Te uniste al grupo de la Vinoteca un otoño, después de que el tramo que hiciste del Camino de Santiago aquel verano, despertase tu afición por caminar.
Quizá al principio te costó
adaptarte a las costumbres y usos de la Vinoteca. Si fue así no lo dejaste
traslucir porque cada sábado salías contenta con el grupo a la ruta propuesta.
Le diste vivacidad al grupo con tu inquietud, con tu movimiento, siempre
aceptando las rutas sin protestar, aunque resultasen duras. Animaste nuestras
comidas con esos tremendos, exquisitos flanes, acompañados a veces de melocotones
en almíbar, tan grandes, ¿dónde los encontrabas? Tus flanes eran épicos y han
quedado en la memoria del grupo. También tu magnanimidad y apertura al
ofrecernos tu casa para las celebraciones del grupo; ¡qué bien lo hemos pasado
en tu campo!
Por medio del grupo, en el viaje
a Mallorca, tuviste la suerte de encontrar a Manu. Al poco tiempo ya teníamos
un miembro más en la Vinoteca, Manu, tranquilo, sosegado, bonachón, que
contrastaba con tu carácter bullicioso, nervioso, diligente. Os complementabais
bien.
Durante muchos años hemos
disfrutado de vuestra compañía, en el esfuerzo de las cuestas, en la
tranquilidad de los llanos, en el riesgo de pasos difíciles, en la alegría de
las comidas, en la convivencia de los viajes… Ahora nos dejas, Luci, y contigo
te llevas también a Manu. No cabe duda de que dejáis un hueco en la Vinoteca y
en los corazones de cada uno de sus componentes. Os echaremos mucho de menos,
os recordaremos y os añoraremos.
P.D. : Manu, no hace falta decir que si algún día añoras la luz del sur, nuestros brazos seguirán abiertos.
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