Participantes: 4 | Paco Ruiz, Germán, Paco Z. y Jerónimo |
Distancia recorrida: | 22,5 kilómetros |
Desnivel de subida acumulado: | 1.270 metros |
Altura mínima: 2.480 m – Albergues / Hoya de la Mora | Altura máxima: Sobre los 3.165 m – Refugio Elorrieta |
Tipo de recorrido: | Lineal de ida y vuelta |
Tipo de camino: | Carriles, veredas y tramos campo a través
|
[…] en soledad confusa
perdidos unos, otros
inspirados.
¡Oh tú, que, de venablos
impedido
muros de abeto, almenas de
diamante
bates los montes, que, de
nieve armados,
gigantes de cristal los teme el cielo; […]
Luis de Góngora: “Soledades”
Donde habita el silencio
Abrupta la partida
rompe el yugo de la civilizada pendiente, allí donde la Hoya de la Mora
congrega el bullicio humano, las cuerdas que toca el fuerte viento y el vano susurro
de los telesillas. Nos desviamos preñados de silencio, buscando la pureza mineral
de la altura. Al dar la espalda al Collado de la Laguna, el carril declina
herido hacia el Valle del Dílar; al fondo, los telescopios, mudos centinelas de
lo infinito, recortan sus blancas cúpulas contra el azul, como astros
artificiales fijos en la roca. Bajo nuestros pasos, la flora, humilde y única, opone su
resistencia al desierto de esquistos.
Avanza lento el
caminar hacia el origen de las aguas. Pasamos primero por la Laguna de las
Yeguas, espejo de cristal herido por el hombre, y algo más arriba, donde el
silencio duplica su imperio, por los Lagunillos de la Virgen, cuyas cuencas
recogen el llanto deshecho de las cumbres. Allí se emprende la verdadera
ascensión, acometiendo la vereda que por su cara norte recorre los quebrados
Tajos de la Virgen. Una cruz recuerda la tragedia. La montaña es así: da vida pero también, a veces, la quita.
El terreno es mudanza viva dentro de su aparente eternidad: vamos
sorteando rocas que, de un año a otro, por el empuje del hielo invernal,
cambian la traza del camino, obligando a redescubrir el laberinto de piedra. Es agosto, pero el estío parece olvidado cuando un buen nevero de vieja y dura traza nos sale al paso, interrupción helada que franqueamos con cuidado, midiendo cada paso con pisada firme.
Ganada la altura,
las vistas se abren, dilatando los ojos ante la inmensidad del paisaje,
interrumpido por el restaurado Refugio Elorrieta, nido de piedra que la mano
humana levantó en la cresta, pero cuya presencia no turba la soledad, sino que
acentúa la intemperie. Lo dejamos atrás en la bajada, con la vista puesta en
las aguas verdosas de la Laguna de Lanjarón, dormida bajo la sombra protectora
del Cerro del Cartujo.
Antes que el
camino baje mucho más, abandonamos la senda, buscando la loma que desciende
hacia el Tajo de los Machos. El avance se torna rudo, sorteando canchales de
enormes bloques de piedra que, encajados por años y años de nieves, apenas se
mueven, lápidas de un templo gigante. Son esas rocas nuestro suelo, firme
y descarnado, de formas y colores caprichosos, heridas de óxido, líquenes y
heladas, rocas que configuran el valle bajo tajos que son la cuna donde da sus
primeros pasos el río Toril.
Por estas lomas
desiertas, apartadas de las rutas más frecuentadas donde el turismo profana la
altura, se vive al fin la soledad y majestuosidad de Sierra Nevada. Es la
montaña pura, la que no conoce el cable ni el asfalto. Llegando al Tajo de los
Machos, se corona la plenitud del aislamiento. No hay aquí bar que sacie el
hambre y la sed, ni refugio que mitigue el viento, ni siquiera la fría
geometría de un vértice geodésico; solo nuestras mochilas y la inmensidad
desnuda.
Hacemos la foto de
grupo en su cima: solos, nosotros y la piedra... o piedras, que de esas no
faltan en la andadura por este vacío mineral. Desde esta atalaya, las vistas se
vuelven hacia el Veleta y el Mulhacén, cerrando el círculo de una jornada donde
el alma halla su templanza en la más desnuda soledad.

Carril que baja desde el Collado de la Laguna e inicio del Valle del Dílar, con los telescopios al fondo
Cirsium acaulum subsp. gregarium - Cardo de borreguil
Pasando por la Laguna de las Yeguas
y algo más arriba
por los Lagunillos de la Virgen
Emprendiendo la subida
por la vereda que por su cara norte recorre las laderas del los Tajos de la Virgen o del Nevero
cortada aún a inicios de agosto
por un buen nevero que sorteamos con cuidado
Sorteando rocas que de un año a otro hacen cambiar la traza del camino
Las vistas se van abriendo al sur y el oeste, al valle del Lanjarón y a la Cuerda Alta
Llegando al restaurado Refugio Elorrieta
que dejamos atrás en bajada
descendiendo algo por la margen izquierda del Valle del río Lanjarón, con su laguna en la parte más alta, bajo el Cerro del Cartujo
Antes que el camino baje mucho más
hacemos un quiebro
y nos vamos hacia la izquierda, hacia la loma que baja hacia el Tajo de los Machos
sorteando algún canchal de enormes bloques de piedra
que, encajados por años y años de nieves y movimientos, apenas se mueven
Nos queda aún bastante cresteo
de sube y baja
o por zonas más o menos llanas
pero donde las piedras son siempre nuestro suelo
piedras que en algunos lugares
adquieren formas y colores caprichosos
Valle bajo las Tajos de la Virgen, inicios del río Toril
Por estas lomas
apartadas de las rutas más frecuentadas
se vive la soledad y majestuosidad de Sierra Nevada
Llegando al Tajo de los Machos
Foto de grupo en su cima, por suerte, sin refugio, sin bar, sin gente, sin vértice
solos, nosotros
y la piedra
o piedras, que de esas no faltan
Vistas hacia el Veleta y los Tajos de la Virgen
Los tresmiles más altos desde una curiosa piedra
Valle del Lanjarón y Tajos Altos
En el regreso
volvemos a tomar la cuerda
pasando por todos los pedregales
y tachuelas
que vamos encontrando por el camino
Eryngium glaciale - Cardo azul de Sª Nevada
Sideritis glacialis - Zahareña fina
Por si no teníamos bastantes piedras
nos encaramamos también a este espolón de roca
Panorámica hacia el norte
El Refugio de Elorrieta
cada vez se acerca más
aunque moverse no se ha movido, pero sí remozado
Sin apenas descanso
iniciamos ya la bajada con cielos más limpios y alguna nube tormentosa a lo lejos que quedó en nada
En la vereda, ese nevero aún congelado y duro pone a prueba nuestro sentido del equilibrio y la prudencia
Neveros, grandes piedras, un senderillo trazado en la ladera y el Veleta de fondo
Senecio pyrenaicus subsp. granatensis - Azuzón
Caótico tetris mineral
Uno de los Lagunillos de la Virgen aún cubierto en parte por un gran nevero
Borreguiles por los Lagunillos de la Virgen
Mapa de la ruta