Participantes: 16 | Pili, Paco Ponferrada, Jesús R., Paco R., Lucía, Lily, Manuel D., Tere, Jerónimo, Lola, Paco Z., Germán, Jesús C., Miguel S., Ricardo, Carlos y Luis |
Distancia recorrida: | 17 kilómetros |
Desnivel de subida acumulado: | 1.010 metros |
Altura mínima: (256 m – Arroyo Granados) | Altura máxima: (657 m – Almorchón) |
Tipo de recorrido: | Un tramo circular y otro lineal de i/v. |
Tipo de camino: | Veredas, carriles y carretera (opcional). |
Desayuno en El Cruce de Ardales. Buen pan, buen servicio, excelente zurrapa blanca, a 3,5€.
Era la primera vez que aparcábamos sobre el túnel de las ventas y del aparcamiento salimos al este por el carril que baja hacia el Caminito del Rey; pronto lo dejamos para tomar el que va al mirador del desfiladero de los Gaitanes. En este trozo del camino disfrutamos de multitud de narcisos de campanilla y de las vistas hacia el embalse del Gaitanejo. También en este trecho es muy llamativo el abrupto paso de las areniscas a las calizas: en una cañada que baja desde el pico del Convento terminan las areniscas y comienzan las calizas.
Teníamos un vendaval de cuidado. A veces la misma montaña nos protegía de él, pero otras veces casi nos arrastraba. Eso es lo que tuvimos en el precioso mirador del desfiladero de los Gaitanes donde era muy peligroso acercarse al borde del tajo a contemplar esa maravillosa estrechura de los Gaitanes.
Coronado el puertecillo debajo del Convento el grupo se dividió: los más fuertes y decididos subieron al pico del Convento, primero por esa endiablada pendiente y luego hicieron la trepadita final al pico. Los más flojos o conservadores seguimos por la sendita a la cresta, protegidos del viento, entre el pinar de pino carrasco.
Por el cortafuegos de la cresta subimos hasta la planicie más alta del Almorchón por donde caminamos gustosamente protegidos del viento gracias al pinar. Dejamos un par de senditas a la izquierda que mueren sobre los tajos del sur del Almorchón, siguiendo al oeste, al extremo del altiplano donde hay unas excelentes vistas del embalse del Conde de Guadalhorce, del enorme aparcamiento preparado para la visita al Caminito del Rey, de Ardales y de la sierra de Alcaparaín.
Bajamos luego siguiendo al oeste la bien marcada senda, por el pinar, hasta alcanzar las primeras rocas donde la senda se desvía al sur para iniciar la famosa senda de los Pasos Perdidos que en la parte alta está bien señalada, mas conforme se desciende se difumina en multitud de senditas. Hay que seguir los hitos de piedra en lo posible. Esta senda siempre impresiona por las talladuras hechas en la arenisca para facilitar el tránsito y por el vertical descenso.
Casi al terminar la senda de los Pasos Perdidos paramos al Ángelus en una vaguadilla, al sol, protegidos del viento. Desde allí Jerónimo explicó lo que quedaba de caminata. Primero descender al arroyo del Granado, acercarnos al noroeste del cerro de la Encantada y subir a él por la cara norte por una senda que había descubierto. Se le dijo que era un recorrido muy largo, al menos para las fuerzas de algunos, pero hacia él fuimos con la idea de llegar hasta donde pudiéramos.
Bajamos por la sendita paralela a la carretera que, con un casi continuo sube y baja para atravesar las cañaditas, nos dejó en el cauce del arroyo Granado con un buen chorro de agua. Cruzamos el cauce y también la carreterita a la Encantada para ir hacia la punta noroeste del cerro, ascendiendo. Como no conocíamos la senda, algunos creímos que desde allí comenzaría el ascenso fuerte al embalse superior de la Encantada. No fue así. La senda descendía mucho, con algún paso complicado por la humedad en las rocas, hasta casi tocar de nuevo el arroyo del Granado y entonces comenzaba a subir, con una pendiente homogénea y llevadera, por la cara norte del cerro. Esta parte de la senda es sorprendente porque debió haber camino carretero a juzgar por su anchura y por los cortes en la roca hacia el sur y los jorfes de sujeción del camino hacia el norte. Preciosa senda, toda por la umbría, con unas vistas muy bonitas a la ermita y caserío de Villaverde primero, al cerro del Almorchón después y al final del desfiladero de los Gaitanes más adelante. Excelente descubrimiento de Jerónimo, quien, hacia la mediación de la subida, nos llevó a un mirador magnífico sobre el final del desfiladero de los Gaitanes, un trozo del Caminito del Rey y el embalse inferior de La Encantada.
Eran cerca de las dos. Nos quedaban como 45 minutos hasta el embalse superior de la Encantada y desde allí un largo trecho a los coches. Reconsideramos la situación y decidimos volver sobre nuestros pasos. En el descenso se aprecia claramente que la senda ancha y bien trazada se desvía al arroyo del Granado mientras la nuestra, la senda Geológica, se mete por unos andurriales por los que nunca se hubiera trazado una senda tradicional.
En un carasol, protegidos del viento, encontramos el perfecto restaurante con vistas al Almorchón y a la Encantada. Estupendo restaurante y estupendo almuerzo con innumerables cosas. Recuerdo langostinos, chacina de chorizos, morcillas, longaniza y jamón, sobrasada y paté, ambos con sus galletillas para untar, tomates, ensaladas de aguacate, de lechuga y de rúcula, coliflor, muchas tortillas, ñoquis, solomillo con ajitos, albóndigas, filetillos tiernos… etc. Para beber, primero cervecitas frescas y 5 botellitas de Mencía, Garnacha, Monastrell y Tempranillo. Quesos variados y una tarta de queso y guayaba acompañada de tés y orujos.
Quedaba regresar por donde habíamos venido hasta el puertecillo donde comienza la senda de los Pasos Perdidos y de allí bajar a la carretera. De nuevo el grupo se dividió: unos eligieron seguir la senda paralela a la carretera que, con un continuo sube y baja, termina en el túnel; otros tomaron la carretera y los dos grupos remontamos el carrilillo hasta el aparcamiento encima de los túneles.






















































































