lunes, 4 de febrero de 2019

9 de febrero: Circular Cañar - Puente Palo - Atalaya

Participantes: 13
Paco P., Pilar, Jesús R., Antonio, Fini, Ana, Carlos, Luci, Manuel D., Jesús, Manu, Ricardo  y Jerónimo
Distancia recorrida:
19,5  kilómetros
Desnivel de subida acumulado:
900 metros
Altura mínima: (1.014 m - Cáñar)
Altura máxima: (1.790 m – Acequia del Almiar)
Tipo de recorrido:
Circular
Tipo de camino:
Senderos , carriles y veredas del acequiero
    
Desayuno en Puerta Nazarí de Órgiva. Cafés, tostadas con aceite, tomate y jamón, a 2,50€, muy bien.
El objetivo era subir de Cáñar a Puente Palo recorriendo la acequia de Barjas. Salimos pues de Cáñar con la alegría que proporcionan el cafetito en el estómago y el comienzo de la caminata, en una mañana primaveral, sin viento, sin nubes, con el sol radiante.
Hasta la acequia de Barjas subimos por el llamado “Camino Real de los Neveros” o comúnmente, “Camino de la Sierra”, paralelo en gran parte a la acequia del Viernes, un ramal de la Acequia Grande hacia Cáñar. El Camino conserva aún su empedrado original en muchos tramos, pasa por los parajes de los Callejones, Llano del Manzano y Haza Quinto, con restos de antiguos cortijillos aquí y allá, y castaños de enormes troncos a la vera del agua de la acequia.
En uno de los muchos cruces de nuestra senda con el carril que sube de Cáñar al Robledal topamos con la acequia de Barjas, paralela el carril y perpendicular a nuestra senda. La tomamos aguas arriba, con alegría, porque nos hace pasar de los repechos anteriores a la placidez de caminar por la senda del acequiero, casi llana.
En el cortijo de las Alberquillas nos reunimos, a la vera de los enormes castaños, los que caminaban delante con los que habían quedado a esperar a Ricardo.
La acequia de Barjas estaba ciega, la limpiaron un grupo de voluntarios hará unos 5 años y otra vez vuelve a estar casi ciega. Se debe usar muy poco para transportar agua, sin embargo los caminantes deben ser bastante frecuentes a juzgar por lo pisada que está la senda.
El paseo por la acequia es de lo más agradable porque atraviesa una parte del robledal de Cáñar, con enormes castaños y robles al pie de la acequia, y con el telón de fondo de Cerrillo Redondo y Prado Cebollar blancos por la nieve, recortados sobre el azul del cielo. Y más hoy, en esta mañana tan agradable y serena. Le falta el murmullo del agua al discurrir por ella. Lástima.
No llegamos al nacimiento de la acequia en el Río Chico porque la maleza hace impenetrables los últimos metros. Tornamos al barranco de la Era Alta para abandonar la dulce acequia por un repecho intratable, casi vertical. Una vez lo superamos paramos a descansar y a tomar el Ángelus. Ricardo reparte vino Pajarete y echamos en falta los mostachones de Paco Ruiz.
La sendilla sigue ascendiendo por antiguas parcelas de cultivo hasta el área recreativa de Puente Palo. Este era nuestro objetivo, pero a sugerencia de Jerónimo le proponemos a Antonio que nos lleve por la acequia del Almiar a la Atalaya regresando a Cáñar por el Dique 24. Accede Antonio y continuamos contentos por la pista de Puente Palo al este, con cuidado en algunos tramos helados, y con cuidado también porque un grupo de hermosos caballos nos adelantan trotando.
Tomamos el carril con indicación “Capileira” y luego la preciosa acequia del Almiar.
Caminar por la acequia del Almiar es tan placentero como por la de Barjas, por su boscaje colindante, por los enormes robles, por lo llano del sendero, por las vistas hacia Cerrillo Redondo nevado, pero con el añadido de que viene llena de agua, agua que va soltando de vez en cuando por boqueras para regar el bosque, las praderías, y alimentar a las fuentes más abajo.
En el cerro de la Atalaya suele hacer siempre viento, sin embargo la mañana está tan tranquila que ni viento hace. Ese importante detalle nos hace sentarnos a almorzar ahí mismo, junto al vértice geodésico, disfrutando del sol y de las incomparables vistas al barranco del Poquiera, a sus tres blanquísimos pueblecillos y a toda la cresta de la cordillera desde el Mulhacén al Tajo de los Machos, pasando por el Veleta, con su hermosa capa de nieve. Solemos buscar siempre restaurantes con buenas vistas, pero este se lleva la palma.
Con la debida parsimonia nos asentamos y van saliendo las viandas. Ensalada y chacinas de aperitivo, tortillas y pulpo después, y carnes variadas luego, con cervecitas y vinos de Rioja, Cariñena, Bierzo y Campo de Borja. Para terminar, quesos, un bizcoflan de Jerónimo, unas pastas de Alhama, unas infusiones y unos orujitos. Una comida digna del entorno en el que nos asentábamos.
Con la alegría de los estómagos llenos y de los vinitos, las dos deidades del centro budista O SelLin con sus redondeces y pechos perfectos colmaron de satisfacción al menos a la parte varonil del grupo, con algún comentario acerca del efecto de semejantes estatuas en los recogidos y aislados monjes.
Cruzamos a la pista de Puente de Palo, bajamos a la casa forestal de Soportújar y Antonio nos metió por una sendita debajo de ella que nos llevó directamente al Dique 24 donde nos unimos a GR-7 en el tramo Soportújar-Cáñar.
Fotos varias de la cascada bajo el Dique 24 y plácido recorrido a Cáñar. Antonio nos dio unas vueltecitas por las callejuelas de  Cáñar antes de salir a la plaza de la iglesia con su bonita fuente.
Para terminar una cervecita en el bar de la esquina de la iglesia con una buena tapa de jugosa tortilla de patatas, y al salir hacia el aparcamiento, una espectacular puesta de sol pintada de rojo, naranja y amarillo. ¿Se puede pedir más?
 
Mapa de la ruta
 
Cáñar
 
Los primeros repechos
 
Embalse de Rules
 
Por el Camino de la Sierra
 
Vistas al Robledal de Cáñar y al Cerrillo Redondo
 
En las proximidades del Cortijo de las Alberquillas
 
Robles centenarios
 
Dejamos atrás la acequia de Barjas
 
por un repecho bastante inclinado
 
Llegando al carril por Puente Palo
 
Caballos al trote en el carril
 
Comenzamos el tramo por la acequia del Almiar
 
Acequia del Almiar a la escasa sombra de los robles invernales
 
Un invierno primaveral
 
En la Balsa del Almiar
 
Reflejo
 
Continuamos por la acequia con su vivo rumor del agua
 
Bajando hacia la Atalaya
 
Vinos
 
Panorámica del Bco. del Poqueira, Capileira y el Mulhacén
 
Vistas al Barranco del Poqueira
 
Om tare tuttare...
 
Montañas al oeste de Granada
 
Hermes budista
 
No es Nepal; son Las Alpujarras
 
Cerrillo Redondo
 
Cruzando el Río Chico
 
Sauce en flor
 
Dique 24
 
Llegando a Cáñar
 
Atardece
 
Y el cielo se enciende

domingo, 3 de febrero de 2019

MIERCOLES 6 DE FEBRERO: CANILLAS DE ACEITUNO, EL SALTILLO, COLLADO DE LOS CHARCONES


Participantes: Antonio de Sierra Nevada, Antonio Usieto, Antonio de Fornes, Manuel de Nerja, Manuel de Rincón, Miguel, Paco Hernando, Ricardo y Jesús.
Distancia recorrida: 16 km
Desnivel acumulado: 900 m

Desayuno en el bar El Cruce de Benamargosa. Aceptable y bien servidos en la mesa.
De vez en cuando buscamos una cosa nueva, algo que nadie conoce. Hoy era uno de esos días. Nuestro objetivo era intentar subir por el barranco del Saltillo a la senda que va del collado de las Lajas en Sedella a la senda de la Rábita en Canillas. Por eso habíamos invitado a Antonio de Sierra Nevada, para que nos ayudara en la búsqueda de salida del barranco y en los pasos difíciles.
El primer repecho era el del pueblo para alcanzar la acequia por la que va la senda. No es un repecho menor. Tomado así, en frío, de buenas a primeras, obliga a resoplar y a quitarse ropa. Una vez alcanzada la senda, antes de los corrales saliendo al Pico de la Tejeda, la caminata es un paseo llano disfrutando de las vistas sobre Canillas, sobre la zona del embalse de la Viñuela, sobre los pueblecillos e innumerables casitas esparcidas en todo el oeste del río Vélez y hacia el sur
La senda atraviesa los olivares del Mohay y la ladera de las Tormentas antes de entrar en los Pechos del Campanario donde la senda ha sido preparada con rejillas metálicas en el piso, barandillas y sirgas manteniendo esas estructuras, para salvar los pasos aéreos por donde la acequia iba. Uno se pregunta cómo construirían y mantendrían esa acequia por semejantes Pechos.
Las vistas al barranco y a su ladera izquierda son extraordinarias. Allí paramos una y otra vez a hacer fotos y a contemplar el agreste panorama. Una sendita preciosa. Hay que recorrerla.
Termina la senda en el cauce del barranco en unas cascadas y pozas muy bonitas. Mientras las admirábamos Antonio comenzó a explorar barranco arriba. Al cabo de un ratito vino diciendo que no había salida. Decidimos explorar una cañada de la ladera derecha por donde iban las tuberías. Antonio subió con Ricardo detrás mientras el resto esperábamos prudentemente su parecer. También vieron esa salida casi imposible. Y así terminó la parte de exploración de nuestra ruta.
Tornamos por la senda de la acequia, dejamos los Pechos del Campanario, y tomamos la ladera de las Tormentas hacia arriba dejando el cerro de Juan Zamora a la izquierda.
Hay huella de caminantes con algunos hitos, pero no senda. Antonio de Fornes dejó su impronta artística en algunos hitos especialmente elegantes, mientras ascendíamos buscando las zonas con menos matorral. Al llegar a la altura de la senda de La Rábita al Pico de la Tejeda paramos al Ángelus. Volvió la vieja costumbre de Ricardo de traer un poco de vino dulce para acompañar los dulces del Ángelus.
Por alargar el recorrido decidimos subir al collado de los Charcones y bajar luego al barranco de los Tajos Lisos. Tomamos pues la senda hacia arriba, por las Hazas, a buen ritmo, sudando un poco en la mañana primaveral, sin viento.
Pasamos el collado de la Gitana, la fuente de los Charcones con su fresca agua y en el collado de los Charcones nos entretuvimos en la cuevecita y en el pequeño torcalillo.
Entramos en el valle del barranco de la Cueva del Agua, descendiendo, por esa senda que la vegetación, sobre todo de aulagas, va dejando cada vez más estrecha. Esta senda es mucho más bonita que la de la Rábita, pero incomprensiblemente la mayoría de los caminantes van por esa para subir al Pico de la Tejada y ésta se está cegando.
En la cresta de la ladera de la Cueva del Agua Antonio de Fornes encontró un excelente rodal llano, sin vegetación, para comer. Nos aposentamos y tuvimos, como siempre, una de esas excelentes comidas. Lo mejor de ellas es la charla, distendida, abierta, tocando temas desde fútbol a política, con algún chistecillo entre medias, quitándonos la palabra de unos a otros, en fin, un rato agradabilísimo. La charla prosiguió loma abajo, pero es mejor dejar los temas y chascarrillos fuera de la crónica. Cuando las cosas quedan por escrito adquieren carta de naturaleza y más si se hacen públicas.
En el mirador de los Castillejos echamos otro ratito disfrutando de las vistas, de los tajos, del barranco de los Tajos Lisos…y de alguna puyita a cuento de las ganas de posar y salir en las fotos.
La tarde estaba calurosa. Alguien propuso tomar una cervecita fresca en Canillas, propuesta que se aceptó unánimemente y en el primer bar, en la plazuela donde solemos aparcar, nos sentamos en la terraza, a la sombra, en este mes de febrero que tan bien ha comenzado, para saborear una Alhambra.

Una ruta preciosa por las vistas y lo agreste del recorrido, y, sobre todo, por el buen ambiente del grupo. La investigación pretendida se quedó en agua de borrajas, pero pasamos un excelente día. De eso se trataba.

LA RUTA
CANILLAS DESDE LA ACEQUIA
CANILLAS DE ACEITUNO
LA ACEQUIA


AL FONDO LA MAROMA
MIRANDO EL BARRANCO DEL RÍO ALMANCHARES


EL SALTILLO DEL RIO ALMANCHARES



LA NUEVA PASARELA

DIBUJO DE ANTONIO
SUBIENDO DESDE LA ACEQUIA HACIA LA LADERA DE LAS TORMENTAS
ARTE EFÍMERO DE ANTONIO
POR LA LADERA DE LAS TORMENTAS

SUBIENDO POR LA SENDA DE LA RÁBITA HACIA EL COLLADO DE LA GITANA
LA FUENTE DE LOS CHARCONES
LLEGANDO AL COLLADO DE LOS CHARCONES
LOS VINOS

EN EL MIRADOR DE LOS CASTILLEJOS


CERVECITA EN CANILLAS DE ACEITUNO