domingo, 17 de febrero de 2019

23 de febrero: SIERRA ALPUJATA


Participantes: Ana, Jerónimo, Pili, Paco Ponferrada, Jesús R., Luci, Manu, Carlos, Paco Ruiz, Ricardo, Manolo, Jesús C.
Distancia recorrida: 20,2 km
Desnivel acumulado: 1065 m

Desayuno en La Cruz de Piedra II, en Coín. Buenas rebanadas con aceite, zurrapa y tomate. MUCHAS GRACIAS ANA POR TU INVITACIÓN, cuando quieras repetir, nos tienes dispuestos.
La Alpujata es una sierrecilla pequeña entre el puerto de los Pescadores y los llanos de Puzla. Gran parte de ella se quemó en 2014. Quizá debido a ello no la visitamos hace años. La mayor parte del grupo no la conocían y los que sí habíamos andado por ella no la hemos vuelto a visitar recientemente, sin embargo, sigue teniendo su encanto por las vistas, por el boscaje y por ese suelo tan especial proveniente de peridotitas.

Partimos de la Cantera Vieja por un carril sin uso, en dirección sur, por el arroyo que baja de puerto Alpujata. Del carril sale un sendero por el mismo cauce por el que regresamos. Continuamos por el carrilillo que tiene una valla como para impedir el paso sin mucha convicción porque o esta abierta o se puede pasar por los laterales. El carrilillo termina en un colladito donde las calizas dan paso a las peridotitas cambiando el color del suelo de blanco a pardo y la vegetación se hace más frondosa con alcornoques, pino resinero y algunos robles, y en el sotobosque lentisco, erguén, jara negra, cantueso, etc.
Del colladito parte una senda al sur, muy empinada, con una valla similar a la anterior. Cruzamos un primer carril y en el segundo termina la senda. Tomamos la pista al oeste, respiramos, nos relajamos y fluyeron las conversaciones impedidas antes por lo empinado de la senda. Tiene vistas muy bonitas sobre el llano de la Albuquería surcado por el río Pereila.
Una cascada en el barranco de la Corcha anuncia la llegada a un antiguo vivero forestal, y a una balsa contraincendios con helipuerto. Ahí abandonamos la pista para encaramarnos con dificultad a otra senda al sur, hacia el cerro del Águila. La vegetación sigue similar, pero la senda es mucho más suave que la anterior. Pasa por un excelente mirador al norte y llega a la cresta dando vistas al sur. La ladera sur está totalmente deforestada.
El cerrillo que queda al este viene marcado en algún mapa como cerro del Águila. No es el más alto, desde luego. Iniciamos la andadura al oeste, por la cresta, por una senda bastante bien marcada aunque parcialmente invadida por matorral de coscoja y aulaga vaquera. La sendita evita dos cumbrecillas y se encarama a la tercera, la más alta que quizá sea el cerro del Águila.
De esta cumbre al oeste no hay senda propiamente dicha. Los caminantes han pisado el matorral de coscoja y aulaga, dejando una huella que Paco Ruiz se encargó de seguir sin perderla. Los demás íbamos pendientes de donde poner los pies y de evitar los continuos pinchazos de aulagas  y coscojas. En un clarito del matorral, mirando al sur, dando vista al barranco del Majar del Hinojo, paramos al Ángelus y a descansar de los continuos pinchazos. Tuvimos la novedad de unas deliciosas pastas árabes traídas por Paco Ruiz y del vinillo dulce de Ricardo.
Con no muchas ganas nos levantamos a seguir luchando con el matorral, ascendiendo a un cerrillo. Antes de la cumbre, un poco al sur, la senda se ve mejor y de aquí en adelante cada vez está más marcada. Por la traza es una vereda tradicional que nos acercó al pie del cerro Castillejo.
El cerro, en su parte norte, tiene unas encinas y un cercado de alambre protegiendo un pequeño entorno. Se puede subir al cerro bien de frente por las rocas, junto a la valla, o bien continuar la senda que por la ladera norte va ascendiendo con suavidad para dar con el carril que sube a las antenas y al cerro Castillejo.
Después de las fotos correspondientes nos dirigimos al oeste por el carril de las antenas, que sube cerca de otro cerrete con antenas y va a morir al Puerto Verde. Al Puerto llega la pista desde la balsa y helipuerto, nuestro camino. Ya íbamos cansados de carril y aún nos quedaban un montón de km. Tomamos la pista con paciencia a pesar de su monotonía, pues va por terreno quemado y solo tiene el mismo matorral que en la cresta.
Ya estábamos desfalleciendo cuando los primeros encontraron un llano apropiado para almorzar. Hicimos un rolde y comenzó ese ir y venir de fiambreras en una u otra dirección, con la chacina y aceitunas de aperitivo, ensalada, judías verdes, tortillas variadas y carnes, terminando con queso con membrillo. Cervezas y vinos, lo habitual. Quedaba la sorpresa de la tarta de Jerónimo. Esta vez fue de arándanos, con un color no muy atractivo pero riquísima. Fue el complemento ideal para los tés y los orujos.
Algunos quisieron echar una siestecita. Vano intento porque el resto de la cuadrilla, con piedrecillas, conversaciones y gritos se encargaron de impedirlo.
Y vuelta a la interminable pista, solo alegrada por algunos afloramientos de asbesto y mica, y una fuentecilla antes de llegar a la basa y helipuerto.
Por la senda de la mañana bajamos al carril inferior y por él, en un entorno umbrío, boscoso, agradabilísimo, llegamos a puerto Alpujata de donde salen carriles a Barranco Blanco, dos en la dirección que traíamos y otro por la falda de la Sierra Blanca; además dos sendas, una a la cresta de Sierra Blanca y Ciudad del Cine, y otra, la nuestra, por el cauce del barranquillo al noroeste.
Por el boscaje de pino carrasco, alcornoque y olivos descendimos hasta el punto de partida.
Día soleado, sin viento, con excelente temperatura pero con mediana visibilidad. Bonita ruta si tuviera menos pista. Hemos de volver en abril cuando esté la máxima floración y trataremos de acortarla por el alcornocal de la izquierda del Pereila.



EL PICO DE LA DERECHA ES EL CASTILLEJOS








CERRO DEL ÁGUILA














VÉRTICE GEODÉSICO DE LOS CASTILLEJOS


















16 de febrero: Ladera norte de la Sª de las Nieves


Participantes: 13
Paco P., Pilar, Jesús R., Ana, Paco Z., Tere, Carlos, Luci, Manuel D., Jesús, Miguel S., Ricardo  y Jerónimo
Distancia recorrida:
14,5  kilómetros
Desnivel de subida acumulado:
950 metros
Altura mínima: (1.137 m – Cortijo del Taramal)
Altura máxima: (1.434 m – Pinsapar de los Hoyos de la Caridad)
Tipo de recorrido:
Circular
Tipo de camino:
Veredas de  ganado, senderos, campo a través y un pequeño tramo por carriles.

    
Desayuno dividido, unos en el Navasillo y otros, temiendo al follón que se forma en el Navasillo por las mañanas, pararon en La Fragua, entre la carretera a Arriate y Ronda. Aquí servicio rapidísimo, con tostador de pan casi automático, pan excelente, aceite, y mantecas blanca y colorá. 3€. Ya tenemos sitio para desayunar cuando vengamos por la Serranía de Ronda.

Partimos del cortijo de Quejigales después de un pequeño altercado con el conductor de un autobús que nos retuvo durante la última parte del trayecto de llegada a Quejigales sin apartarse para dejar paso. Seguimos el arroyo del Cuerno o de las Carboneras aguas abajo y en él encontramos la primera atracción del día: las preciosas pozas y cascada que se forman en la unión del arroyo con un barranquillo afluente por la derecha. Lástima que no dure el agua para tiempo cálido porque sería un verdadero placer sumergirse en esas pozas.
Queríamos seguir arroyo abajo, pero el cauce está casi ciego y lo evitamos remontando por la izquierda para descender más adelante al cauce y llegar al cortijo de las Carboneras. Allí nació y vivió Vicente “de las Carboneras”, colaborador de nuestro amigo Pedro Aguilar cuando estuvo de guarda en la Sierra de las Nieves.
Del cortijo subimos al puertecillo cercano para dar vistas al comienzo del arroyo del Taramal y a Cerro Bermejo, nuestro próximo objetivo. Cerro Bermejo lo componen dos cimas y al colladito entre ambas nos dirigimos para visitar las curiosísimas cuevecillas de Cueva Bermeja. Las calizas aquí están en forma de estratos relativamente delgados, muy dobladas y fracturadas, a veces casi verticales. Bajo la cima del oeste se han formado unas cavidades en forma de capilla, por erosión de las zonas más blandas, muy  originales, aprovechadas como refugio de pastores y ganado durante siglos.
Subimos después a la cima sobre las cuevecillas. Tiene unas vistas preciosas, sobre todo al oeste, con el arroyo de las Cobatillas debajo, el cortijo de Cobatillas Bajas en una llanurilla húmeda, y Ronda y la sierra del Pinar al fondo. Al sur tajo Pompeyo. Estuvimos poco rato arriba porque el vendaval nos llevaba.
De Cueva Bermeja echamos hacia el cerro de la Yedra pasando por el puerto de las Cobatillas. En vez de rodear el cerro por el este subimos a su cima y luego tuvimos que buscarnos la vida para bajar por los tajos y pedruscos del norte. Este fue el puntito de incertidumbre y riesgo que toda excursión debe tener.
Deambulamos subiendo y bajando por las cañaditas que dan lugar al arroyo de la Higuera, disfrutando de los tajos, de los grandes pinsapos, de la vegetación de ribera con arces y fresnos, de dos añosas, tremendas, encinas dignas de un monumento y de las cascaditas formadas en las distintas cañadas.
Subimos a la pista de Quejigales al Sabinal para dejarla en seguida por la senda al cortijo Majada Vieja. El cortijo está en lo hondo, con sus muros y su era, al lado del barranquillo proveniente de la cañada de En Medio.
Continuamos en dirección al Peñón de Ronda subiendo a un puertecillo para dar al valle del arroyo de la Higuera, con el cortijo del Taramal, nuestro restaurante, abajo.
Después de cien vueltas alrededor del cortijo buscando cobijo del viento nos aposentamos en su interior, en lo que sería una habitación, aprovechando el solcito (algunos). Tuvimos una excelente comida regada con vinos de Cariñena, Rioja, Castilla y León, y Campo de Borja, con cervezas de entrada y tés para pasar las pastitas de Alhama y la tarta de Jerónimo, exquisita y preciosa, de naranja, coco, almendras…y quizá algo más.
Reconfortados y con las barrigas llenas salimos del cortijo a seguir luchando con el vendaval, ascendiendo por el lomo, buscando los lugares con menos maleza y menos enmarañados, evitando espinos albar y rosales, hasta encontrar la senda de Quejigales al Canalizo. ¡Qué alivio al llegar a la senda después de la intrincada subida! Nos parecía andar ya sin esfuerzo.
Visitamos unas zonas con Narcissus bugei y llegamos al aparcamiento de Quejigales. El autobús ya había marchado.
Precioso y novedoso recorrido. Lo hubiéramos disfrutado mucho más si no hubiéramos tenido ese viento endemoniado durante todo el día.

Bajando hacia el barranquillo
 
Narcissus baeticus
 
Pozas junto al Arroyo Carboneras
 
Arroyo Carboneras
 
Buscando una salida lateral
 
Vistas hacia el Este, con el Tajo de Pompeyo
 
Pliegues en Cueva Bermeja
 
Acercándonos a una de las covachas
 
Subiendo a la cresta
 
Vistas del Cerro Bermejo con Ronda al fondo
 
Los pliegues y oquedades
 
Hacia el Pto. de las Cobatillas
 
Desde la ladera del Cerro de la Yedra
 
Bajando del cerro
 
Un poco de emoción
 
El Cerro de la Yedra queda atrás
 
Sorteando cerros y tajos en un tobogán continuo
 
Pliegues junto al barranco
 
Iris planifolia
 
Uno de los barranquillos que forman el Arroyo de la Higuera
 
Los primeros aislados y grandes pinsapos
 
Dos añosas encinas salvadas de siglos de talas y carboneo
 
Senderos de ovejas
 
Dos enormes pinsapos
 
Saliendo del barranco
 
por un lateral inclinado
 
hasta alcanzar la parte alta de la ladera
 
superando algunos crestones rocosos
 
Pliegues junto a la caída del barranco
 
El viento que no cesa
 
Llegando al Arroyo de En medio y al Cortijo de Majada Vieja
 
Hacia el Cortijo del Taramal
 
Llegando al cortijo
 
Vinos en los viejos y descarnados muros
 
Subiendo por los Coloraíllos
 
Pinsapo y Tajo del Canalizo
 
Grupo junto a Juniperus oxycedrus tamaño pinsapo
 
Subiendo hacia la vereda Quejigales-Canalizo por verdes praderas este invierno algo secas
 
Entre rosales y espinos
 
Atravesamos el bosque
 
Canalizo escoltado por pinsapos
 
Grupo
 
Helleborus foetidus
 
Pinsapar de los Hoyos de la Caridad
 
Praderas encharcadas
 
Narcissus bugei
 
Daphne laureola
 
Atardece en el Valle del Genal