miércoles, 8 de enero de 2020

Enamorados desde el Caucón


Participantes: Ana, Jerónimo, Luis, Pili, Paco Ponferrada, Jesús R., Lola Valle, Paco Zambrana, Manuel de Rincón, Lucía, Luci, Carlos, Paco Ruiz, Ricardo y Jesús C.
Distancia recorrida: 12,7 km
Desnivel acumulado: 820 m

Desayuno: Bar Quini, Yunquera. Los mejores molletes que conocemos, con aceite y zurrapas blanca y colorá: a 2,50€. Insuperable desayuno.
 
La pista al mirador del Caucón cada vez está mejor. Ahora con algunos trozos asfaltados y la parte terriza en muy buen estado.

Partimos del mirador del Caucón, ahora nominado Luis Ceballos, cambiando la habitual salida hacia la Caína por la subida hacia los Llanos de la Casa. Una sabia decisión de Jerónimo porque así nos daba el sol y entrábamos en calor pues la mañana estaba fría.

El matorral tapa a veces la senda a los Llanos. En una de esas zonas un grupo se desvió hacia el noroeste. Se les avisó de su equivocación, pero no quisieron regresar a la senda que estaba a menos de 50 m; siguieron ladera arriba por en medio del monte y ellos sabrán lo que sufrieron. El resto del grupo fuimos por la senda con tranquilidad, por la cañada y fuente de Juañisco Huelva, fuente con un hilillo de agua, y en los Llanos de la Casa los esperamos un buen rato contando chistes, que empezaron siendo muy malos y terminaron con alguno gracioso.

Ya el grupo completo continuamos al puerto del Cuco. Esta senda, en la zona del puerto del Cuco hacia arriba, siempre es fría y con viento. Hoy no fue especial y la ropa que nos habíamos quitado en la subida la necesitamos aquí. No por el viento, sino por el frío.

Con la equivocación matutina llegamos a los Ventisqueros a la hora del Ángelus. El nombre está puesto con acierto porque el viento se deja sentir siempre por estos parajes. Cerca de la senda vimos los restos de una cabañita. A ella fuimos y entre sus paredes nos refugiamos los que cupimos, apretaditos, como piojos en costura que suele decirse, para estar protegidos el ratito del Ángelus.

El objetivo siguiente era el Peñón de Enamorados. Nos acercamos a ella por el noreste, con la misma dirección que traíamos, pero hubimos de rodearla para ascender a ella por el valle del sur, el más accesible. En lo alto estuvimos el tiempo justo de hacer unas fotos: el viento cortante no permitía más.

Una vez retomada la senda fuimos hacia los pozos de la Nieve, pero solo hasta el inicio de la cañada de la Carnicería debajo de Cerro Alto. Allí tomamos la senda por la cañada. Este trozo de la caminata es especialmente bonito, por las suaves cañadas, por las praderitas verdes y, sobre todo, por esos añosos quejigos de descomunales troncos.

En una de esas cañaditas, protegidos por unos roquedos, paramos a almorzar. No hicimos el círculo pertinente, sino que nos sentamos en forma de media luna y, claro, eso dificultó mucho el tránsito de las múltiples fiambreras y de los vinos: en una punta no tenían qué comer y en la otra había 7 u 8 fiambreras, en un sitio había vino y para llegar al otro donde estaban secos la botella tenía que pasar por muchas manos no siempre desocupadas. En fin, que deberíamos evitar esa disposición.

Yendo 15 personas salieron más de 15 platos. Imposible acordarse uno de todos. Hubo chacina, ensaladas de aguacates y de judías verdes, verduras a la plancha, fideos, tortillas de chorizo y de patata, carnes de cerdo, de pollo, de conejo, acompañadas de verdura, de pisto, de champiñones, etc. Al menos 3 tipos de quesos, el más original uno de Gouda, pero todos muy ricos. Cinco botellas de vino, de las cuales sobró una. Y para terminar algunas naranjas que con el frío no apetecían, una deliciosa tarta portuguesa, pero que no llevaba los ingredientes de la portuguesa y se parecía a un brazo de gitano con chocolate y mandarina, tés y orujo. La tarta, una de las mejores creaciones de Jerónimo. Este chico no sé qué hace dedicado a la enseñanza en vez de poner una pastelería.

Salimos del vallecito y en la cresta dejamos la senda para explorar los tajos del Chaparral y Añiscle. Están unos a continuación de los otros. Bajo ellos caminamos, por unas senditas de cabras, con unas vistas maravillosas a la cañada de la Carnicería, al cerro de la Cueva del Oso, a la cañada y picacho de Fatalandar, y al Torrecilla que al final se cubrió de nubes. Una senda preciosa por las vistas al sur y por las cambiantes formas de los tajos sobre nuestras cabezas. Una alternativa muy bonita que hemos de repetir para cambiar de la archiconocida cañada de la Perra.

Cuando se terminaron los tajos de Añiscle bajamos cerca de la cresta pero ya en la ladera de la Perra, hasta un punto que nos dividimos. Los más cansados nos dirigimos a la base de la cañada y por el puerto de los Lajares descendimos al Caucón, y los más exploradores siguieron por debajo de los tajos  de la Caína para volver por la era de los Gamones.

Día agradable de invierno, con un poco de levante frío, con sol al comienzo y al final y con nubes en el centro del día. Una ruta muy bonita, especialmente por los novedosos tajos del Chaparral y Añiscle.

Mapa de la ruta

Cerca de la fuente de Juañisco Huelva

Pinsapar bajo la Peña del Cuco

Pinsapos y tajos

No hay atajo sin trabajo

La senda abandona el pinsapar

Dorados

Viejo pozo de nieve

Aproximación al Peñón de Enamorados

La subida

Grupo en el Peñón de Enamorados

Bajando

Lo vamos dejando atrás

La energía de los viejos quejigos

La desnudez de sus ramas durante gran parte del año

Tres o cuatro

Bajo su sombra que no es

Aprender de su silencio

Vinos

Siluetas

en blanco y negro

La piedra invertida que quiso huir

Recorriendo

a lo largo

y a lo alto

los Tajos del Chaparral

y de Añicle

Tiempo para fotos

Paso un poco estrecho

Sorteando rocas caídas

y por senderos de ovejas

vamos dejando atrás

unos tajos tras otros
 
Senda bajo el Tajo de la Caína

lunes, 6 de enero de 2020

8 de enero: Alcaucín - Los Pradillos


Participantes: Enrique, Miguel, Nori, Luis, Lucía, Luci, Victoria, Antonio de Fornes, Antonio Usieto y Jesús.
Distancia recorrida: 16 km
Desnivel acumulado: 1270 m
 
Desayuno en El Cruce de Benamargosa. Aceptable, a 2,50€.
 
Partimos del cementerio de Alcaucín, con una mañana despejada, sin viento, con temperatura agradable, una mañana ideal para inaugurar el año y con él la temporada de 2020.

La senda, por detrás de los corrales, junto al cementerio, está bastante desdibujada, fruto quizá del paso frecuente del ganado, pero conforme se va ascendiendo va mejorando tanto en el piso como en el trazado.

La subida por el lomo de la Cueva del Moro es continua y empinada, aunque suavizadapor los múltiples zigzags, bajo el hermoso pinar de pino carrasco, dando vista, cuando el pinar lo permite, al blanco Alcaucín que va quedando cada vez más abajo.

Pasamos por el cruce con la senda que viene desde Carrión y poco más arriba llegamos al collado del mosquito. Por tomar un descanso en la subida nos acercamos al cerro del Mosquito que ofrece una muy bonita panorámica sobre los olivares casi llenos de casas, sobre Salia, con Periana, Colmenar y Comares como núcleos más importantes, y sobre el vacío embalse de la Viñuela. El mar y los valles estaban cubiertos por esa neblina que produce la evaporación en los días sin viento, y por encima de la neblina teníamos todas las crestas nítidas.

Entramos en el valle del barranco de las Adelfas. En él tuvimos la grata sorpresa de que la senda, hasta aquí sin cuidado alguno desde hace años, estaba limpia. En la zona del Matorral habían cortado la carrasca y coscoja rastrera dejando la senda expedita aunque con muchos restos de ramas de esa roza. Desde el Descansadero Altero hacia el collado del Aguadero también la senda estaba libre de maleza cuando antes había trozos que el matorral de encinar casi la borraba.

Desde la paradita del cerrillo del Mosquito la caminata fue continua hasta encima del collado del Aguadero donde nos reagrupamos y echamos un ratito contemplando el cortijo del Alcázar con su bosque circundante.

La siguiente parada la hicimos a pocos metros de La Torrecilla, en un carasol con excelentes vistas al oeste y, aunque era temprano, aprovechamos para tomar el Ángelus. Fruta, dátiles y frutos secos, lo normal, más unas láminas de fruta desecada que trajeron Nori y Luis. Ellos siempre ponen el punto exótico, novedoso, igual con la fruta desecada que con los ya tradicionales caramelitos japoneses.

En el Mojón de la Torrecilla, nueva parada. El panorama hacia el sur, hacia la Axarquía, lo merecía. Y de ese precioso panorama seguimos disfrutando por la cresta de la Torrecilla.

Íbamos con la intención de llegar hasta el puerto del Pico, mal llamado Proa del Barco, pero por encima de donde el barranco de los Polvijeros cambia de nombre a Barranco Hondo, vimos una sendilla por la Colada del puerto del Pico. Nos picó la curiosidad y allá que bajamos a investigarla porque esa sendilla iba, más o menos, a la parte alta del collado de la Zorra en la ruta Canillas de Aceituno-Cueva de los Carneros-La Fájara. Además llevábamos todo el tiempo caminando por senda y sabida es nuestra tendencia a la exploración y al monte a través. Bajamos al barranco de los Polvijeros y más mal que bien nos adentramos en la ladera. La senda que habíamos divisado desde arriba desapareció cuando nos aproximamos a la zona. El paso para dar vistas a la zona sur de la loma estaba complicado por los roquedos y por la pendiente, así que dimos por terminada la exploración. Quizá, si lo intentamos otra vez, habría que dejar un vigía en la senda por la parte alta del barranco de los Polvijeros, desde donde se ve bien la sendilla, para que fuese guiando a los exploradores.

Volvimos sobre nuestros pasos para ir a la majada de los Pradillos. Pasamos por una antigua cabañita entre unos roquedos y luego fuimos llaneando demasiado abajo. Tuvimos que subir por la ladera del barranco de los Pradillos hasta la majada. Seguramente esta es la majada más bonita de la sierra, con su cabañita para el pastor que algunos hemos conocido habitada, el enlosado corral para las cabras, otra cabañita aledaña, y unos extraños asientos con lajas horizontales que no adivinamos su uso.

Como era temprano para comer nos acercamos al collado del Aguadero, donde el arroyillo llevaba un hilillo de agua que se difuminaba luego en el lastonar inferior. Un rebaño de cabras con algunos hermosos machos nos alegraron ese ratito.

Sobre las losas del corral de la majada sacamos las viandas y comenzó el ágape. Chacina, edamame y ensalada de aguacate para abrir boca con unas cervecitas. Luego alcachofas, tortillas, revuelto, albóndigas, carnes en su jugo, con ajos y con tomate y más cosas que no recuerdo. De postre huevos nevados de Montejaque y turrón. Vinos de Somontano, Cariñena y Manchuela. Orujos de Navarra y de una firma comercial para suplir la ausencia de Manolo.

Estamos convencidos que si saliéramos a la montaña todos los días engordaríamos con estas comilonas. Victoria, especialmente, trae comida para diez y ella come como un pajarito. Hoy, sin ir más lejos, ha traído alcachofas, carne y huevos nevados, pero además cantidad de todo. Con lo que ha traído ella tiene para una semana.

Para el regreso tomamos la senda que sale de la majada, senda que desaparece un trecho más adelante. Campo a través llegamos a la cabañita entre roquedos y a la senda en el collado de la Torrecilla.

Regreso por la senda de subida hasta debajo del collado del cerro del Mosquito donde, para variar, tomamos la senda a Carrión. Paramos un poquito en el mirador de la Glorieta y desembocamos en el carril de Carrión desde donde tomamos la senda que termina en el colegio público de Alcaucín.

Por llegar antes al cementerio nos metimos por una sendita que va prácticamente a nivel desde al lado del colegio, pero esa senda estaba cortada por una alambrada que nos hizo regresar y callejear con bajadas y subidas por el pueblo, para llegar ya entre dos luces a los coches.

Muy buen comienzo ha tenido 2020.
 
La Axarquía y Santon Pitar desde la loma de la cueva del Moro

Antonio, Mª Victoria y Nori

Los vinos

Nombres de los caminantes en japonés

Los artísticos mojones de Antonio

Mojón de la Torrecilla y sierras al oeste

En el Cerro del Mosquito

Antonio en el Collado del Aguadero

Ángelus cerca del mojón de la Torrecilla

Contraluz en el Mojón de la Torrecilla

Por la cresta de la Torrecilla

Cabras en los Pradillos
 
Alcaucín al atardecer
 

jueves, 2 de enero de 2020

4 de enero: la Maroma desde Canillas de Aceituno

Participantes: 5
Paco R., Lucía L., Ana, Carlos y Jerónimo
Distancia recorrida:
18,4  kilómetros
Desnivel de subida acumulado:
1.450 metros
Altura mínima: (635 m – Canillas de Aceituno)
Altura máxima: (2.065 m – La Maroma)
Tipo de recorrido:
Parte circular y parte lineal de ida y vuelta
Tipo de camino:
Veredas y carriles.
 
 

Mapa de la ruta
 
Canillas de Aceituno desde el Mirador de los Castillejos
 
Bajo el Peñón Grande
 
Todavía nos queda subida
 
mucha subida
 
Estas van en fila y no se despegan
 
Llegando a la Proa del Barco
 
Como DiCaprio en el Titanic pero sin Kate Winslet
 
A algunos les llegó la hora de quitarse ropa
 
Tajos entre la Proa del Barco y la Torrecilla
 
Barranco de Don Pedro
 
Mar de nubes
 
La hembra con su choto
 
Asoma
 
y se asoma
 
para verla llegar
 
a la cumbre de la Maroma
 
Como un colchón
 
de algodón
 
Bajada
 
Vino y comedor
 
Coronada reina en la república independiente de nuestra montaña
 
Por el Bco. de Don Pedro
 
La luna anda despistada
 
Y la niebla nos acaricia con su silencio húmedo
 
En la Fte. de la Gitana
 
Llegando a Canillas