miércoles, 9 de septiembre de 2020

12 de septiembre: Sª de las Nieves: Barrera-Pto Hornillos-Cañada de la Perra.

Participantes: 12

Paco P., Jesús R., Lucía, Luis,  Nori, Ricardo, Lola V.,  Luci, Manu, Paco Z., Jesús C. y Jerónimo

Distancia recorrida:

17  kilómetros

Desnivel de subida acumulado:

1.030 metros

Altura mínima: (1.015m – Barrera P.N.)

Altura máxima: (1.730 m – Proximidades del Peñón de Enamorados)

Tipo de recorrido:

Circular

Tipo de camino:

Veredas, carril y campo a través.

     

Desayuno en el bar Quini de Yunquera con los mejores molletes que conocemos. Mollete con aceite o zurrapa y café, 2,5€. Y la amabilidad de Mari Carmen. 

Partimos de la barrera de acceso al Parque hacia el puerto del Saucillo. En la primera curva de la cuesta al Saucillo, tomamos un carril, a la derecha, conocido de algunos pero novedoso para otros.

El carril da la vuelta al cerro que antecede al puerto del Saucillo, por un tupido pinar de pino resinero que, poco a poco, conforme progresamos y entramos en el valle de la Cañada del Saucillo, se va entremezclando con pinsapo. El carrilillo se torna en senda por el llano del Alcornicalejo donde ya predomina el pinsapo. Además, todos los arbolillos jóvenes son pinsapos, indicando que ese pinar será un futuro pinsapar.

La mañana estaba fresquita, con un ligero viento, ideal para caminar por ese espeso bosque de pinsapos, con alguno memorable, como el de Candelabro que está junto a la senda.

Tomamos la subida hacia Bellina. Era de las primeras excursiones de la nueva temporada llevando la comida. Las mochilas pesaban lo suyo y se notaba la falta de costumbre de caminar con ese peso suplementario.

En el puerto de Bellina nos recibieron los conocidos cedros. Hoy estaban mucho más bonitos los pinsapos con sus enhiestas piñas en las ramas alteras que los cedros con las suyas por desarrollar.

Bajamos a cruzar el arroyo del Hornillo para remontar por la ladera izquierda del arroyo al puerto de las Camaretas. Esta subida es especialmente bonita aunque muy poco transitada. Desde ella tenemos la perspectiva hacia el norte del Parque, con el blanco caserío del Burgo, a la derecha el llamativo tajo de la Alberca con sus cuevecillas y a la izquierda los primeros tajos del cerro del Chaparral.

De la Camaretas nos internamos en el pinsapar de Cubero, quizá el más tupido de toda la sierra de las Nieves, que cubre la ladera norte del cerro del Chaparral. En un par de ocasiones dejamos la protección de los pinsapos; se agradecía la caricia del sol en esos cortitos trechos.

En la fuente del Hornillo paramos al Ángelus, no por el agua, pues la fuente echaba un chorrillo inaprovechable, sino por ese entorno tan bonito, de pinsapos, tajos, cuevas y pedruscos. Después del ratito de descanso arrancamos con ímpetu la cuesta al puerto del Hornillo por el pinsapar de ejemplares viejos, cada vez más escasos, hasta coronar el deforestado puerto.

El puerto nos recibió con un vendaval de cuidado. Pensábamos parar y reagruparnos allí, pero era imposible. El viento nos arrastraba. Así que continuamos luchando contra el viento más que contra la cuesta hacia el cerro Alto de Yunquera. Al pie del cerro la senda se divide; la de la derecha va hacia el puerto del Canalizo rodeando el Alto de Yunquera por el norte. Nosotros tomamos a la izquierda para rodear el cerro por el sur.

El cerro nos protegió parcialmente del viento, justo para que dedicáramos la atención a seguir la sendilla que en esta zona se pierde. Hay que subir para ir a unos 20-30 m por debajo de las cumbres, y en esa zona la senda reaparece nítida.

En el llano de la Gotera, al pie de Enamorados, nos reagrupamos. Allí supimos de los pinchazos de Lucía a quien el viento había tirado encima de un piorno. Subimos a la cresta, a encontrar la senda Saucillo-Enamorados, aunque pronto la dejamos para internarnos por el piornal salpicado de esos característicos quejigos de enorme tronco y copa escasa, buscando el inicio de la cañada de la Perra. En el inicio de la cañada, en una hondonada que albergó un antiguo corral, bajo la sombra de un buen quejigo, paramos a almorzar.

Con las adecuadas precauciones, desinfección de manos, cubiertos para servir en cada fiambrera, iniciamos el acostumbrado ágape de mediodía, con ensalada, tortillas, berenjenas a la japonesa, coliflor, caballa, lomo en adobo y lomo con ajillos. Después los múltiples quesos y para finalizar la tarta de Jerónimo, esta vez de queso, moras, arándanos y chumbos, riquísima, con un par de termos con té. Nos faltó el orujo de Manolo. Cervezas heladas, aunque no apetecían mucho, y vino fresquito, a temperatura de bodega: un rosado de Somontano, y tintos de Jumilla, de Cariñena y de Rioja. El vino fresquito es una delicia.

Decidimos bajar por la cañada de la Perra. Jerónimo nos guió por una sendilla poco marcada, entre magníficos quejigos de tronco y copa proporcionada. Una delicia de bajada. Y continuos abrazos a los troncazos para extraer un poco de su energía.

Subimos a los Lajares, por encima de los tajos de la Caína, con magníficas vistas a la cañada de la Carnicería con la loma de la Cortina, Fatalandar, cerro Coronas, etc. De la Caína regresamos por la era de los Gamones y hoyo de las Colmenas al puerto del Caucón, y por la pista a los coches.


Mapa de la ruta

Por el carrilillo que esquiva la subida del carril al Pto. del Saucillo

El fuste del Pinsapo Candelabro

Llegada al Pto. de Bellina

Piñas en los cedros, ¿serán cedriñas? San Google... cédrides

Pinsapares donde se unen las cañadas de Bellina y de los Hornillos

El pinsapo de marco

Un rincón muy especial: entre el Cerro Camaretas y el Tajo de las Albercas

Subiendo al Pto. de las Camaretas

donde el pinsapar se va extendiendo cada vez más

Entrando al pinsapar de Cubero

Un enorme pinsapo. De fondo el Peñón de Ronda y los pinares de la Cañada de la Encina

En la Fuente de los Hornillos

Viejos pinsapos custodian la fuente

Tapaculos o escaramujos - Frutos del rosal silvestre

¡Cuántos estíos soportados esperando la llegada del dulce otoño!

Conos en las alturas

Vendaval el el Pto. de los Hornillos

Cañada de Bellina

Enamorados solitario

El amarillo del Bupleurum spinosum

Ave de vapor

En fila

Quejigo y Enamorados

También con el Torrecilla

El verde escaso de los quejigos de montaña

De junio a octubre: solo cinco meses vestidos de verde

Buscando una sombra cálida donde comer

Formas en la caliza

Vinos

Pinsapos y quejigos en la Cañada de la Perra

Altura

Los viejos rockeros nunca mueren

Por las veredillas que deja el escaso ganado

Parte del grupo a la sombra de un añoso quejigo

Algún pincho que otro

Venerables ancianos nos vigilan desde las alturas

Panorámica de los Lajares

Antes campos de cultivo ganados al bosque

Hoy los pinsapos vuelven a casa y por suerte, no por navidad

En el Cerro del Tocón, Tajo de la Caína

Bajando, con las cañadas de las Sierras Canucha y Blanca de fondo

¿Quién no se siente pequeño y quiere acunarse a su sombra y dormir con la nana que canta el viento en sus ramas?

Bajando por el sendero

del Pinsapar de los Lajares

Llegando al Pto. del Caucón

9 de septiembre: Canillas de Aceituno - Peñón Grande

 Participantes: Perpetua, Miguel Ángel, Pili, Paco Ponferrada, Luis, Manuel de Rincón, Luci, Manu, Victoria, Antonio Usieto y Jesús.

Distancia recorrida: 9,5 km

Desnivel acumulado: 620 m


El grupo de los jubilados se va completando. Hoy hemos recibido a Antonio Usieto después de su temporada veraniega en Matalascañas.

Perpetua y Miguel Ángel marchan a Malawi. El objetivo de hoy era ofrecerles una cariñosa despedida. Por eso planeamos una rutita corta cerca de su residencia en Canillas y luego tomar una cervecita con ellos.

Poco más de las 8 partimos del aparcamiento municipal de Canillas por la empinada calle de los Picachos, de sonoro nombre serrano, en dirección al cementerio.

Estas rampas de Canillas mueven el sobrealiento al más pintado y a los jubilados ni que decir tiene. Saludamos al simétrico cementerio, que por muchos años nos espere, prosiguiendo camino arriba. En el siguiente cruce Jesús se despistó y se metió por la pista a la derecha. Una vez vista la equivocación tornamos sobre nuestros pasos, y ya por la pista adecuada tomamos la sendita paralela a la pista y llegamos al collado sobre el Nicar.

Entre la sendita por debajo del Peñón y la pista elegimos esta última para pasar por el mirador de los Tajos Lisos. La mañana estaba muy agradable, sin viento y temperatura suave, ideal para caminar a la sombra del tremendo Peñón Grande, imponente e inaccesible desde nuestra pista.

Echamos un buen rato en el mirador porque la agreste belleza del barranco de los Tajos Lisos, encajonado allá abajo, lo merece. Hoy, además, estaba ornado por unas neblinas matutinas que lo cubrían, lo velaban o lo descubrían a ratos.

La sombra de los pinos nos ha protegido en la ascensión por el carril al norte del Peñón y luego por la sendita de ascenso al mismo. Como teníamos tiempo hemos ido al promontorio del oeste. Allí hemos hecho un Ángelus de poca comida aunque de mucho rato. No había sombra, pero la brisita venía fresca y no se echaba en falta, tanto que alguien ha sugerido a Miguel Ángel y Perpetua que podían dar una carrerita a su casa, traer las cervezas y hacer el aperitivo allí.

Con mucha parsimonia hemos cargado las mochilas y partido hacia el este. Teníamos tiempo y la subida estaba hecha. Y eso el personal lo nota. Se camina despacio, se prodigan las conversaciones, se para con frecuencia… en fin se disfruta plenamente de la caminata.

Perpetua y Miguel Ángel se adelantaron a buen paso. Querían poner unas cervezas en el congelador y Miguel Ángel atender a sus clases telemáticas.

La senda de descenso, hacia la mediación, está abarrancada y al llegar a la Fuente de la Rábita se difumina en varias senditas. La fuente echaba su buen chorro de agua. El rumor del agua, la sombra de los enormes pinos resineros, el fresquito que nos acompañaba, invitaban a tomar las cosas con calma. Así hemos hecho en los alrededores de la fuente, visitando la cueva, con total tranquilidad, antes de emprender el descenso hacia Canillas.

Bajada lenta, con múltiples paradas. Luis iba delante y al terminar la senda en el carril de los corrales de Canillas, se sentó a esperar al resto de la comitiva. Tanto tardábamos en llegar que se impacientó pensando si habríamos tomado otra ruta. Nada de eso, simplemente bajamos muy despacio.

Por las empinadísimas callejuelas canilleras descendimos a la plaza donde está La Sociedad. La pendiente de esas calles es mayor que la de las sendas de la montaña; un pueblo francamente difícil de caminar.

Perpetua y Miguel Ángel nos obligaron a descalzarnos para visitar su casa. Nos ofrecieron una cervecita helada y nos enseñaron la casa desde la calle a la terraza, incluido un trastero externo. Una casita antigua, muy bien arreglada y acogedora ahora, pero ellos repiten constantemente la trabajera que han tenido allí en los últimos meses.

En la terraza nos acomodamos para disfrutar de un copioso aperitivo con tortillas, carne mechada, paleta, boquerones en vinagre, chorizo, queso, patatas de feria, etc. Cervezas frías en cantidad y una botellita de Toro, regalo de Miguel a través de Victoria.

Al aperitivo acudieron también Conchi y Tarifa, viejos conocidos del Patamalara y Remedios y Alfonso, también conocidos de todos.

Esto de caminar un rato y tomar aperitivo otro rato es una idea que está teniendo éxito. No sé si alguna vez volveremos a proponer excursiones de todo el día.


El Peñón Grande

Barranco de los Tajos Lisos

En el Mirador de los Tajos Lisos

Nubecilla por el barranco

Por la senda del Peñón

Por la cima oeste del Peñón

Canillas a vista de pájaro

Por la cresta

En la senda de la Rábita

miércoles, 2 de septiembre de 2020

2 de septiembre: Maro-Cortijo Almachares-Manantial de Maro

 Participantes: Ana, Pilar, Paco Ponfe, Nori, Luis, Manuel de Rincón, Luci, Manu, Enrique y Jesús

Distancia recorrida: 11,5 km

Desnivel acumulado: 500 m

Desayuno en la gasolinera de Nerja. Pitufos pequeños con aceite y café a casi 3€. Buen servicio, sitio de reunión muy adecuado, pero caro.

Poco a poco van volviendo al redil las ovejas descarriadas durante el verano. Bienvenidos Luci, Manu y Enrique.

Lucía no podía salir este miércoles y tuvo la feliz idea de invitarnos a la cervecita de después de la caminata en su casa. La cuestión era qué ruta hacer cerca de Mezquitilla. Manuel tuvo la inspiración: el arroyo Sanguino. Y se aceptó enseguida porque era una ruta cortita, cerca de Mezquitilla y con sombra. ¡Qué más se podía pedir!¡Justo lo que necesitábamos!

Salimos del puente bajo la autovía, acompañados por los ladridos de los perros de los cortijos al comienzo del arroyo. Se ve que estos perros se ganan el sustento así, molestando a los caminantes.

En la cuevecilla primera del arroyo había unas cortinas y gente durmiendo tras ellas; en la entrada sartenes y otros utensilios de cocina. Tal como está el monte de seco, da escalofríos pensar que allí se enciende hoguera todos los días para guisar. Que Dios nos proteja de los despropósitos humanos.

La senda por el arroyo está muy pisada, muy utilizada, con sendillas laterales para evitar los pedruscos del cauce. Cometimos el error de dejar en cabeza a Ana y Manuel. Pusieron un ritmo fuerte, como si nos faltara mañana. Menos mal que la mañana estaba fresquita e íbamos a la sombra. Aún así los goterones de sudor comenzaron a caer.

Tomamos el barranco lateral. En otro tiempo la senda se tomaba un poco más adelante y pasaba por el cortijo Lechuguino. Ahora, claramente, la única alternativa es el barranco lateral. Manuel comenta que las ruinas del cortijo están ya totalmente tapadas por los pinos y la maleza.

Hubo una paradita ligera a mitad del repecho del lomo y ya salimos a la senda que viene del camping-manantial. Aún no nos había dado el sol. Lo estrenamos en la cuestecilla precedente del cortijo Almachares.

Fotos en el cortijo y parada del Ángelus en la parte de atrás, bajo un hermoso pino al lado de la era. Un sitio estupendo desde donde se disfruta de las maravillosas vistas del mar, de Maro y Nerja, y del verde valle del Sanguino. Enfrente el Tajo de los Bueyes con su vértice geodésico y más abajo los cerros de las Azucenas y de la Fuente del Perro.

Uno de los Ángelus más largos que recuerdo. Parecía que nadie tenía ganas de volver. Y si nos levantamos fue por el señuelo de la cervecita en casa de Lucía.

En la senda al camping-manantial, por la cañada de Maro, han crecido multitud de pinillos carrascos. Por esa tremenda espesura, Manuel que visita con frecuencia la senda, ha visto corzos en varias ocasiones. No es extraño porque tienen mucha protección.

Por las nuevas plantaciones de aguacates bajamos al llano del Manantial. Del manantial antiguo que salía entre pedruscos no queda nada. Se ha hecho una fuente y un aparcamiento enorme. Bueno pues hoy había cola de coches para llenar garrafas en los 4 caños de la fuente: todos ocupados. Han tenido la feliz idea de dejar otro chorro en el mismo cauce del arroyo y ese estaba libre porque había que pisar el agua y las rocas. Debe ser el chorro de los caminantes y en él nos hemos refrescado.

Del paso bajo la autovía a casa de Lucía. Llegados a su urbanización, estábamos consultando sus indicaciones en el WhatsApp, cuando la hemos visto allí, delante de nosotros, haciéndonos señas, ataviada con un delantal blanco que recordaba a los que se ponían las señoras para hacer el mondongo.

Lucía tiene una casa grande, preciosa, con un porche al sur que vale un potosí. En la mesa del porche nos hemos acomodado al fresco. Ha empezado a sacar cosas para el aperitivo y de poco para. Tomates en dos preparaciones, queso, boquerones en vinagre, cecina, ensaladilla rusa, patatas de feria… y cerveza fresca.

Todo riquísimo. Al principio nos parecía una enormidad, pero luego, con la ayuda del pan y de la cerveza, hemos limpiado todo. Éramos nueve y había al menos 6 cascos vacíos de cerveza de litro.

Como personas bien nacidas hemos agradecido a Lucía su hospitalidad, ¡cómo no!, pero también se ha deslizado algún sutil “si algún día vuelves a estar sola, dínoslo y volvemos con gusto”.

Superando un paso estrecho en el Sanguino

Palmito con palmiche

Las chicas del grupo

Tomando el desvío por la cañada

Caracol pasando la canícula

Cortijo Almachares y Cerro Molinero

Parte de los participantes

Cerro del Tajo de los Bueyes

Caminantes en la floresta

Bajo la sombra protectora del pino

El grupo menos la fotógrafa en el Almachares

Vistas desde el Almachares

Tajo de los Bueyes, Almendrón, Molinero, Cielo y...

el blanco Maro

Nerja