jueves, 15 de octubre de 2020

17 de octubre: El Acebuchal - Venta Panaderos

Participantes: 13

Paco P., Jesús C., Caro, Gabriel, Paco R., Nori, Lola V.,  Luis, Ricardo, Ana, Carlos, Paco Z.  y Jerónimo

Distancia recorrida:

20,3 – 22,8  kilómetros

Desnivel de subida acumulado:

730 - 920 metros

Altura mínima: (490 m – Aldea del Acebuchal)

Altura máxima: (1.020 m – Proximidades de la Venta Panaderos)

Tipo de recorrido:

Incalificable

Tipo de camino:

Veredas, carriles y un pequeño tramo de antigua vereda hoy llena de pinchos, intransitable.


Bienvenidos Caro y Gabriel. Revitalizasteis el grupo este de mediana edad y viejos. Cuando queráis volver, muy bien recibidos.

Desayuno en la gasolinera de Nerja. Fali nos dio la alegría de venir a desayunar con nosotros. Así supimos un poco de su vida y de sus cuitas y satisfacciones tras los pájaros. Además nos invitó al desayuno, porque había sido hace tiempo su santo, porque dentro de no sé cuanto iba a ser su cumpleaños… en fin, nos invitó porque quiso. ¡¡¡MUCHAS GRACIAS, FALI!!! Sabes que tu compañía siempre es muy grata.

Y hasta aquí, hasta las 8 de la mañana, fue lo mejor del día. Si nos hubiéramos ido del desayuno a casa directamente hubiéramos recordado un día magnífico. Pero no lo hicimos así. Habíamos previsto ir a Navachica desde el Pinarillo y hacia el Pinarillo salimos toda la troupe de coches.

No llegamos al Pinarillo. En la cueva de Nerja había un buen grupo de coches y ya nos figuramos que la barrera del carril al Pinarillo estaba echada. Así era. Bueno, primer traspiés. A Navachica no podíamos ir. Conciliábulo de grupo para decidir qué ruta hacíamos. Después de unas cuantas propuestas decidimos salir por el sendero de la Cueva de Nerja hacia la Civila y decidir por allí si seguir al Cielo o volver por Colmenarejos.

Nos pertrechamos con botas y mochilas, y cuando íbamos a salir aparece una agente de Medioambiente avisando que esta zona del barranco de la Coladilla y alrededores la iban a fumigar con avioneta contra la procesionaria.

Segunda idea de caminata anulada. ¿Qué hacer? Había que alejarse de aquel lugar. Como sitio cercano pensamos en el Acebuchal. Y caravana de coches hacia el Acebuchal.

Entre unas cosas y otras eran las 9 de la mañana. Unos proponían dar la vuelta al Lucero, otros ir a la base del Lucero y volver por el puerto de los Hornillos, otros ir al collado de los Civiles y al cerro Panizo. Al final, creíamos que con consenso general, decidimos partir a la base del Lucero y allí, según la hora, decidir por dónde regresar.

Por el arroyo del Acebuchal el grupo fue compacto, caminamos todos en grupitos, como es usual, pero todos por el mismo camino porque no había posibilidad de cambio, pero poco antes de llegar al carril de venta Cebollero se puede ir al carril de la venta por una senda al este, por el cauce del arroyo y por una senda al oeste. Bueno, pues no se sabe cómo pero por las tres alternativas fue gente. Las tres se reúnen en un punto y desde allí marchamos unidos… unos 200 metros.

El grueso del grupo subimos hacia el puerto de Páez Blanca, en el puerto nos reagrupamos, para continuar por el carril al cortijo del Mirlo. Al cabo de un ratito nos dimos cuenta que Ricardo no venía. Nada extraño porque se suele retrasar. Esperamos y no aparecía. Ya inquietos por la tardanza Jerónimo decidió ir a buscarlo pensando que le podía haber pasado algo pues el camino no tenía pérdida.

El resto, al cabo de un ratito, regresamos también y en Páez Blanca nos reencontramos con Jerónimo. Ni rastro de Ricardo. Dedujimos que desde Venta Cebollero había ido al Puerto Blanquilla o al cerro Panizo. Por no dejar resquicio alguno a las dudas, Jerónimo, Paco Ponferrada y Carlos volvieron a la Venta Cebollero para subir a Puerto Blanquilla por el barranco y el resto fuimos al Puerto por el carril.

En Puerto Blanquilla nos reencontramos. Nueva toma de decisiones. ¿Qué hacer? Sabiendo que Ricardo estaba bien nos despreocupamos porque él en esta sierra no se pierde. Que hiciera su camino y nosotros el nuestro. Por hacer ejercicio pensamos en subir al collado de los Civiles y al cerro Panizo por el este, comer allí y bajar por el sur, por Arroyo Hondo.

Echamos por el carril hacia Venta Camila y después de pasar el barranco del Mármol comenzamos la dura subida al collado. Anduvimos unos 100 m, la senda se cubrió totalmente de aulagas, romero y algunas zarzas y no había manera de proseguir.

Vueltos al carril cambiamos de idea y fuimos a comer a Venta Panaderos. Llegamos a la venta y estábamos en su frente solazándonos con ese panorama tan agreste tan quebrado, cuando vimos a uno, que nos pareció Ricardo, caminando por el carril. Le gritamos todos a una con su nombre y con Venta Panaderos. Al cabo de un buen rato alguien dijo haberle visto en la senda de ascenso a Venta Panaderos. Nos quedamos tranquilos y con la alegría de tenerlo pronto con nosotros nos sentamos a comer.

Ricardo contó que había entendido que íbamos al collado de los Civiles, fue hacia allí y allí paso la mañana luchando con la maleza, con la enorme pendiente, con los resbalones y con el peligro de caer rodando. Él sabe lo que sufriría en esos andurriales para, con lo perseverante que es, renunciar a llegar a la cresta y darse la vuelta.

Comida con morcilla, jamón y boquerones en vinagre de aperitivo, tres preparaciones de judías verdes, un par de tortillas, carnes de pollo, albóndigas y el acostumbrado lomo con ajos. De bebida varias cervezas frescas y vinos de Rioja, Ribera, Bierzo y Navarra. Quesos con dulce de membrillo, melón y la tarta de Jerónimo, esta vez de plátano, rica, como siempre, tés variados y orujillo blanco. Evidentemente hoy no nos habíamos ganado esta magnífica comida.

Un día aciago, para olvidar, con 5 objetivos cambiantes a lo largo de la mañana: Navachica, Cielo, base del Lucero, cerro Panizo y Venta Panaderos.

Menos mal que el tiempo acompañó con sol, calorcito y sin viento.

Más o menos juntos por el Arroyo del Acebuchal, aún no andábamos perdidos

Pasando por Venta Cebollero, punto de inicio de la pérdida

En el Puerto de Páez Blanca donde aún pensábamos que venía detrás

-Intervalo sin fotos: la búsqueda-

Rumbo a la senda al Panizo

Solo el Lucero sabía por donde andábamos unos y otro

En la no senda por donde no pudimos ver las huellas de Ricardo

Alguna florecilla - Senecio malacitanus

De perdidos a la Venta Panaderos

La imprensionante cresta del Cerro de los Bojes

Llegando a la Venta Panaderos, lugar de comidas hoy desdesmoronadas

Un agreste paisaje antaño transitado por comerciantes, estraperlistas y maquis... y civiles

¿Aquel que no está no parece Ricardo?

Para enmarcar

Las ruinas de Venta Panaderos en la base del Lucero ¿donde queríamos llegar?

Con encanto y añoranza la flecha indica el Sur

Un poco de dulce para un día algo amargo

No te quedes atrás que no me fío

Panorama desde el Collado de los Civiles al Cerro Cisne

El Lucero con Venta Panaderos mimetizada en el paisaje

Cerro Cisne con el Almendrón asomando

En Puerto Blanquilla

De vuelta en un día para olvidar... o no

14 de octubre: El Torcal

Participantes: Luis, Jerónimo, Miguel, Rafa, Manuel de Rincón, Enrique, Victoria, Paco Hernando, Carlos, Antonio Usieto y Jesús.

Distancia recorrida: 7,8 km

Desnivel acumulado: 385 m

 

Bienvenidos Carlos al grupo de los veteranos y Paco Hernando después de tanto tiempo.

A las 8,15 estábamos llegando al aparcamiento de arriba, junto al centro de interpretación del Torcal, en una mañana con vientecillo ligero, fresco, a 11°C. Un ratito de preparación y comenzamos el recorrido yendo hacia el mirador de las Ventanillas. Pasamos por delante del majestuoso centro de interpretación, cerrado a esta hora, aunque luciendo su magnificencia. ¿Realmente es necesaria una inversión tan tremenda para hacer un centro de interpretación en el monte? Hubo una época en la que parece que el dinero no importaba. Se derrochaba, como vemos con este ejemplo.

El sol estaba saliendo cuando entrábamos en el mirador, con su impresionante vista al sur, sobre Villanueva. Subimos después a la repisa de los amonites donde, en un carasol abrigado, había un par de chicas saliendo de sus sacos de dormir. A pesar de ser un sitio tan bonito creo que ninguno envidiamos haber pasado la noche allí.

Bajamos para seguir la ruta amarilla. En el descenso vimos unas cuantas cabras por los riscos, pero en el fondo de la dolina había un rebaño de grandes machos con unas cuernas descomunales. Estaban a lo suyo, alrededor de una hembra amarecida. Permitieron a Jerónimo llegar hasta unos pasos del grupo, mientras los demás observábamos el rebaño desde arriba. Al cabo de un rato, con una facilidad pasmosa, dieron un par de brincos y se plantaron en medio de las rocas alejándose.

Y nosotros también seguimos nuestra ruta, con menos agilidad y gracia que los machos, redescubriendo esas formas de erosión tan maravillosas, de torreones, de estratos, de piedras en equilibrio inestable, de paredones inmensos, de pasadizos entre las rocas, de la hiedra trepando por doquier con su verde claro y las encinas, con su verde oscuro, enmarcando los roquedos blancos. Hemos paseado el Torcal mil veces y siempre es sorprendente, siempre se recorre con la atención prendida constantemente.

Claro, tratando de mirar a todas partes, había que caminar despacio porque la senda tiene el piso bastante desigual con continuas piedras y escalones. Pero no se trataba hoy de hacer muchos kilómetros, sino de disfrutar de esas formaciones únicas, de parar una y otra vez, de comentar las formas, de sacar fotos.

Hacia la mediación de la ruta amarilla la hemos abandonado por una sendita al noroeste, ya recorrida otras veces. Las formaciones no son tan espectaculares como las de las “rutas oficiales”. A cambio la soledad está asegurada, aunque a nadie habíamos encontrado paseando, y caminar por una sendilla poco marcada, sin indicaciones, pone su punto de aventura a la caminata.

Después de algunas dudas hemos llegado al vallecillo que buscábamos que sube de suroeste a noreste. Por él han continuado las dudas de por dónde rodear pedruscos y zarzales. Nos ha obsequiado con unos endrinos cargaditos de fruto en sazón, aprovechados por Victoria y Miguel. El resto esperaremos con paciencia a que traigan el pacharán ya fabricado.

En un carasol hemos hecho un ligero Ángelus prosiguiendo después el ascenso hacia el noreste. Se termina el valle e iniciamos la subida hacia el Camorro de las Siete Mesas, por una ladera llena de cardos secos para deleite de los que llevaban pantalones cortos.

Hoy no hemos subido al camorro, nos hemos quedado a la altura de las repisas que lo rodean por el norte. Caminar por esas repisas, estrechas, embutidas en la roca, con el abismo a la izquierda y la roca sobresaliendo por la derecha empujándote a él, es emocionante. Emoción que se exacerba cuando la repisa se termina y se ha de bajar a la repisa inferior por una grieta, ayudados de pies, manos, brazos y cuerpo. En ese trance uno querría convertirse en pulpo.

La repisa inferior sigue con la misma tónica de estrechuras, pasos agachados, lidiando con el abismo y las sobresalientes rocas. Después la senda toma nombre de tal, poco antes de llegar a la formación de la Seta. ¿Quién es capaz de pasar junto a ella sin hacer una foto? Seguramente nadie. Nosotros hemos hecho muchas.

El tiempo de la cerveza se nos echaba encima y no estaba en nuestro ánimo renunciar a ella. A buen paso hemos recortado por un vallecillo al sur que nos ha llevado a la carretera y al aparcamiento.

En el bar Oasis de Villanueva de la Concepción nos ha atendido el dueño, buen profesional, en una mesa en la terraza protegida por una lona de plástico. Cervezas en jarras grandes y unas pocas pequeñas, suplementadas con dos tintos. Nos ha soltado una retahíla de platos tremenda. No podíamos probarlos todos. Nos hemos conformado con raciones dobles de carrillera, conejo y carne con tomate.

Jerónimo ha tenido el detalle de invitarnos. Llevaba ya un par de semanas queriendo festejar San Jerónimo y siempre se interponía algún cumpleaños o evento. Hoy lo hemos hecho como si fuera el 30 de septiembre.¡Gracias Jerónimo!

De regreso uno no se quita de la cabeza las maravillosas formas disfrutadas en el Torcal. Quizá un geólogo lo explicara así: rocas calizas sedimentarias de distinta dureza… y tiempo, unos cientos de millones de años para modelarlas.

Amanece

Recorriendo la repisa de los amonites a la luz del nuevo día

Observando desde las alturas

el inicio del celo de las monteses

La luz va cambiando y dando forma a las calizas

El camello

En el burladero

Pasillo estrecho

El guardián

Hiedra

Senderillos de ovejas enttre cardos secos

Jardín vertical

Vistas al Camorro Alto

Ángelus al sol

Equilibrio

El mono para unos; la oveja para otros

La esfinge

Subiendo hacia el Torcal Alto

En las repisas superiores

Iniciando el paso por la Cornisa del Diablo

Cambio de repisa bajando por la grieta

Formas de transitar por las alturas

Grupo en la cornisa

Amonites

En la seta

Sima con una gran grieta


lunes, 5 de octubre de 2020

10 de octubre: Guájar-Faragüit - La Guindalera

Participantes: 14

Paco P., Jesús R., PIlar, Paco R., Luis, Nori,  Luci, Manu, Jesús C., Carlos, Lili, Ricardo, Manuel G.  y Jerónimo

Distancia recorrida:

19,2 kilómetros

Desnivel de subida acumulado:

1.200 metros

Altura mínima: (240 m – Río de la Toba)

Altura máxima: (1.074 m – La Guindalera)

Tipo de recorrido:

Circular, con un pequeño tramo de ida y vuelta

Tipo de camino:

Veredas y carriles, así como las calles del pueblo.


Desayuno, unos en casa y otros en el bar la Parada de Guájar aprovechando las mesas de la calle.

Bienvenido, Carlos, después del verano. Esperamos verte con frecuencia.

Poco más de las 9 partimos de Guájar-Faragüit, descendiendo por sus blancas callecitas a la plaza de la iglesia y de allí hacia el río, siguiendo los indicadores del Castillejo. Cruzamos el río, con su buen chorro de agua a pesar de estar en la época más seca, y emprendimos la empinada subida para salir del estrecho valle cavado por el río de la Toba. Esta zona es muy agradable pues la sendita pasa por una fuente y va entre las huertecillas, hoy plantadas de aguacate en su mayoría, por los ribazos y acequias.

Íbamos en dirección al Castillejo, pero pensamos dejar la visita a los restos árabes para la tarde y dedicar la mañana a ascender hacia la Guindalera. Dejamos la sendita al Castillejo para tomar una al oeste que va llaneando o ascendiendo, entre olivos más o menos abandonados, con multitud de tuberías de polietileno para riego, que dudamos se usen en muchas parcelas.

Nuestra senda cruza otra que viene de norte a sur y por ella echamos en dirección sur, ascendiendo entre el pinar de pino carrasco. Aún protegidos por la sombra de los pinos y por la del cerro a nuestra izquierda sudamos de lo lindo en esa cuesta del Quemado que llega al collado de la Viñuela.

En el collado nos reagrupamos para continuar la subida, al oeste esta vez, hacia el cerro del Palinar o Cocón, con la sombra de los pinos al principio y el matorral de coscoja y carrasca después. En el collado de las Cenellas ni paramos, sino que continuamos al cortafuegos del haza del Búho con la idea de que hubiese un poco más de brisa que nos refrescase.

Poca brisa hubo en el cortafuegos, aún así paramos e iniciamos el Ángelus mientras nos agrupábamos y descansábamos. En el haza del Búho uno se hace idea que ya está en lo alto del cerro, pero no, queda aún un buen trecho a la cumbre del Palinar o Cocón.

En el cerro teníamos al sur toda la ladera norte de la Guindalera, llena de verdor, y el enorme valle del barranco Rendate. Y esa vista tuvimos descendiendo a la pista Lentegí-Guájar Alto que tomamos al sur, hacia Lentegí. Pasamos por los viñedos de Calvente, modernos, en espaldera, con riego, y todavía con algunos racimillos en las puntas de los sarmientos, que aprovechamos para refrescarnos.

Dejamos la pista a Lentegí por otra hacia Ítrabo que nos llevó al puerto de la Guindalera. Quedaba la ascensión a la Guindalera por el empinado carril en la linde de los términos municipales. A la izquierda del carril empiezan a aparecer viñas antiguas de moscatel. Suavizamos la subida ascendiendo por ellas y vendimiando, de paso, los racimos que habían quedado. Cuando nos reunimos en el vértice de la Guindalera había quien había cogido más de un par de kilos de moscatel.

Bajamos al este, siguiendo el carril a Guájar Fondón, con la idea de parar a almorzar en la fuente más abajo. La fuente echaba un buen chorro de agua fresca, que aprovechamos, pero no había sombra y no vimos sitio apropiado. Más abajo, en un carrilillo secundario, encontramos el restaurante ideal, llano y con sombra.

La comida, variadísima, como siempre, con edamame, ensaladilla rusa y mejillones de aperitivo, tortillas variadas, y carnes con acompañamiento de verduras, salsa de nata, chutney, de pinchitos, etc. Quesos ricos con abundante uva de moscatel que hizo la competencia al melón que algunos traían. Cerveza negra y vinos de Campo de Borja, Calatayud, Rioja y Cataluña. De postre dulce, la consabida tarta de Jerónimo. Esta vez de manzanas del cortijo de la Almijara, riquísima y jugosísima, acompañada de tés y un poquito de orujo.

Dejamos el carril por una sendita a la izquierda que nos cruzó por el colladito de la acequia al valle de Rendate. Bajamos bien hasta un cruce donde perdimos el track que Jesús traía. Unos fueron a la izquierda y otros a la derecha. Los de la derecha llegaron a un punto donde el carril giraba hacia Guájar Fondón y regresaron sobre sus pasos para tomar el de la izquierda. Esta zona es toda de buenos olivares, con multitud de mangueras de riego y carriles por todas partes. En cada cruce dudábamos por donde ir, pero poco a poco nos acercamos a cruzar el barranco Rendate, subimos un poco por el carril al collado de la Viñuela hasta encontrar la senda al Castillejo, no sin dudas, porque el track de Jesús indicaba la sendita más abajo que la actual.

Con tantas dudas y titubeos se hacía tarde y el personal iba cansado. Por eso, pasamos junto al Castillejo pero dejamos la visita para otra ocasión.

En el bar la Parada nos reunimos con Paco Ruiz y Ricardo que hicieron la ruta solos. ¡Con qué gusto cogimos la fresquita cerveza!

Fue un día de celebraciones. En el desayuno nos invitó Paco Ruiz por haber sido San Francisco, y la cerveza de la tarde corrió a cargo de Pili porque el lunes era el Pilar. ¡¡¡FELICIDADES A AMBOS Y MUCHÍSIMAS GRACIAS!!!

Mapa de la ruta

Por las calles de Guájar-Faragüit

Mirabilis jalapa - Sampedro, dondiego

Sendero entre huertas de aguacate

Panorámica del valle del Río de la Toba

Viola arborea

Globularia alypum - Corona de fraile

Por la Cuesta del Quemao

Llegando al Pto. de la Viñuela

Hacia el Cerro del Palinar

Erica multiflora

Paradita en el collado

Por el Haza del Búho

Fuerzas renovadas tras el ángelus

Viñedos

La  niebla entra desde el mar cercano

Llegando al vértice preso de La Guindalera

...

Refresco en la fuente

Niebla bajando por las laderas

Alberca

Guájar-Fraragüit con Sª Nevada al fondo

Vinos

Cruzando el barranco de Rendate

Por la senda de bajada hacia el Castillejo

Dejamos el Castillejo a un lado para ir hacia el pueblo