Participantes: 9
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Paco Ruiz, Paco Ponfe, Pilar, Jesús R., Manuel
G., Paco Z., Ana, Lucía L. y Jerónimo
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Distancia recorrida:
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15 kilómetros
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Desnivel de subida acumulado:
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870 metros
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Altura mínima: (Cortijo del Tamaral – 1.120 m)
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Altura máxima: (Zona baja Cañada de las Ánimas – 1.420 m)
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Tipo de recorrido:
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Circular
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Cada vez más, los pronósticos del
tiempo se cumplen con el mismo grado de acierto que los de los sondeos
electorales. Para este último sábado nos predecían para la Sierra de las Nieves
agua a mansalva y tiempo fatal, lo que dio lugar a algún que otro desánimo y
descuelgue. La realidad ha sido un día fresquito con algún viento y minuto y
medio de chispeo. Hasta buenos momentos de sol nos acompañaron en algún tramo,
incluido el rato de la comida.
Dos
coches fuimos a la Laja para el desayuno, uno de la costa occidental y Málaga y
el otro del levante. Todavía no sabemos los años que Paco
Ponfe ha cumplido porque ese dato se lo ha reservado, pero lo
que si disfrutamos fue de su invitación. Quedamos convocados para el mismo día
y a la misma hora del año que viene.
El
carril de acceso a los Quejigales está cada vez más bacheado en la parte de la
tierra. La conducción hubo que tomársela con calma.
Una
vez en posición de partida Jerónimo nos planteó dos alternativas, una la
clásica de la cañada del Cuervo y Torrecilla y otra nueva y circular para ver
arroyos, cascadas, chorreras y tajos con plegamientos curiosos de estratos.
Decidimos esta última y coincidimos que fue un acierto total por la belleza de
los paisajes. Jerónimo nos confesó que le queda por escudriñar un rincón por
allí cercano que, le han dicho, tiene una cascada enorme en épocas de agua.
Debe de ser lo único que no conoce de la Sierra de las Nieves y ya mismo nos
veremos por allí.
Salimos
andando junto al cortijo de los Quejigales buscando el arroyo Carboneras y
pronto encontramos la primera cascada con sus pozas y belleza. De allí, fuimos
por sendas más o menos marcadas, con subidas y bajadas no pronunciadas, girando
con vistas a Ronda por entornos entre 1200 m y 1300 m , atravesando zonas despejadas y espacios
de matorrales, a veces incómodos de pasar. Dimos con un par de cortijos ya
derruidos, con sus eras y vestigios de la dura vida que cobijaron. En un cerro
de piedra con plegamientos de estratos en forma de ángulos muy marcados, nos
encontramos con la cueva Bermeja que forma un abrigo en la roca de gran tamaño,
con zorro muerto incluido. Subimos a su parte más alta para la foto que
Jerónimo nos hizo desde el cerro de enfrente, y continuamos subiendo y bajando
tajos hasta la siguiente chorrera de varios escalones que, ciertamente, en
época de aguas abundantes, debe de ser una maravilla mayor.
Caminando
por los canchales pelados y con minuto y medio de chispeo, nos acercamos a
varios barrancos enormes, con tajos muy verticales de estratos dislocados y
cauces de arroyo, despeñándose en
escalones de poza en poza. Un auténtico disfrute para la contemplación.
Sin
permiso de Jerónimo, al que tanto le gusta caminar por la montaña sin
observadores, apareció un solitario montañero a lo lejos que iba, en sentido
contrario, haciendo otra ruta por aquellos parajes. ¡A lo que estamos llegando!
Poco
a poco, girando con vistas al Peñón de Ronda, fueron apareciendo algunos
pinsapos aislados de enorme porte, y escasas encinas de gran tamaño que se han
librado del hacha, incluido un espectacular enebro que, a lo lejos, parecía una
sabina. Tras pasar por un par de derruidos cortijos en medio de la nada,
paramos a comer en campo abierto con algo de viento y reconfortante solecito. La
comida, como siempre, divertida y relajante, variedad de menúes y generoso el
cloroformo. Jesús con su bocata habitual y contándonos que ya solo le queda el
examen práctico para su carnet de conducir. Aún sin las bendiciones oportunas, disfrutamos del té de Lola Valle en su nuevo termo y tras un breve
descanso que nos regalaron porque íbamos bien de hora para la vuelta, iniciamos
la subida buscando la senda que Jerónimo tenía localizada más arriba, con
vistas al tajo del Canalizo. Aquí comenzaron las quejas esperadas porque tocaba
subida después de comer. “Solo eran 100 m de desnivel y ya está”. Entre algún que
otro refunfuñe, la tropa fue subiendo monte a través en medio de un gran
pinsapar hasta alcanzar la senda prometida, tras más del doble del desnivel
avisado, pero felices y contentos. Jerónimo volvió a derrochar la paciencia que
le caracteriza, sentenciando que solo a él se le quejan en estos casos pero “no
a otros”.
Llaneando
por el carril en que se transforma la senda de vuelta, avanzamos por la zona
del barrizal bajo la cañada de las Ánimas que tanto le gusta a Jerónimo y que
Pilar detesta, hasta que llegamos de nuevo a los coches, antes de las seis de
la tarde, porque Pilar tenía turno de noche en su trabajo.
Por
varias zonas, Jerónimo y Paco Ruiz fotografiaron los narcisos que fueron
apareciendo, pero fue en este último recorrido en donde vimos praderillas de
grandes ejemplares muy bonitos.
Al
final, en la despedida, y haciéndonos eco de los ruegos y preguntas de la
epístola que Lola Valle nos ha
dirigido en el blog, se concretó que en honor a las Lolas, la próxima salida
será con bosque potente para disfrute, solaz y carga de energía positiva.
P.D. (y a petición del interesado
y autor de esta crónica): En algún momento, volaron cabras monteses entre los
riscos y saltaron buitres por los aires ¿o fue al revés?
Bajando hacia el Arroyo Carboneras
Cascada en el arroyo
Grupo en el Cortijo de Carboneras
Cruzando una zona llana y despejada
Tajo de Pompeyo
Dando vistas a Ronda
Acercándonos a Cueva Bermeja
Desde el interior de la covacha
Un ejemplo perfecto de plegamiento
En la cima de la cresta de Cueva Bermeja
Horizontes al norte de la Sª de las Nieves
Narcissus baeticus
Grupo bajo una chorrera
Chorrera y pozas
Junto a un pinsapo solitario
Donde se unen geología y botánica
Contemplando un paisaje de cerros pelados y enormes pinsapos
Grupillo de viejos pinsapos
A uno y otro lado del barranco
Viola demetria - Violeta africana
Vértigo ajeno
Por senderillos de cabras y ovejas
El barranco desde la loma de enfrente
Llegando al carril que va al Cortijo del Sabinal Alto
Nos acercamos al Cortijo de Majada Vieja
Cruzando el arroyo
Subiendo desde el Cortijo de Majada Vieja entre aulagas en flor
Dando vistas al Tajo del Canalizo
En el Cortijo del Tamaral
Vinos
Arroyo de la Higuera, tributario del río Turón
Pinsapos dispersos y en expansión
El Tajo del Canalizo cada vez más cerca
Cruzando una zona de roca rojiza
El paisaje y la cuesta nos hace pararnos
No es pinsapo, es enebro
Por el pinsapar de los Hoyos de la Caridad
Narcissus bugei






