: Refugio Elorrieta - Tajo de los Machos

Participantes: 4
Paco Ruiz, Germán, Paco Z. y Jerónimo
Distancia recorrida:
22,5 kilómetros
Desnivel de subida acumulado:
1.270 metros
Altura mínima: 2.480 m – Albergues / Hoya de la Mora
Altura máxima: Sobre los 3.165 m – Refugio Elorrieta
Tipo de recorrido:
Lineal de ida y vuelta
Tipo de camino:
Carriles, veredas y  tramos campo a través


[…] en soledad confusa

perdidos unos, otros inspirados.

¡Oh tú, que, de venablos impedido

muros de abeto, almenas de diamante

bates los montes, que, de nieve armados,

gigantes de cristal los teme el cielo; […]

                                                                                  Luis de Góngora: “Soledades”

 

Donde habita el silencio

Abrupta la partida rompe el yugo de la civilizada pendiente, allí donde la Hoya de la Mora congrega el bullicio humano, las cuerdas que toca el fuerte viento y el vano susurro de los telesillas. Nos desviamos preñados de silencio, buscando la pureza mineral de la altura. Al dar la espalda al Collado de la Laguna, el carril declina herido hacia el Valle del Dílar; al fondo, los telescopios, mudos centinelas de lo infinito, recortan sus blancas cúpulas contra el azul, como astros artificiales fijos en la roca. Bajo nuestros pasos, la flora, humilde y única, opone su resistencia al desierto de esquistos.

Avanza lento el caminar hacia el origen de las aguas. Pasamos primero por la Laguna de las Yeguas, espejo de cristal herido por el hombre, y algo más arriba, donde el silencio duplica su imperio, por los Lagunillos de la Virgen, cuyas cuencas recogen el llanto deshecho de las cumbres. Allí se emprende la verdadera ascensión, acometiendo la vereda que por su cara norte recorre los quebrados Tajos de la Virgen. Una cruz recuerda la tragedia. La montaña es así: da vida pero también, a veces, la quita.

El terreno es mudanza viva dentro de su aparente eternidad: vamos sorteando rocas que, de un año a otro, por el empuje del hielo invernal, cambian la traza del camino, obligando a redescubrir el laberinto de piedra. Es agosto, pero el estío parece olvidado cuando un buen nevero de vieja y dura traza nos sale al paso, interrupción helada que franqueamos con cuidado, midiendo cada paso con pisada firme.

Ganada la altura, las vistas se abren, dilatando los ojos ante la inmensidad del paisaje, interrumpido por el restaurado Refugio Elorrieta, nido de piedra que la mano humana levantó en la cresta, pero cuya presencia no turba la soledad, sino que acentúa la intemperie. Lo dejamos atrás en la bajada, con la vista puesta en las aguas verdosas de la Laguna de Lanjarón, dormida bajo la sombra protectora del Cerro del Cartujo.

Antes que el camino baje mucho más, abandonamos la senda, buscando la loma que desciende hacia el Tajo de los Machos. El avance se torna rudo, sorteando canchales de enormes bloques de piedra que, encajados por años y años de nieves, apenas se mueven, lápidas de un templo gigante. Son esas rocas nuestro suelo, firme y descarnado, de formas y colores caprichosos, heridas de óxido, líquenes y heladas, rocas que configuran el valle bajo tajos que son la cuna donde da sus primeros pasos el río Toril.

Por estas lomas desiertas, apartadas de las rutas más frecuentadas donde el turismo profana la altura, se vive al fin la soledad y majestuosidad de Sierra Nevada. Es la montaña pura, la que no conoce el cable ni el asfalto. Llegando al Tajo de los Machos, se corona la plenitud del aislamiento. No hay aquí bar que sacie el hambre y la sed, ni refugio que mitigue el viento, ni siquiera la fría geometría de un vértice geodésico; solo nuestras mochilas y la inmensidad desnuda. 

Hacemos la foto de grupo en su cima: solos, nosotros y la piedra... o piedras, que de esas no faltan en la andadura por este vacío mineral. Desde esta atalaya, las vistas se vuelven hacia el Veleta y el Mulhacén, cerrando el círculo de una jornada donde el alma halla su templanza en la más desnuda soledad.

Carril que baja desde el Collado de la Laguna e inicio del Valle del Dílar, con los telescopios al fondo

Cirsium acaulum subsp. gregarium - Cardo de borreguil

Pasando por la Laguna de las Yeguas

y algo más arriba

por los Lagunillos de la Virgen

Emprendiendo la subida

por la vereda que por su cara norte recorre las laderas del los Tajos de la Virgen o del Nevero

cortada aún a inicios de agosto

por un buen nevero que sorteamos con cuidado

Sorteando rocas que de un año a otro hacen cambiar la traza del camino

Las vistas se van abriendo al sur y el oeste, al valle del Lanjarón y a la Cuerda Alta

Llegando al restaurado Refugio Elorrieta

que dejamos atrás en bajada

descendiendo algo por la margen izquierda del Valle del río Lanjarón, con su laguna en la parte más alta, bajo el Cerro del Cartujo

Antes que el camino baje mucho más

hacemos un quiebro

y nos vamos hacia la izquierda, hacia la loma que baja hacia el Tajo de los Machos

sorteando algún canchal de enormes bloques de piedra

que, encajados por años y años de nieves y movimientos, apenas se mueven

Nos queda aún bastante cresteo

de sube y baja

o por zonas más o menos llanas

pero donde las piedras son siempre nuestro suelo

piedras que en algunos lugares

adquieren formas y colores caprichosos

Valle bajo las Tajos de la Virgen,  inicios del río Toril

Por estas lomas

apartadas de las rutas más frecuentadas

se vive la soledad y majestuosidad de Sierra Nevada

Llegando al Tajo de los Machos

Foto de grupo en su cima, por suerte, sin refugio, sin bar, sin gente, sin vértice

solos, nosotros 

y la piedra

o piedras, que de esas no faltan

Vistas hacia el Veleta y los Tajos de la Virgen

Los tresmiles más altos desde una curiosa piedra

Valle del Lanjarón y Tajos Altos

En el regreso

volvemos a tomar la cuerda

pasando por todos los pedregales

y tachuelas

que vamos encontrando por el camino

Eryngium glaciale - Cardo azul de Sª Nevada

Sideritis glacialis - Zahareña fina

Por si no teníamos bastantes piedras

nos encaramamos también a este espolón de roca 


Panorámica hacia el norte

El Refugio de Elorrieta

cada vez se acerca más

aunque moverse no se ha movido, pero sí remozado

Sin apenas descanso

iniciamos ya la bajada con cielos más limpios y alguna nube tormentosa a lo lejos que quedó en nada 

En la vereda, ese nevero aún congelado y duro pone a prueba nuestro sentido del equilibrio y la prudencia

Neveros, grandes piedras, un senderillo trazado en la ladera y el Veleta de fondo

Senecio pyrenaicus subsp. granatensis - Azuzón

Caótico tetris mineral

Uno de los Lagunillos de la Virgen aún cubierto en parte por un gran nevero

Borreguiles por los Lagunillos de la Virgen

Mapa de la ruta