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miércoles, 14 de enero de 2026

17 de enero: Sierra de Benalmádena

Participantes: 17
Pili, Paco Ponferrada, Jesús R., Pilar, Joaquín, Paco R., Mª José, Jesús C., Manuel D., Tere, Jerónimo, Lola, Germán, Ricardo, Carlos, Nori y Luis

Distancia recorrida:
 16,2 kilómetros
Desnivel de subida acumulado:
930 metros
Altura mínima: (250 m – Benalmádena Pueblo)
Altura máxima: (755 m – Senda Cazadores bajo Tajo de la Sabia)
Tipo de recorrido:
Dos tramos circulares y otros dos lineales de ida y vuelta
Tipo de camino:
Veredas

Desayuno disperso: Habíamos quedado en Churros & You de Benalmádena, pero Pili y Paco que llegaron primero la encontraron cerrada y sin cafeterías en los alrededores. Avisaron a los que aún no habíamos llegado y en un par de gasolineras que nos cogieron cerca desayunamos. Cada coche por su lado llegamos a la vez al aparcamiento de la calle Luis Cernuda donde nos reunimos para principiar la caminata.

La calle Luis Cernuda tiene un buen repecho, corto, aunque suficiente para ir entrando en calor. Del parquecito al final de la calle entramos en la Gran Senda de Málaga cruzando la autovía por el túnel. A la salida del túnel nos dieron la bienvenida un montón de matas de meado de zorra (Narcissus papyraceus) en plena floración. Jerónimo quería ver si las matas de coronilla de fraile (Globularia alypum) que hay en el sendero de la Sabia estaban en flor, por eso dejamos la senda del arroyo Cañitas para buscar la loma del Salto del Lobo.

La mañana estaba despejada, sin viento, y al poco de pelear con la pendiente de la loma, con el sol dándonos en la espalda, hubimos de parar a quitarnos alguna ropa. La senda sube directamente al tajo del Salto del Lobo, aunque después lo evita por el oeste antes de llegar al puerto Lázaro Jiménez. Y del puerto entramos en la zona de la Umbría, por la ladera este de la loma de las Espartinas, atravesando el tupido pinar, con vistas a la hoya de Arroyo Hondo, al enorme tajo del Quejigal y a los cerros Guerrero y Calamorro.

Bajo los tajos de la Sabia nuestra senda se une a la de Cazadores. La tomamos al este, descendiendo por debajo de los tajos de la Sabia. Esta parte de la senda de Cazadores está muy destrozada por las aguas de lluvia y por los ciclistas. Bien haría el ayuntamiento de Benalmádena en repararla y procurar salida a las aguas para evitar los enormes escalones pedregosos que ahora dificultan el paso.

Dejamos a la derecha el desvío a la senda del Quejigal y atacamos la arenosa subidilla para situarnos casi a la altura de los cerros de la Cruz y del Madroño, ambos al norte, dejando entre ellos el puertecillo de la Cruz desde el que se tiene una muy buena panorámica de la enorme cantera de Alhaurín. Pretendíamos haber llegado a cerro Guerrero para hacer el Ángelus en su cima, mas la sendita desde Cazadores a la cima estaba cubierta de maleza y no quisimos aventurarnos en su búsqueda. Con esta sendita se ha perdido la preciosa panorámica desde la cima a toda la hoya de Arroyo Hondo, a Benalmádena y al mar.

Al llegar a Puerto Viejo, en un carasol, paramos al Ángelus. Lo hicimos con tranquilidad, con el vinillo pajarete que trajo Ricardo. Discutimos por dónde continuar y se decidió ir a Puerto de las Ovejas para tomar la senda del Calamorro que va bordeando el cerro Calamorro por su vertiente este.

En el llanillo de la ermita del Calamorrillo, debajo de la cueva del Toro y de los tajos del Calamorro, hicimos un alto para visitar la ermita y, sobre todo, para charlar un ratito con tranquilidad aprovechando ese delicioso solcito de enero. La senda cruza la loma de Benalmádena y a poco llega a la conjunción con la de Leñadores. Nueva decisión: bajar por la de Leñadores a Arroyo Hondo o subir por ella a Puerto Viejo. La segunda alternativa era más larga, y como íbamos bien de tiempo fue la que tomamos.

La senda de Leñadores recorre la falda oeste del Calamorro con vistas al arroyo de Puerto Viejo, a las antiguas canteras y al cerro Guerrero, por un pinarcillo ralo, agradable en enero pero a evitar en los meses más calurosos. Al llegar a Puerto Viejo, en un llanillo con fuente seca y algún banco, entre sol y sombra de unos hermosos pinos resineros, paramos al almuerzo.

Cuando nos juntamos grupos tan numerosos es imposible enumerar la multitud de manjares que salen de las mochilas. Además, en un rolde tan grande, las fiambreras no siempre llegan a todo el mundo. Tuvimos un montón de aperitivos, con chacina, langostinos y verduras varias, pisto, tortilla, ensaladillas, carnes, etc., todo regado primero con cava para brindar por el nuevo año, luego con frescas cervecitas que hoy apetecían, después con varios tintos y terminamos con la tarta de Jerónimo, los tés y el orujo de Manolo.

Desde Puerto Viejo lo que nos quedaba era descender, primero por la senda de Cazadores antes recorrida hacia el este y ahora al oeste, hasta el comienzo de la senda del Quejigal por la que cruzamos el Cañadón para situarnos bajo los enormes tajos del Quejigal, imponentes desde esta perspectiva. Pasamos por el regajo del Quejigal, con su chorrito de agua, para poco más adelante tener a nuestros pies la conjunción del regajo del Quejigal y el arroyo de Puerto Viejo dando principio a Arroyo Hondo.

Por la senda de la Realenga, al oeste, importunados por el ruido de la autovía, llegamos al arroyo Cañitas y a la calle Luis Cernuda donde teníamos los coches.

Un día precioso en el que disfrutamos del sol de enero, de la tierra mullida por las últimas lluvias, de los bosques de pinos y de alguna florecilla, pocas aún, en este principio del invierno.

 
Narcissus papyraceus - Narciso meado de zorra
 
Primeros rayos de sol 

 
y un repecho que sí calienta cuerpos
 
y da también para calentar lenguas 

en animada charla 
 
 
Llegando al puerto Lázaro Jiménez
 
 
desde donde tenemos una vista privilegiada al Tajo del Quejigal
 
 
Por el pinar de la Umbría
 
 
deseando volver al sol en esta fría mañana
 
 
Algún arbolillo caído que hay que sortear por la Senda de Cazadores
 
 
El camino da para disfrutar de las vistas al mar
 
 
y para momentos de relajada alegría
 
 
Un repechillo arenoso
 
 
que nos acerca al Cerro de la Cruz
 
 
Asoma el Calamorro
 
 
y después de rodearlo por su cara norte, nos plantamos en el Pto. de las Ovejas
 
 
Por el sendero arenoso que va rodeando el Calamorro
 
 
vamos bajando
 
 
con vistas nuevas
 
 
a un viejo Mediterráneo y a montañas más allá de los límites provinciales
 
 
Torremolinos queda allá abajo
 
 
y por La Ermita,
 
 
la Cueva del Toro allá arriba
 
 
Una parada para contemplar Fuengirola a lo lejos
 
 
La Senda de Leñadores
 
 
nos sube, con un poco de esfuerzo y algo más de calor
 
 
a un enorme pino en las inmediaciones del Pto. Viejo
 
 
donde ponemos restaurante y vinos
 
 
Tras la comida, emprendemos de nuevo la marcha
 
 
dejando atrás el Calamorro
 
 
Lobularia maritima - y ese olor a miel que desconocía que tuviera-
 
 
Por la senda del Quejigal
 
 
donde aparecen las primeras orquídeas en flor de la temporada - Ophrys fusca-
 
 
Poco a poco nos vamos acercando al fondo de la cañada por donde corre y suena un buen chorro de agua
 
 
La belleza punzante de la omnipresente aulaga
 
 
Un poco de romero para los bienaventurados caminantes
 
 
¿Sería cantera o será pedrera?
 
Mapa de la ruta

jueves, 1 de mayo de 2025

3 de mayo: Benalmádena - Minas Trinidad - Castillejos

Participantes: 10

Pili, Paco Ponferrada, Jesús R., Germán, Manolo, Ricardo, Lily, Alicia hija de Lily, Paco Zambrana y Jesús C.

Distancia recorrida:
 13 kilómetros
Desnivel de subida acumulado:
950 metros
Altura mínima: (260 m – Benalmádena)
Altura máxima: (972 m – Cerro Castillejos)
Tipo de recorrido:
Circular 
Tipo de camino:
Veredas y algún pequeño tramo de carril.

Desayuno en Benalmádena en Churros & you. Buenos churros y buenos pitufos. A 4€

Bienvenida de nuevo Alicia. Ya nos conoces para cuando estés por Torre del Mar.

Partimos del aparcamiento en la zona baja de la calle Luis Cernuda, donde habíamos dejado los coches para ir al desayuno, y comenzamos con la empinada calle hasta el jardincillo superior. Atravesamos la autovía por el arroyo Cañitas o Siete Pinos para dejarlo enseguida, a la izquierda, siguiendo la senda de la Realenga que nos pasó al arroyo Cazalla. Por este arroyo caminamos un trecho hasta que también lo abandonamos para subir al lomo de la izquierda por el que anduvimos un buen trecho, ascendiendo, a la sombra del pinar, entre multitud de escapos de ajo rosa.

La senda termina en un carrilillo sin uso que nos bajó por el arroyo del Tío Regui, entre albarradas de antiguos bancales, a la vera de la autovía donde tomamos el carril a la mina de la Trinidad. Llevamos el cerro de Olmedo a la izquierda separando Benalmádena de Fuengirola. Teníamos un día de sol, de calor, y sudamos en ese carril sin sombra alguna.

Al llegar a la escombrera de la mina termina el carril. Comenzamos a ascender por la escombrera hasta que nos dimos cuenta que a la derecha había una senda que en un par de zigzags llegaba a la puerta de la mina mucho más cómodamente que por la empinada y resbaladiza escombrera. Hicimos un entrar y salir a la boca de la mina y luego descansamos un poco a la sombra de los pinos hasta que se nos pasó el sudor.

Encaramos con ánimo la Loma Grande, pero con el sol y el calor hubimos de parar un par de veces para calmar el resuello hasta alcanzar la Gorreta y Puerto Zalustrera don paramos al Ángelus. Ya con las antenas del cerro del Moro a la vista atacamos la última cuesta y luego llaneamos entre el encinar hasta la carretera de acceso a las antenas. Nueva reagrupación y todo el mundo al Castillejo.

Las vistas desde el Castillejo, extraordinarias, como siempre, hacia los cuatro puntos cardinales. Se levantó un vientecillo fresco que agradecimos y con él llegamos a las Hoyas del Moro a tomar la senda de Cazadores. Se hacía la hora del almuerzo. En el descenso por Cazadores fuimos buscando un llanito sombreado, adecuado para comer, pero no encontramos nada. Los pocos llanillos que vimos estaban llenos de maleza.

Al dejar la senda de Cazadores y tomar la del Quejigal encontramos el restaurante apropiado en el lecho del Regajo del Quejigal, a la sombra de los pinos. Formamos un rolde y comenzaron los aperitivos de chacina, langostinos, remojón granadino y aguacate. Vinieron después las habitas, la tortilla y los garbanzos con espinacas. Como platos fuertes albóndigas con tomate, filetillos tiernos y solomillo con ajitos. Terminamos con los quesos. Para beber unas cervecitas frescas que después de la solanera nos supieron a gloria, y tres botellitas de tinto. Ya hay que empezar a llevar el vino fresco. Con los tés y orujos echamos de menos el dulce, pero nadie llevaba nada.

Retomado el camino pasamos por debajo de los tajos del Quejigal, llegamos a la pequeña área de descanso señalada con un ciprés. El área tiene una fuente seca y un panel sin información alguna.

El Regajo del Quejigal llevaba su chorrillo de agua. Continuamos por la senda del Quejigal, descendiendo, con arroyo Hondo y la loma de Benalmádena a la izquierda, y el ruido de la autovía in crescendo según nos acercábamos a ella. En el cruce con la senda de la Realenga la tomamos al oeste y sin más llegamos al arroyo Cañitas, al jardincillo del principio y a los coches.

Día soleado, caluroso al principio y luego agradable gracias al vientecillo fresco.


Entre pinos

Vista a la costa

y a la estupa de Benalmádena


por el carril de subida a las minas de la Trinidad

La entrada a la mina

y un poco de su interior

Subiendo por la Loma Grande

con vistas a Fuengirola

En el vértice del Castillejos

con el Cerro del Moro y sus antenas a tiro de piedra

Por la senda de Cazadores

con multitud de florecillas a ambos lados

donde brotan gladiolos

y también vinos

La hora de la comida

Pilarillo seco en el Regajo del Quejigal

Mapa de la ruta