lunes, 27 de enero de 2020

MIERCOLES 29 ENERO 2020: LA MAROMA CON NIEVE DESDE EL ALCAZAR

El Alcázar-Cerro de la Majada del Arce. 29 enero 2020.
Participantes: Miguel, Pepe, Manuel de Rincón, Enrique, Pili, Paco, Manuel de Nerja, Lucía, Luci, Manu, Antonio Sánchez, Victoria, Antonio Usieto y Jesús
Distancia recorrida: 13,6 km
Desnivel acumulado: 930 m

Desayuno en el Cruce. Aceptable. GRACIAS, PEPE, POR TU INVITACIÓN Y FELICIDADES RETRASADAS EN TU ANIVERSARIO.

Paco Hernando, conservador de las viejas costumbres del grupo, propuso subir a la Maroma a pisar la nieve. Esta era una de las costumbres del grupo primigenio cuando la Maroma aparecía blanca. Además propuso bajar a comer bien a la Alcauca, bien al Alcázar, con Pedro Aguilar.
Salimos pues del cortijo del Alcázar ligeros de equipaje, con agua y ropa en la mochila, ya que la comida y bebida quedaron en los coches.
Subimos por la pista, más larga pero más suave que el cortafuegos, y más propiciadora de conversaciones. Tiene también su encanto porque se pasa bajo los tajos de Panete, luego nos lleva hasta el mismo cerro del Tocón y después por los abruptos Castellones, antes de atacar la senda por la loma de las Víboras. En la loma comenzaron a aparecer las primeras manchas de nieve y cuando llegamos a las Llanadas del Espino la nieve era ya casi continua aunque con la senda limpia.
En la Llanadas vimos multitud de cabras, concentradas allí quizá porque la nieve les tapaba el alimento más arriba. Las laderas de los cerros del Mojón y del Águila estaban preciosas con ese manto blanco refulgiendo al sol.
La nieve es muy bonita…, pero en según qué condiciones. En la cañada del Espino la nieve estaba helada, tanto la pisada en la senda como la impoluta de los alrededores. Comenzamos a patinar, a tener que ir muy despacio, arriesgando para avanzar. Hubo dos previsores: los dos Manueles trajeron sus cadenas y caminaban tan ricamente; pero los demás no.
Decidimos abandonar la senda y pasar a la ladera derecha de la cañada, orientada al sur, casi sin nieve. El tránsito de una a otra ladera fue laborioso. Paco, con su fuerza, fue abriendo huella en el hielo, y sobre sus pisadas pasamos los demás.
Por la vertiente derecha se caminaba sin ningún problema. Subimos hasta el collado del Espino para constatar lo esperado: la senda por la ladera del barranco de los Tejos estaba más helada aún. Impracticable totalmente.
Tomamos las cosas con filosofía. Paramos en un carasol al Ángelus y luego nos acercamos al cerro de la Majada del Arce que ninguno habíamos pisado.
El descenso por la cresta de la vertiente derecha de la cañada del espino se hizo sin mayor problema, hasta retomar la senda por debajo de la fuente del Espino.
Al final de la senda de las Víboras hubo división en el grupo: unos volvieron por la pista y otros por el cortafuegos hasta cerca de la Cerca. Ese entorno, con tantos arroyos, con tanta agua, con tanta vegetación, es especialmente bonito. Nos sirvió de broche final antes de encontrarnos con Pedro en el cortijo del Alcázar.
Pedro no había perdido el tiempo. Había encendido una fogata, candela le llama él, y en una mesa aledaña había colocado un enorme trozo de panceta, una morcilla y unos chorizos, además de tres panes de Alcaucín.
Asó la panceta, se repartió la morcilla, se asaron luego los chorizos… y de lo que traíamos los caminantes apenas se comieron las ensaladas y algún trocito de tortilla. Alrededor de la mesa, en esa mañana soleada, serena, deliciosa, todos dimos gracias a la nieve helada que nos hizo regresar a tiempo para saborear este delicioso festín.
Terminamos con bombones, roscón de Reyes y mus de chocolate, tés y orujos varios.
Nos hemos hecho el firme propósito de invitar a Pedro más a menudo. Bueno, invitar es un decir, porque fue él quien trajo esa chacina tan estupenda.


SUBIENDO POR LAS VÍBORAS

LAS CABRAS ESCAPAN DE LA NIEVE

EL ZORRO TAMBIEN BUSCA COMIDA
LLEGAMOS A LA NIEVE EN LA FUENTE DEL ESPINO

ABANDONAMOS LA SENDA DE SUBIDA A LA MAROMA




LOS CABALLOS AL BORDE DE LA NIEVE

EL ÁNGELUS

LLEGANDO AL CERRO DE LA MAJADA DEL ARCE
INICIANDO LA BAJADA

PEDRO EN PLENA FAENA



LAS CERVEZAS Y LOS VINOS

LOS COMENSALES

martes, 21 de enero de 2020

Lola

Hoy Lola se nos ha ido.
Quedará con nosotros tu alegría, tu fuerza, tu espíritu de lucha, tu compañerismo.
Sabremos que andarás ahí, acompañándonos, en la energía del viejo árbol, en la piedra silente, en la huella que vamos dejando en el camino, en nuestras charlas y en nuestro silencio, en las altas cumbres, en los valles y bosques y en aquellos momentos en los que las fuerzas decaigan allí estarás tú, caminando siempre con nosotros.
Un enorme abrazo de todos y todas… o mejor, ¡un tsunami!







 


 
 



 
 

jueves, 16 de enero de 2020

18 de enero: Albuñuelas - La Giralda


Participantes: Pili, Paco Ponferrada, Jesús R., Jerónimo, Luci, Manu, Paco Ruiz, Carlos y Jesús C.
Distancia recorrida: 18,5 km
Desnivel acumulado: 1110 m
 
Desayuno en el bar Gavi de Talara. Acogedor, buena tostada. Entre 2 y 2,50€.

En las Albuñuelas hay un aparcamiento público en medio del pueblo, después de pasar las escuelas, a la izquierda, bien señalizado.
 
Partimos de las Albuñuelas con la incertidumbre del tiempo, pues habían previsto lluvia a partir de las 11, aunque poca cantidad. Y con el pesar de nuestra amiga y compañera de caminatas, Lola Díaz, en el hospital, en sus últimos días. En cualquier momento podría llegar un WhatsApp de Manuel de Rincón avisando de su fallecimiento.
Jesús C. dirigía la expedición, con tal acierto que fuimos hasta el final del pueblo y en vez de salir hacia el molino de los Úbeda giró por una calle paralela y devolvió al grupo casi hasta donde estaban los coches. Vuelta sobre nuestros pasos, de modo que la gente del pueblo se preguntaría que adónde iban estos despistados caminantes.Por fin encontramos la callejuela de salida al molino de los Úbeda, en la dirección del sendero Prados de Lopera. La zona del molino es muy bonita. Lola, ¡cómo hubieras disfrutado en la umbría del río Saleres, con la corriente de agua, con el viejo molino, con los añosos chopos, sauces y almeces, con las casitas blancas orladas de naranjos cargados, con los tajos que el río ha excavado!
Dejamos la bien señalizada senda a los Prados de Lopera para continuar al sur saliendo del valle del Saleres para entrar en el del barranco de las Cabezuelas. Este barranco tiene tajos en algunos puntos y pinares en casi toda su cuenca. Lola, tú no has andado este barranco, pero seguro que te hubiera encantado caminar por sus mullidas arenas; además, tiene de vez en cuando unos añosos pinos de gran tronco, de esos a los que gustabas abrazarte para que te transmitieran su fuerza y su vigor.
Salimos del barranco por un repecho casi insubible, por lo pendiente, para dar vistas al sur, a los múltiples barrancos que van hacia el valle de los Guájares, y al este, al altivo cerro de la Giralda, nuestro objetivo. Una vez al pie del cerro nos dividimos: unos a subir a él y otros por el carril hasta el cortafuegos al este de la Giralda.
Tú, Lola, hubieras subido al cerro. Despacio, parando de vez en cuando para recuperar el resuello y para comentar las vistas hacia los bosques y barrancos al oeste. Arriba, en la cima, al lado de ese vértice geodésico adornado con una virgen, nos hubiéramos abrazado, como tantas veces, al conseguir la meta propuesta, antes de hacernos las fotos de rigor.
En una ocasión anterior descendimos por el cortafuegos al noreste, pero hay que salvar unos peñascos difíciles. Esta vez Paco Ruiz nos llevó por el cortafuegos al sureste, por una sendilla de cabras con algunos hitos y bajamos muy bien. Después tuvimos que remontar por la pista hasta el cortafuegos del noreste donde nos esperaba el resto del grupo.
La lluvia llegó puntual a eso de las 11. Eran cuatro gotas pero nos pusimos los impermeables y con ellos continuamos porque después, en La Giralda, nos servían de cortavientos. Pero en el ascenso y descenso no llovió, por eso, al reagruparnos, decidimos aprovechar para comer allí, en la misma pista, en un abrigo sin viento.
Chacinas, tortillas mil, ensaladas de arroz y de bacalao, y conejo escabechado. Subimos tres botellas de vino y a duras penas, con el queso, terminamos una. Si tú hubieras estado, Lola, con tu ayuda, con un rato más de charla y unas cuantas risas, seguro que hubiéramos descorchado al menos otra. Nos acordamos de ti en ese rato de la comida, en esa convivencia que tanto nos gusta. Una novedad que no has conocido es la afición de Jerónimo a la repostería. La aprovechamos con las tartas que cada sábado trae; hoy bizcocho de chocolate y mango, riquísimo y jugoso.
Por el cortafuegos del noreste llegamos al cerro del Hoyón. Un gran cerro que se ve desde todo el valle de las Albuñuelas, pero al que se llega a piso llano cuando accedes desde la pista bajo La Giralda. También esta vista te hubiera gustado mucho, Lola, con todo el valle del Saleres y el de los ríos Dúrcal e Ízbor sembrados de pueblecitos blancos entre la verdura de los olivares: Albuñuelas, Saleres, Restábal, Melegís, Chite, Murchas, Talara, Mondújar… y un poco más allá Nigüelas, Dúrcal y Padul. En días sin nubes la vista termina en la blanca Sierra Nevada; hoy nos la hemos tenido que imaginar pues las nubes la cubrían.
Hemos descendido por el encinar-pinar al cerro de los Canjorros por unos vericuetos en los que había que andar despacio. Luego, el cortafuegos no ofrece dificultad alguna.
Lola, tú conoces bien nuestra afición a innovar, a poner un puntito de incertidumbre, de exploración, a nuestros recorridos. Hoy, Jesús C. lo ha puesto proponiendo ir hacia el cortijo y barranco de La Gunilla en vez de seguir por la bien marcada senda del cortafuegos. Nos hemos metido al pinar, con mucho matorral, siguiendo una sendilla mal marcada, tanto que la hemos perdido. Gracias a que Paco Ruiz ha visto las labores del cortijo y hacia él hemos ido. Luego, desde él, después de saltar un par alambradas, ya hemos tenido carril para bajar al llano de Peña Dorada. Con mil vueltas y revueltas hemos bajado al ya conocido molino de los Úbeda, nos hemos despedido de ese idílico entorno, y hemos dado por terminada la excursión.

 
Lola, recordamos tu afición a las caminatas, tu ánimo, tu alegría, tu energía, tus ganas de vivir. Por eso seguirás caminando con nosotros.


Mapa de la ruta
 
Bajando hacia el río Saleres
 
En la zona del Molino de los Úbedas
 
Anthrrinum...
 
Albuñuelas
 
Barranco de las Cabezuelas
 
Caminando por mullidas arenas
 
Una cuesta con mayúsculas
 
Vistas a la Giralda
 
Bajando un cortafuegos
 
El esfuerzo de la subida
 
Vista hacia Los Guájares y Motril
 
En La Giralda
 
La bajada
 
Vinos
 
Panorámica desde el Cerro del Hoyón
 
En el Cerro del Hoyón
 
Senda de bajada por el cortafuegos
 
Junto a un enorme pino resinero
 
Cortijo y corral desde el Llano de Peña Dorada
 
Aproximándonos al pueblo

miércoles, 15 de enero de 2020

15 de enero: Sª del Chaparral - Molvízar


Participantes: Luis, Enrique, Miguel, Antonio de Fornes, Antonio Usieto y Jesús
Distancia recorrida: 19,3 km
Desnivel acumulado: 985 m
 
Desayuno en la gasolinera de Nerja. Buen servicio, aunque un poco caro.
 

Partimos de Molvízar por el paseíto a lo largo del río. En un determinado punto el paseo asciende, nosotros lo dejamos, fuimos por el cauce del río y lo retomamos más adelante. No vale la pena bajar al cauce que está resbaladizo, vale más subir con el paseíto hasta el final.
Subimos por la conocida pista del cementerio. Está hormigonada casi hasta el encuentro con la pista por el pie de la sierra. En ese cruce tomamos la senda que va por encima de la pista. Digamos que aquí se termina el trayecto de acercamiento a la sierra que no es especialmente llamativo.
La  senda va casi llana, con buen piso, limpia. En ella se empieza a disfrutar de los tajos sobre nuestras cabezas y del matorral de la sierra. Lástima que un incendio se llevase el pinar.
Dejamos la senda por el pie de la sierra para subir al mirador del Barranco del Búho. En él, un cartel totalmente descolorido informa de los cerros de Vázquez, cerca de Torrenueva, Espartinas, ahí abajo y la loma de la Cera, por donde atraviesa la sierra el túnel de Ítrabo en la autovía.
Enfilamos luego el barranco del Búho, también con muy buena senda, sujeta por albarradas. Usieto tomó la cabeza y con paso firme y tranquilo nos subió a la cresta, parada obligatoria para contemplar al norte el valle de las Guájares y la Sierra Nevada, hoy con poquísima nieve.
En la cresta, mirando al sur, nos detuvimos al Ángelus. Continuamos disfrutando de las maravillosas vistas que ofrece esta senda, trazada por la cresta de la sierra, tanto al sur como al norte.
En el cruce sobre el Minchar Alto decidimos seguir al frente. Se acabó la bien trazada senda. Apechugamos con la subida al cerro de enfrente por una senda de montañero directa a la cumbre. Luego continuamos llaneando para entrar en las pizarras con viñas y al llegar al primer cortijo tomamos el carril que nos llevaría a la Guindalera, entre casitas de recreo, casi todas muy poco utilizadas, con nombres tan curiosos como “El capricho de papá”.
Poco nos detuvimos en el cerro de la Guindalera. Si hubiera estado abierta la cerca de la casita que encierra el vértice geodésico, hubiéramos entrado a ella, porque el dueño lo permite y se enorgullece de mostrar los menhires, dólmenes y mesas de piedra que ha instalado allí en lo alto.
Bajamos al puerto de la Guindalera entre viñas añosas aún sin podar y tomamos la pista al sur. Más abajo la pista se divide. Dejamos la que baja al área recreativa en el barranco de Ítrabo, y tomamos a la izquierda, hacia Ítrabo y Molvízar. En la cresta al barranco del Pueblo aprovechamos un mirador para almorzar.
En una mesa al sol, con los bancos de piedra separados inexplicablemente de la mesa, sacamos las viandas y comenzamos con suaves gambitas, fuerte chacina y aromática ensalada de aguacate. Tortilla de espinacas con pasas y carnes variadas, de pollo, de pavo y de conejo, una con verduras, otra con champiñón. Queso delicioso de final. Para beber cervezas y vinos de Fornes, Toledo y Ribera, el primero blanco fresquito, ideal para las gambas. Tés, orujo y bombones. Todo bañado por el dulce sol de enero, sin viento, y con una vista estupenda a Molvízar, Salobreña y al mar. ¿Qué más se puede pedir?
Recorrimos el tramo de pista que restaba para entrar en al parte alta de Molvízar. En el trayecto, un molviceño nos explicó que en los alrededores del barranco del Pueblo quedan algunos restos prehistóricos y romanos, dudosos éstos a juzgar por el emplazamiento.
Unos refrescos en la plaza al lado de la iglesia y vuelta a los coches. Excelente día.

Queda por investigar una senda que desde el barranco del Pueblo sube hacia la Guindalera, como posibilidad de cerrar la caminata circular cambiando pista por senda. Para otro día.
 
En la senda al pie de la sierra
 
Atacando el Barranco del Búho
 
Agujero en la senda del Barranco del Búho
 
En la ventana de la cresta de la sierra
 
En la zona de pizarras
 
Viñedos y cresta
 
Los vinos y cervezas
 
En la mesa del mirador
 
Molvízar
 
Jureles puestos a secar en Molvízar