domingo, 26 de marzo de 2017

Sábado 25 de marzo: Sª de las Nieves desde Quejigales


Participantes:  9
 Paco Ruiz, Paco Ponfe, Pilar, Jesús R., Manuel G.,  Paco Z., Ana,  Lucía L.  y Jerónimo
Distancia recorrida:
15 kilómetros
Desnivel de subida acumulado:
870 metros
Altura mínima: (Cortijo del Tamaral – 1.120 m)
Altura máxima: (Zona baja Cañada de las Ánimas – 1.420 m)
Tipo de recorrido:
Circular


Cada vez más, los pronósticos del tiempo se cumplen con el mismo grado de acierto que los de los sondeos electorales. Para este último sábado nos predecían para la Sierra de las Nieves agua a mansalva y tiempo fatal, lo que dio lugar a algún que otro desánimo y descuelgue. La realidad ha sido un día fresquito con algún viento y minuto y medio de chispeo. Hasta buenos momentos de sol nos acompañaron en algún tramo, incluido el rato de la comida.

            Dos coches fuimos a la Laja para el desayuno, uno de la costa occidental y Málaga y el otro del levante. Todavía no sabemos los años que Paco Ponfe ha cumplido porque ese dato se lo ha reservado, pero lo que si disfrutamos fue de su invitación. Quedamos convocados para el mismo día y a la misma hora del año que viene.

            El carril de acceso a los Quejigales está cada vez más bacheado en la parte de la tierra. La conducción hubo que tomársela con calma.

            Una vez en posición de partida Jerónimo nos planteó dos alternativas, una la clásica de la cañada del Cuervo y Torrecilla y otra nueva y circular para ver arroyos, cascadas, chorreras y tajos con plegamientos curiosos de estratos. Decidimos esta última y coincidimos que fue un acierto total por la belleza de los paisajes. Jerónimo nos confesó que le queda por escudriñar un rincón por allí cercano que, le han dicho, tiene una cascada enorme en épocas de agua. Debe de ser lo único que no conoce de la Sierra de las Nieves y ya mismo nos veremos por allí.

            Salimos andando junto al cortijo de los Quejigales buscando el arroyo Carboneras y pronto encontramos la primera cascada con sus pozas y belleza. De allí, fuimos por sendas más o menos marcadas, con subidas y bajadas no pronunciadas, girando con vistas a Ronda por entornos entre 1200 m y 1300 m, atravesando zonas despejadas y espacios de matorrales, a veces incómodos de pasar. Dimos con un par de cortijos ya derruidos, con sus eras y vestigios de la dura vida que cobijaron. En un cerro de piedra con plegamientos de estratos en forma de ángulos muy marcados, nos encontramos con la cueva Bermeja que forma un abrigo en la roca de gran tamaño, con zorro muerto incluido. Subimos a su parte más alta para la foto que Jerónimo nos hizo desde el cerro de enfrente, y continuamos subiendo y bajando tajos hasta la siguiente chorrera de varios escalones que, ciertamente, en época de aguas abundantes, debe de ser una maravilla mayor.

            Caminando por los canchales pelados y con minuto y medio de chispeo, nos acercamos a varios barrancos enormes, con tajos muy verticales de estratos dislocados y cauces de  arroyo, despeñándose en escalones de poza en poza. Un auténtico disfrute para la contemplación.

            Sin permiso de Jerónimo, al que tanto le gusta caminar por la montaña sin observadores, apareció un solitario montañero a lo lejos que iba, en sentido contrario, haciendo otra ruta por aquellos parajes. ¡A lo que estamos llegando!

            Poco a poco, girando con vistas al Peñón de Ronda, fueron apareciendo algunos pinsapos aislados de enorme porte, y escasas encinas de gran tamaño que se han librado del hacha, incluido un espectacular enebro que, a lo lejos, parecía una sabina. Tras pasar por un par de derruidos cortijos en medio de la nada, paramos a comer en campo abierto con algo de viento y reconfortante solecito. La comida, como siempre, divertida y relajante, variedad de menúes y generoso el cloroformo. Jesús con su bocata habitual y contándonos que ya solo le queda el examen práctico para su carnet de conducir. Aún sin las  bendiciones oportunas, disfrutamos del té de Lola Valle en su nuevo termo y tras un breve descanso que nos regalaron porque íbamos bien de hora para la vuelta, iniciamos la subida buscando la senda que Jerónimo tenía localizada más arriba, con vistas al tajo del Canalizo. Aquí comenzaron las quejas esperadas porque tocaba subida después de comer. “Solo eran 100 m de desnivel y ya está”. Entre algún que otro refunfuñe, la tropa fue subiendo monte a través en medio de un gran pinsapar hasta alcanzar la senda prometida, tras más del doble del desnivel avisado, pero felices y contentos. Jerónimo volvió a derrochar la paciencia que le caracteriza, sentenciando que solo a él se le quejan en estos casos pero “no a otros”.

            Llaneando por el carril en que se transforma la senda de vuelta, avanzamos por la zona del barrizal bajo la cañada de las Ánimas que tanto le gusta a Jerónimo y que Pilar detesta, hasta que llegamos de nuevo a los coches, antes de las seis de la tarde, porque Pilar tenía turno de noche en su trabajo.

            Por varias zonas, Jerónimo y Paco Ruiz fotografiaron los narcisos que fueron apareciendo, pero fue en este último recorrido en donde vimos praderillas de grandes ejemplares muy bonitos.

            Al final, en la despedida, y haciéndonos eco de los ruegos y preguntas de la epístola que Lola Valle nos ha dirigido en el blog, se concretó que en honor a las Lolas, la próxima salida será con bosque potente para disfrute, solaz y carga de energía positiva.

 
P.D. (y a petición del interesado y autor de esta crónica): En algún momento, volaron cabras monteses entre los riscos y saltaron buitres por los aires ¿o fue al revés?


Bajando hacia  el Arroyo Carboneras

Cascada en el arroyo

Grupo en el Cortijo de Carboneras

Cruzando una zona llana y despejada

Tajo de Pompeyo

Dando vistas a Ronda

Acercándonos a Cueva Bermeja

Desde el interior de la covacha

Un ejemplo perfecto de plegamiento

En la cima de la cresta de Cueva Bermeja

Horizontes al norte de la Sª de las Nieves

Narcissus baeticus

Grupo bajo una chorrera

Chorrera y pozas

Junto a un pinsapo solitario

Donde se unen geología y botánica

Contemplando un paisaje de cerros pelados y enormes pinsapos

Grupillo de viejos pinsapos

A uno y otro lado del barranco

Viola demetria - Violeta africana

Vértigo ajeno

Por senderillos de cabras y ovejas

El barranco desde la loma de enfrente

Llegando al carril que va al Cortijo del Sabinal Alto

Nos acercamos al Cortijo de Majada Vieja

Cruzando el arroyo

Subiendo desde el Cortijo de Majada Vieja entre aulagas en flor

Dando vistas al Tajo del Canalizo

En el Cortijo del Tamaral

Vinos

Arroyo de la Higuera, tributario del río Turón

Pinsapos dispersos y en expansión

El Tajo del Canalizo cada vez más cerca

Cruzando una zona de roca rojiza

El paisaje y la cuesta nos hace pararnos

No es pinsapo, es enebro

Por el pinsapar de los Hoyos de la Caridad

Narcissus bugei

24 de marzo: Robledal - Pico de la Tejeda

Participantes: Jorge y Bea, Augusto y Charo, Victoria, Manolo de Alcaucín, Pepe, Antonio Usieto, Miguel y Jesús; y Darwin-Bigotes.
Distancia recorrida: 16,8 km
Desnivel acumulado: 1100 m

 
Una calurosa bienvenida de la Vinoteca para nuestros amigos granadinos: Jorge, Bea, Augusto y Charo; y a Manolo.

Las previsiones del tiempo eran malas: lluvia a partir de las 11 y frío desde por la mañana. Como para no salir. Pero el que se siente montañero va a sus caminatas bastante independientemente del tiempo. Y allá que fuimos.

Nos juntamos en La Alcaicería y de allí al Robledal Alto. Toda la explanada que solemos emplear para aparcamiento estaba llena d ramas y troncos, tractores y camiones. Estaban realizando una buena entresaca de pinos y cedros, y esa zona era el lugar de acopio de la madera. Aparcamos detrás, al lado del área de acampada, y de allí comenzamos por el carril a los Barracones entre árboles caídos, ruido de motosierras, y mulos y caballos acarreando troncos.

Comenzábamos con tiempo agradable, frío pero sin viento, y poco nuboso. Pasamos por los corrales de Martín, por el Contadero, y en el cerro de los Pilones paramos a recuperar el resuello y a contemplar el panorama. Arriba, por el pico de la Tejeda, comenzaba a nublarse. Por los collados de Rojas ya la niebla había cubierto las cumbres desde la Lobera hacia arriba y el frío se dejaba sentir. Con el acicate del frío subimos con rapidez por el Salto del Caballo y en la Lobera comentamos si meternos en la niebla y seguir, a sabiendas de que no tendríamos visibilidad alguna, o volver. Decidimos seguir. ¿Quién dijo miedo?

Claro, perdimos las preciosas vistas de Tajo Volaero y agrupados para no despistarnos, entre la niebla, llegamos al monolito del Pico de la Tejeda un poco antes de las 12. Estábamos a - 4,4ºC. Las fotos de rigor junto al monolito, una visita rápida a la sima de la Maroma y vuelta por donde habíamos venido con algunos copitos de vez en cuando.

Antes de llegar a la Lobera decidimos visitar la Tacita de Plata pues Manolo fue el albañil que la preparó junto con Pedro Aguilar. Nos explicó la obra y el esfuerzo de subir hasta allí cargado con los materiales y las herramientas. Volviendo de la Tacita comenzó a nevar con rasmia. Eran unos copos esféricos, novedosos para todos. Parece que se forman por acreción al tocar un copo gotitas de agua sobreenfriadas. La nevada fue a más mientras bajábamos por el Salto del Caballo, cubrió todo el suelo rápidamente y en ese entorno frío, silencioso, con el repiqueteo de los copos en el impermeable y el crujir de la nieve bajo las botas, nos sentimos dichosos de disfrutar una más de las maravillas de la Naturaleza.

Antes de los corrales de Martín dejó de nevar, salió el sol y con él llegamos hasta los coches que tenían también su capita de nieve.

Y con los coches a Alcaucín, a casa de Pedro, donde nos esperaban hacía rato Pedro, Paco, Antonio de Fornes, Miguel y María Jesús. Preparamos los aperitivos, se sirvieron las migas, se abrieron cervezas y vinos, todo en un ambiente estupendo de camaradería. Las migas se acompañaron de ensalada cateta, jamón, gambas, morcilla, ajo bacalao, tomate, aguacate, pan casero de Antonio…, y quizá alguna cosa más. Con ese ambiente la candela ni se necesitaba, aunque allí seguía crepitando.

Estas reuniones son germen de otras. Y así paso. Jorge anunció que tenía preparada una rutita por las acequias entre Mecina y Yegen con parada posterior en su casa. Tomamos buena nota y con ese señuelo en perspectiva nos dimos un abrazo y cada mochuelo a su olivo.
 
Debajo del Contadero
 
El grupo en el Cerro de los Pilones
 
En el Collado de Rojas
 
Hacia el Collado Loberas
 
En el Pico de la Tejeda -4ºC
 
Nieva bajando de La Lobera
 
Por la senda bajo en Salto del Caballo
 
Sigue nevando
 
Por el pinar nevado
 
En los Corrales de Martín con sol
 
Preparando el ágape en casa de Pedro
 

jueves, 16 de marzo de 2017

Salida 18 de marzo: El Acebuchal - Vuelta al Lucero por la Cresta de los Civiles


Participantes:  8
 Paco Ruiz, Lola V., Nori, Carlos, David,  Paco Z., Jesús C.  y Jerónimo
Distancia recorrida:
25,5 kilómetros
Desnivel de subida acumulado:
1.350 metros
Altura mínima: (Acebuchal, 500 m )
Altura máxima: (Puerto Llano  - 1.541 m)
Tipo de recorrido:
Circular, con un pequeño tramo de ida y vuelta

Desayuno en la gasolinera de Nerja. Allí nos esperaba Fali, como ya es habitual, desayunando su café y tostada, porque ya las cabras y pájaros le iban a echar en cara que llegaba tarde. Aún así  tuvimos un buen rato de charla y con más tranquilidad que otras veces salimos a nuestros destinos.

Aparcó Paco Ruiz justo al comienzo del sendero en el arroyo del Acebuchal. Echó el coche un poco hacia delante para dejar sitio a Jerónimo, quien llegó, lo puso allí…, pero no le gustó el sitio porque, según él, había riesgo de que le cayera alguna piedra al coche. Nadie veíamos ese riesgo, pero él sí. Buscó otro aparcamiento cerca del cartelón con la historia del Acebuchal; tampoco le gustó. Pasó a la curva del carril, tampoco. A la entrada hacia el Acebuchal, tampoco. Al final, lo dejó en el primer sitio porque un camión le impedía el paso para haber ido al aparcamiento de la ermita. Claro, cuando aparcó, los demás ya llevábamos un rato aguardando con las mochilas puestas y las niñas se estaban quedando ateridas.

Dejamos pues a Jerónimo calzándose las botas y emprendimos la marcha por el arroyo, sobre su mullido suelo arenoso, seguros de que Jerónimo en un santiamén nos alcanzaría. Tomamos el sendero que sale del arroyo hacia el carril a Páez Blanca, pasamos por venta Cebollero y en la pista hacia Cómpeta nos despojamos de ropa porque el sol pegaba bien. La pista hacia el Daire se nos hizo interminable. Ya no nos acordábamos de las vueltas y revueltas que da la pista siguiendo todas las barranqueras y recovecos que bajan del cerro Panizo.

El barranco del Mirlo traía su buen chorro de agua aunque la fuente estaba seca. Y lo mismo pasa en el barranco Zarzalillo. La subida al cortijo del Mirlo con sus manantiales pero sin zarzas que impidieran el paso. En el cortijo tomamos la vereda a la cresta de los Civiles que separa los valles del Daire y del Higuerón. La senda se las trae por lo empinada y por el piso de piedras sueltas que se van a cada paso. Nori se puso la primera y con buen ritmo nos llevó a los demás con la lengua afuera. Después la sustituyó David, como si de una carrera de relevos se tratara, y él fue quien nos llevo al collado de los Bojes cuyos pinillos veíamos tan lejanos cuando estábamos en la pista. Era un poco antes de las 12 y subimos un poco más hasta el cerro de los Bojes donde nos reagrupamos e hicimos el Ángelus.

Cruzamos el sube y baja antes del collado Bartolo y, antes del paso dificultoso debajo del Lucerillo nos volvimos a reagrupar. Paco Ruiz, que conoce el monte y tiene un instinto especial para buscar los pasos, nos guió hasta reencontrar la senda al otro lado del paso difícil. Aquí habría que poner una cadena.

Bajamos hacia el barranco Zarzalillo y sin llegar al cauce tomamos hacia arriba por una mal marcada senda en dirección a Puerto Llano. La senda se perdió, nos dispersamos y Paco Ruiz fue quien mejor acertó la subida sin necesidad de llegar a la base del Lucerillo.

De Puerto Llano al collado Cácines nos parecía un paseo dominguero, hacia abajo y por senda marcada y mullida. Cerca ya de Cácines oímos el correr del agua en el barranquito de Puerto Llano. Allí mismo nacía fresquita y límpida. La aprovechamos para rellenar las botellas y con esa paradita y refresco subimos hacia el mirador del Agua. Siempre nos preguntamos por la razón del nombre cuando allí no hay agua por parte alguna. Continuamos por la solana de los Moriscos y en el collado de los Moriscos paramos a comer un poco protegidos del vientecillo. Cuatro vinos, dos cervezas, dos tés y un montón de comida de todo tipo. Quesos y unas trufitas para terminar echando de menos los colutorios de Manolo. El té de Lola venía frío cuando siempre quemaba. Parece que el termo ha llegado al fin de sus días y requiere renovación. Lola tiene que buscar otro que le dure otros 35 años.

Con la barriga llena y las piernas frías nos costó subir a cerro Blanquilla, pero desde allí ya todo era bajada, primero al puerto de Frigiliana y luego por el barranco de las Angustias. Este barranco sorprende siempre por la belleza de sus escarpes, de sus pináculos, de sus formas de erosión y gargantas. Y por lo bien trazada que está la senda aprovechando los pasos de las cañadas y las trochas. Dejamos atrás los restos de la venta de las Angustias, la fuente homónima sin agua también y en el barranco del Atajo, junto al comienzo de la sendita a venta Panaderos, nos refrescamos con el nacimiento de agua que suele ser fijo allí.

La pista nos llevó por los restos de venta Camila y la cruz de Simón a Puerto Blanquillo donde tomamos el barranco Cebollero. Debajo de la venta Cebollero exploramos una sendita abierta al arroyo del Acebuchal. Perfecta. Húmeda porque hay rezumaderos de agua, con mucha vegetación que llega en algunos puntos a formar un túnel. Mucho mejor que la bajada tradicional desde la pista.

Recorrido exigente por la longitud, por el desnivel, pero que nos dejo satisfechísimos por su belleza en medio de esa Almijara tan intrincada y escarpada. Tenemos que buscar la oportunidad de poner una cadena en el paso difícil debajo del Lucerillo.

Mapa de la ruta
 
Por la Venta Cebollero
 
Helichrysum stoechas
 
Linaria amoi
 
Anthyllis tejedensis
 
Fotografiando el Daire
 
En la subida hacia la Cresta de los Civiles
 
En un pináculo de roca
 
Cuestión de perspectiva
 
Dos pinos solitarios
 
Subiendo al Cerro de los Bojes
 
Arisca Almijara en contraste con la redondeada Tejeda
 
Un momento de bajada
 
En el Collado Bartolo, con el Lucero y el Lucerillo de fondo
 
Remontando las laderas del Lucerillo
 
Un paso delicado
 
Y otro más
 
En el Puerto Llano con el Lucero de fondo
 
Hacia el Collado Cacines, por sendero y atajo
 
Grupo en el Mirador del Agua
 
Vinos y Lucero
 
Bajando hacia el Pto. de Frigiliana, con el Cerro de los Machos al fondo
 
Por el Barranco de las Angustias
 
Arenaria montana
 
Cerro del Cisne
 
Polygala rupestris
 
Iberis...
 
Hippocrepis scabra