Participantes: Pili, Paco Ponferrada, Jesús R., Lucía, Germán, Paco Ruiz, Manolo, Paco Zambrana, Carlos, Ricardo y Jesús
Distancia recorrida: 13 km.
Desnivel acumulado: 750 m.
Desayuno en el bar La Cruz de Piedra de Coín: Pitufos, molletes, rebanadas contundentes, con aceite, tomate, jamón. Buen servicio, a unos 4€. Jesús tuvo la gentileza de invitar por su cumpleaños. ¡FELICIDADES! Todos le desearon que cumpliera muchos más, aunque a su edad, ese buen deseo suena a engaño.
Partimos de la zona de la
Alcubilla Baja, por el carril que deja a la izquierda el puerto de los Charcos
y lleva a la derecha el olivar del Juanar, olivar antes cultivado, pero ya
lleva varios años inculto. Con buena tierra y bastante lluvia no tardaremos
mucho en verlo invadido por la maleza.
Pasamos bajo la Casa Vieja del
Juanar, cruzando el olivar, hasta entrar en la única mancha de pino de
Monterrey que conocemos en nuestras andanzas. En el cruce de la Hoya del Corral
Viejo dejamos el carril hacia Istán y tomamos a la izquierda otro de menor
importancia que se transforma en senda y sube al puerto de las Allanás por el
borde de la valla de la zona dedicada a la fauna silvestre.
La ruta a La Concha es famosa por
su belleza, se ha popularizado mucho entre españoles y extranjeros, y además
era sábado, así que antes de llegar a las Allanás ya nos habían adelantado unos
cuantos jóvenes. Algunos del grupo añoramos la época en la que caminábamos al
ritmo que ahora llevaban esos jóvenes y hacíamos La Concha desde Ojén.
Desde el puerto de las Allanás
hasta La Concha la senda va por la cresta o muy cercana a ella, con preciosas
vistas a Marbella y al mar a un lado y hacia la intrincada orografía de la
Sierra Blanca al otro.
Pasamos por el puerto de los Tres
Pinos, entre los cerros de los Asperones y Salto del Lobo para descender al
paso del Salto del Lobo o Salto del Cochino, ese paso que pone su puntito de
emoción a la caminata, aunque ahora tenemos la ayuda de un par de cadenas en
los puntos más expuestos.
En el puerto del Salto del Lobo
hicimos la primera parada para reagruparnos. Pensamos que era temprano para el
Ángelus y decidimos seguir ascendiendo por las laderas sur de los cerros de la
Yegua primero, hasta el puerto de la Yegua, y por la del Lastonar después.
Ambos cerros nos protegieron del viento del noroeste que soplaba fuerte y venía
fresco, pero en los puertos, sin protección, nos azotaba de lo lindo.
En la cara sur del cerro Cepilla
del Enebro Paco Ruiz buscó un carasol excelente para hacer la paradita del
Ángelus. Mientras, debajo de nosotros seguía pasando gente a la cadena que
ayuda en ese paso de la Cepilla del Enebro. Al levantarnos el grupo se dividió:
una parte fue hacia la cadena y otra buscó la senda por la cara norte de la
Cepilla del Enebro; esta senda, aunque puesta como la “oficial” del PR a La
Concha, no es un canino de rosas, y tiene también su descenso complicadillo.
Al oeste de la Cepilla nos
reunimos para descender a la senda que va por la cara norte de la cresta. Con
el viento no hacía día para ir por el roquedal de la cresta. La senda tiene
algunos pasos dificultosos; hay que echarle tiempo en el acercamiento al último
promontorio de la cresta, a La Concha.
Disfrutamos un ratito de las
inigualables vistas desde La Concha, hicimos algunas fotos y la dejamos pronto
porque el viento no permitía mucho solaz.
Volvimos por donde habíamos
venido con cruce constante de gente, especialmente un enorme grupo de
sevillanos, con poca práctica de montaña y ningún conocimiento de la zona, que
nos retuvieron un buen rato y les indicamos cómo llegar a la cercana Concha.
Nada más pasar el puerto de los
Tres Pinos Paco Ruiz buscó un buen restaurante, protegido del viento y al sol.
Según íbamos llegando nos íbamos aposentando en una de las pocas veces que
hemos aceptado el lugar de la comida a la primera.
El aperitivo consistió en cecina,
salchichón y chorizos varios junto a los tradicionales langostinos de Germán,
acompañados de cervezas frescas. Tuvimos después dos ensaladas, de pimientos
con huevo y bacalao y malagueña, antes de pasar a las carnes. Hubo dos tipos de
pollo, cerdo con champiñón, filetillos tiernos y solomillo con ajitos. Después
dos excelentes quesos: de Júrtiga y azul de Valdeón. Terminamos con unas tortas
de Algarrobo con chocolate, dos tipos de té y los acostumbrados orujos. Echamos
de menos, cómo no, la tarta de Jerónimo. Tuvimos tres botellas de vinos. Uno de
Calvente que estaba en malas condiciones y lo dejamos, otro de Campo de Borja y
el último de Tierras de Castilla.
Estábamos cerca de los coches y
nos tomamos el descenso con tranquilidad, además, esta senda a La Concha tiene
un piso muy malo, siempre con piedras que exigen continua atención al sitio
donde poner los pies.
Con los coches bajamos al hotel
del Juanar y, aunque decía que había servicio hasta las 18 y era un poco más
tarde, el muchacho del bar nos atendió en un salón con sofás y sillones frente
a una chimenea con el fuego encendido. Inmejorable sitio. Lucía tuvo a bien
invitarnos a las cervezas y refrescos por su cumpleaños. ¡MUCHAS GRACIAS Y
MUCHAS FELICIDADES!
Día ventoso, fresquito, con buena temperatura para andar y mucha gente.




