jueves, 13 de abril de 2023

15 de abril: El Chamizo - Sª de Camarolos

Participantes: 8
Luis, Nori, Miguel Ángel, Jesús, Ricardo, Paco Ruiz, Rafa y Jerónimo.
Distancia recorrida:
9 kilómetros
Desnivel de subida acumulado:
705 metros
Altura mínima: (980 m - Dehesa del Hondonero)
Altura máxima: (1.641 m – Pico Chamizo)
Tipo de recorrido:
Circular
Tipo de camino:
Carril, sendero y campo a través


Bienvenido Miguel Ángel. Hacía décadas que no caminábamos juntos. Cuando quieras te unes a nosotros.
Desayuno en Villanueva del rosario, frente al ambulatorio, en el bar Alba. Buen pan, buen aceite y un par de chicas que nos han atendido con rapidez y profesionalidad. No han fallado ni en un café según los habíamos pedido. A 3€ pitufos y molletes grandes.

Hemos aparcado en el Hondonero, en el carril que va hacia la Cruz de Camarolos.
Jerónimo había estado por Camarolos hacía poco y por no repetir hemos elegido el Chamizo. Hemos tomado la pista hacia el este, subiendo entre los olivares llenos de polvo de la pista y campos de cereal que da pena verlos: tienen más hierba que matas de cereal. Esta sequía va a acabar con todo.
Por encima de la llanura del avistamiento de aves hay varios aparcamientos con bastante gente. No sabemos a qué van porque luego en el monte no se ven.
Este valle que sube desde el Hondonero es muy fresco y soporta una hermosa arboleda. Hoy los robles y los arces estaban echando sus primeras hojuelas, pequeñitas, incipientes, de color verde clarito, junto con los primeros amentos y las primeras sámaras pequeñitas, acabadas de salir. Ese verde clarito contrastaba con el verde oscuro de los pinares haciendo el camino agradabilísimo. Además, hemos encontrado un gran rodal de Anacamptis papilionacea en plena floración, y de buena talla, porque anteriormente habíamos visto Ophrys lutea que no levantaban más de 3 cm del suelo. La dichosa sequía.
Caminando por ese vergel primaveral hemos llegado al comienzo de la cuestecilla junto a la valla. Se acabaron las conversaciones, todos hemos comenzado a resoplar con la dura pendiente, con la atención puesta en los pies para no resbalar por las piedrecillas de la empinada cuesta. Con pasos cortitos hemos ido avanzando, muy poco a poco, aún así, poniendo toda la atención en donde pisábamos, Rafa ha hecho rodar una piedra y ha herido a Nori y a Miguel Ángel. No está mal, dos de una tacada, y eso que la ha hecho rodar sin darse cuenta, si la lanza con un poco de intención se nos lleva por delante a todos los que íbamos más abajo.
Por fin hemos alcanzado las rocas del este y hemos cambiado le resbaloso sendero terrizo por el pedregoso. Hemos subido a un vallecito superior y a la cresta para darnos cuenta allá arriba que habíamos dejado atrás, a la derecha, el valle que lleva hacia el vértice del Chamizo. Estábamos ya en la cresta, así que hemos seguido cresta adelante buscando la cima del Chamizo. En una hora habremos avanzado 200 m de cima. Un horror de pedruscos y tajos a los que había que buscarles la vuelta. Al fin hemos llegado a la ansiada cima a las 12, justo para descansar un rato allá arriba haciendo el Ángelus.
Hacía una mañana fenomenal, sol, buena temperatura y nada de viento. Gracias a la ausencia de viento hemos cresteado, si hubiera soplado en serio como acostumbra en esa cima, hubiéramos tenido que bajar.

El descenso hacia el oeste ha sido relativamente fácil. El mejor que recordamos. Algún alma caritativa ha puesto mojones por toda la cresta llevándonos por las zonas menos malas. Más adelante, por la ladera sur, han seguido los mojones un rato hasta llegar a la última parte de la ladera que se baja zigzagueando con bastante facilidad.
Reagrupados en la parte baja, fuera ya del enorme pedregal, hemos decidido que por hoy ya teníamos bastante piedra, que comeríamos en la gran dolina y bajaríamos después por la fuente del Señorito hacia los coches.
Bajo un hermoso arce nos hemos sentado a descansar y a comer. Una de esas comidas de las que hacen época, aunque, a decir verdad, ha sobrado muy poco de edamame, ensalada, ajetes con gambas, tortilla, musaka y caballa en escabeche. Sí que ha quedado queso y vino. De ambas cosas había mucho, de vino 5 botellas, a casi una por cabeza.
Hemos tenido dos postres dulces. Piononos de Santa Fe que ha traído Ricardo y tarta de chocolate de Jerónimo. Exquisitos dulces.
Todavía nos ha tocado luchar un rato con el pedregal hasta la fuente del Señorito, con su buen chorro de agua. De allí hacia abajo la senda mejora y la pendiente es mucho menor. Y sin más hemos llegado a los coches; bueno con una ligera confusión de sendas, pecata minuta.

Tajo del Hondonero

Jaramagos

Crataegus monogyna - Espino majoleto

Scilla peruviana - Jacinto estrellado

Lirio - Iris...

Vistas hacia la Cruz de Camarolos

Por el Alto del Hondonero

Ophrys lutea - Abejera amarilla

Anacamptis papilionacea - Orquídea mariposa

Paeonia... - Peonía o rosa de monte

Orchis mascula

Relajados antes de la empinada ladera de subida

El Desumbaero

Vallecillo de empinada subida entre El Chamico y Sª Gorda

Una piedrecilla en el collado

Tajo de la Culebra

Viola demetria - Violeta amarilla

Jonopsidium prolongoi

Yo al Norte y tú al Sur

Remontando la cresta

en busca del vértice que no es este

ni este

ni tampoco oeste

Prunus prostrata - Cerecillo rastrero

Desde las alturas

Este parece que sí es

Y toca hacerse foto de grupo

El Chamizo y lo que hay alrededor

El descenso

con vistas a todo Camarolos y otras sierras de la provincia

buscando los pasos menos complicados

para sortear esta entretenida cresta

que poco a poco

cada uno a su estilo

vamos descendiendo

con alguna tachuela

que salvamos con vistas

y sin perder la vista al suelo

en solitario

o más o menos agrupados

Algo de cabra

Tramo final de la bajada del Chamizo

una inclinada y algo pedregosa ladera


Panorámica del Chamizo desde el Pto. de los Perdigones

Ornithogalum umbelatum - Leche de gallina

Erinacea anthyllis - Piorno azul

Por el Navazo de las Palas

una enorme dolina al oeste del Chamizo

Hoy las cuentas vinícolas erraron en exceso

Son de Santa Fe, no de Alhama, pero quizás pasaron por allí

Sesteando

Chamizo y Tajo de los Perdigones

Verticalidad

Por la zona conocida como Los Jardines, dolinas, rocas y árboles se entremezclan en un paisaje similar al Torcal

Bajando por el Canuto Pisebre

Como ovejas buscando la sombra

Las Pilas del Señorito

uno de los pocos rincones verdes en esta primavera marrón

Bajando hacia la Cañada del Saho

Aquí parece que ha llegado algo de primavera

Mapa de la ruta

jueves, 6 de abril de 2023

8 de abril: Sierra Parda de Ojén

Participantes: Paco Zambrana, Paco Ruiz, Germán y Jesús

Distancia recorrida: 21 km

Desnivel acumulado:520 m

 

Desayuno en Ojén, en la carretera, en un bar de nombre vasco. Muy buena atención, con buenas tostadas a un precio razonable, menos de 3€

Comenzamos a caminar en el cruce de los caminos de Siete Revueltas y del Vacal. Desde este lugar, echando la vista al este, lo primero que impresiona es la inmensa sierra Parda de Ojén. El plegamiento de la Alpujata dejó al norte de la cordillera sólo una ladera más bien estrecha hasta encontrar la sierra Blanca de Coín, al otro lado de la Albuqueria, en cambio hacia el sur hay una enorme extensión de sierra llena de valles y crestas, la que nos disponemos a conocer.

Comenzamos descendiendo por el valle del arroyo Jobretín, con un área de huertas aprovechando el agua del arroyo y sin asomo de otras tierras cultivadas fuera de ese pequeño enclave. Conforme descendemos va llegando cada vez con mayor claridad el murmullo de las aguas del Jobretín mientras al frente el cerro Linarejos va tapando el panorama. Cruzamos a la ladera izquierda del arroyo y desde un cerrillo damos vista al valle de Linarejos, un valle amplio, llano, con sus casitas y huertas, rodeado de montañas, surcado por el arroyo Jobretín, un valle idílico, fruto de la falla geológica donde terminan las peridotitas de la Alpujata y comienzan los gneises de Elviría-Las Chapas con su precioso alcornocal. En el centro del valle el Jobretín traza un par de meandros, uno de casi 360º, antes de salir por el este.

Del valle del Jobretín pasamos al de la Majá del Hinojo. Lo novedoso en este valle son los numerosos restos de excavaciones mineras, especialmente en el cerrete a la izquierda sobre el arroyo que trae un buen chorro de agua cantarina.

Un vado facilita el cruce del arroyo, dejando a la izquierda los restos mineros (hay plaquitas de mica en la misma pista) y llevando a la derecha la desembocadura del arroyo Majá del Hinojo, ya cruzado, en el de la Majá de la Parra, al que vamos; este de la Maja de la Parra se une al Jobretín por debajo del valle de Linarejos para formar el río de Ojén.

Cruzadas las aguas del arroyo de la Majá de la Parra ascendemos por la ladera izquierda hasta el collado en la separación de Ojén y Mijas. A nuestros pies el valle del arroyo del Laurel que va al este, hacia el río de las Paradas, sobre él el edificio blanco del centro de drogodependencia de Mijas y más allá, dominando el panorama, el macizo de la sierra de Mijas, y a sus pies las urbanizaciones de Valtocado, Alquería, Mijas la Nueva, etc.

Tomamos el camino del Vacal que va por la parte alta de los valles con excelentes panorámicas sobre ellos. El primero, el de la Majá de la Parra, tiene abajo una casa con su poco terreno de labor y arbolado alimentado con el agua del arroyo, cuya toma está un poco más arriba, claramente visible desde la pista junto a unos peñascales. El arroyo de la Majá de la Parra lo forman dos cañadas, una, la que primero pasamos, baja desde el puerto del Vacal, por donde había senda antigua que comunicaba el valle del Vacal, donde nos encontramos, con el de barranco Blanco, y otra cañada que baja desde el puerto del Caballo, con su buen chorro de agua aprovechable para refrescarnos porque de aquí hacia arriba no hay ninguna actividad humana.

Cruzada la loma de las Parideras entramos en el valle de la Majá del Hinojo. Otra vez tenemos una pequeña huertecilla en el fondo del barranco aprovechando un poco de pobre suelo serpentínico y el agua del arroyo. Al arroyo de la Majá del Hinojo contribuyen tres cañadas. La primera viene del puerto de la Medialuna, mientras la segunda y tercera bajan de puerto Hondo, entre los cerros Castillejos y Alcornoque. En la segunda cañada, con agua, está la llamada Alberca de ICONA, un pequeño depósito de agua surtido por una tubería que viene del arroyo en la que nos refrescamos. Los cursos de agua siempre dan alegría.

Al pasar la loma de los Portezuelos entramos en el valle del Jobretín que baja desde el puerto del Alcornoque, en la parte alta de la cordillera de la Alpujata. También lleva siempre agua, pero al paso por la pista la cubre la maleza, de bardaguera principalmente, y es difícil llegar a ella. Por la loma siguiente, que separa el Jobretín de una cañada tributaria suya, queda señal de senda loma arriba al puerto del Alcornoque.

Pasado un colladito llegamos al cruce donde habíamos aparcado. Un día excelente, más bien caluroso, con sombra para comer en los eucaliptos de la pista, y agua en las cabeceras de los arroyos para refrescarnos.


Caserío en el valle del Jobretín

Valle del Jobretín con pinar nuevo

Pinus canariensis, Pino Canario que sobrevivieron al incendio

Valle de Linarejos

Restos de minería en el valle de la Majá del Hinojar

Por la pista en el valle de la Majá del Hinojar

Atravesando el arroyo de la Majá del Hinojar


Huerta en el arroyo de la Majá de la Parra, al fondo cerro Linarejos

Arroyo de la Majá de la Parra

Toma de agua para la huerta del valle de la Majá de la Parra

Huerta en el valle de la Majá del Hinojo

Depósito de ICONA

Por la pista del Vacal