jueves, 3 de septiembre de 2015

Salida sábado 5 de septiembre: Río Chíllar

Ida por la acequia y vuelta por el río; o al revés, como al personal guste.
Desayuno en la gasolinera de Nerja a las ocho. Plaza de la Axarquía, ocho menos veinte.

viernes, 28 de agosto de 2015

Eslovenia - Agosto 2015

Día 3: Kobarid - Río Soča - Garganta de Tolmin
 
Primer día, propiamente dicho, por Eslovenia.
Después de desayunar, el microbús nos traslada desde Tolmin hasta Kobarid - Caporetto en italiano- zona fronteriza entre Italia y el Imperio Austrohúngaro a principios del siglo XX y lugar donde tuvo lugar una de las batallas más duras y sangrientas de la I Guerra Mundial. Ernest Hemingway, como conductor de ambulancias del ejército italiano, recogió sus experiencias en el libro Adiós a las armas.
 
Kobarid, donde visitamos el museo de la I Guerra Mundial y un mausoleo dedicado a los miles de muertos del bando italiano.

Tras estas visitas, nos internamos por una vereda por bosques para visitar los restos de una fortificación y bajar después al río Soča.

Senda en el hayedo

Por las trincheras de la I Guerra Mundial

Río Soča, de aguas azules y frías, muy frías - sobre unos 12ºC. A pesar de ello, después de comer, Ana y Paco P. se dieron un chapuzón. Los demás nos conformamos con meter los pies y algunos ni eso.

Cascada de Kozjak

Caminando por el río Kozjak, afluente del Soča

Tras el baño de algunos, nos trasladamos de nuevo a Tolmin, para ver la Tolminska korita -Garganta de Tolmin-, dentro ya del Parque Nacional del Triglav.
Esta es una garganta estrecha y muy verde, en la que la sensación de humedad y bochorno era de selva tropical. La garganta tiene forma de Y, recorrida por dos ríos. En uno de ellos, bajo una de las paredes, brotan aguas "termales" a 18ºC (El río está a unos 10ºC).

Bajo el Puente del Diablo. De la pared del fondo brota el agua "caliente".

Medvedova glava (cabeza de oso), una piedra encajada en la garganta.

Río Zadlaščica, afluente del Tolminska
 
A la vuelta, por encima de la garganta, visitamos Zadlaška jama, la cueva de Dante, donde el poeta italiano situaba una de las entradas al infierno.
 
 
Día 4: Pto de Vršič – Slemenova Špica

Distancia recorrida: 5,7 Km
Ascenso:  418 m                                Descenso: 418 m
Altura mínima: Pto. Vršič  1611 m     Altura máxima: Slemenova Špica 1911 m

El microbús nos traslada desde Tolmin hasta Kranjska Gora, pasando por el puerto de Vršič, desde donde tenemos previsto hacer una ruta hasta el Slemenova Špica.

 
Antes de llegar al puerto, nos paramos a ver esta estrecha y preciosa garganta, la Velika korita Soče, en el Valle de Trenta, justo antes de subir al puerto.

Crestas a un lado del Pto. de Vršič

Y estas eran las vistas hacia el otro lado.

En el Pto. de Vratca, con el Mojstrovka al fondo.

Subiendo hacia el Slemenova Špica

En la cima, con el pico Jalovec de fondo

Junto a una charca, donde estuvimos haciendo el ángelus esloveno (barritas y frutos secos) y distraídos con una libélula y unos tritones.

Bajo un gran alerce

Bajando hacia el puerto

Llegando al Pto. de Vršič, con nuestra Sandi esperando

Refugio restaurante bajo las crestas del Prinsak

Lago junto al río Pisnica y a Kranjska Gora, donde algunos se dieron un baño a pesar del agua fresca... muy fría.
 

Día 5: Kranjska Gora – Planica – Valle de Tamar

Distancia recorrida: 22 Km
Ascenso:  420m                                    Descenso: 420 m
Altura mínima: Kranjska Gora 780  m
Altura máxima: Refugio Dom V Tamarju 1120 m

Podkoren; al lado, en una zona de juncos, uno de los nacimientos del río Sava Dolinka, uno de los principales afluentes del Danubio

Grupo en una pradera llena de flores

Entre prados y bosques

Bosques: ocupan el 66% de la superficie, siendo el tercer país con más bosques de Europa. En ellos se mezclan especies caducifolias con árboles de hoja perenne, aportando variedad y colorido, sobre todo en otoño, siendo el hogar de la mayor población de osos pardos del continente, aunque nosotros no nos tropezamos con ninguno.

Praderas, grandes árboles y de fondo, las moles calizas de los Alpes Julianos

Una de la varias pistas, de todos los tamaños, de salto de esquí de Planica, donde se celebran pruebas  mundiales y donde estuvimos un rato entretenidos viendo saltar a grandes y pequeños, entrenando sobre pistas que, a falta de nieve, están cubiertas de una especie de césped artificial.

Impresionantes crestas y pedreras que bajan del pico Jalovec (2.645m), al fondo del Valle de Tamar. Muchos en Eslovenia, consideran a esta montaña la más bonita del país.

Foto de grupo con el Jalovec cerrando el horizonte

El otro nacimiento del Sava Dolinka. Brota en una de las paredes que cierran el Valle de Tamar, desciende durante unos cientos de metros y desaparece bajo tierra, para volver a rebrotar cerca de Kranjska Gora.

Junto a un hormiguero en medio del bosque. Enorme y lleno de hormigas que se nos subían por todos lados. No se podía tocar mucho; solo para la foto.

Pasando junto a un secadero de hierba. Es una imagen habitual de los campos eslovenos. La hierba, recién segada, se cuelga aquí durante varios días para que se seque, antes de almacenarla.
 

Día 6: Valle de Krma - Triglav

Distancia recorrida: 12,5 Km
Ascenso:  1.940 m                                  Descenso: 500 m
Altura mínima: Valle Krma 970  m          Altura máxima: Triglav  2.864 m

Muy tempranito, después de media hora de autobús desde Kranjska Gora, comenzamos nuestro primer día de travesía en el Valle de Krma, un valle glacial cubierto por un extenso hayedo y rodeado de paredes verticales de más de mil metros.
Aparte de Sara, nuestra guía habitual (dicho sea con cariño), nos acompaña Rados, un guía de alta montaña, que nos llevará en la parte final de subida al Triglav.

La noche anterior, en el hotel de Kranjska Gora, Rados nos había explicado como era esta subida y nos había puesto una presentación con fotos detalladas de la misma. Al salir, más de uno llevábamos la sensación de "¡Madre mía, donde nos vamos a meter!"

Saliendo a la zona soleada, después de casi una hora subiendo por el hayedo.

Foto de grupo en una pradera, donde los alerces han sustituido a las hayas.

La luna se resiste a esconderse

Hacemos una parada de avituallamiento en el refugio de Prgarca, donde damos cuenta del picnic que nos habían puesto en el hotel y de parte de la ingente cantidad de barritas, ciruelas-pasas, frutos secos... que nos habíamos traído de España: aligerando peso.

Estas nos miran como diciendo: ¿dónde irán estos locos?

En Konjsko Sedlo (Collado, puerto de montaña), donde hicimos una parada de agrupamiento.

Piano, piano, si va lontano

El Triglav, con dos de sus tres cimas. En esloveno, Triglav significa tres cabezas, y es esta montaña todo un símbolo en Eslovenia y como tal aparece en su escudo y en la moneda de 50 cts.

Llegando al refugio de Dom Planika, a 2.400 m

Este es uno de los refugios que se toman como base para ascender al Triglav y suele estar muy concurrido. A estas alturas, en terreno calizo y con las escasas lluvias de este verano, el agua es todo un lujo: no hay duchas, los servicios del exterior huelen que alimentan (el que había en el interior no lo vimos) y el agua embotellada a 4,40 € el litro y medio. Caro si miramos solo el precio, pero no tanto si pensamos que todo lo traen en helicóptero, como pudimos comprobar en vivo y en directo a la mañana siguiente. El resto de las instalaciones estupendas (para un refugio de montaña) y la comida bastante buena, casera y contundente.

Y empezamos nuestra subida al Triglav. Tere, Pilar y Carmen la de Burgos, junto con Sara, se han quedado en el refugio. Nosotros, junto a Rados, comenzamos a subir poniendo los cinco sentidos, con ganas y algo de miedo, sobre todo después de ver al guía ponerse casco, arnés, colgarse varias cuerdas... y nosotros a cuerpo descubierto y mirándonos unos a otros y pensando: "¿Dónde va este así? ¿Dónde vamos nosotros?

La subida es vertical y aérea, pero las partes más expuestas y complicadas están cableadas o tienen clavijas donde agarrarse lo que nos va dando seguridad.

Llegamos a Mali Triglav (el pequeño Triglav) y se nos abre el panorama a derecha, izquierda y a nuestra espalda.

De frente, una larga y estrecha arista une los dos picos.

Toda la arista está cableada y en muchos puntos solo pasa una persona a la vez, por lo que de vez en cuando tenemos que parar para dejar paso a los que bajan o nos lo dejan a nosotros. A izquierda y derecha mejor no mirar mucho: una caída casi vertical de varios cientos de metros.

Y por fin llegamos a la cima, donde Rados nos espera cuerda en mano para darnos los azotes de rigor, y eso que no somos eslovenos. Uno a uno, todos recibimos como manda la tradición eslovena para aquellos que suben por primera vez, pero no a todos nos zurró por igual: ¡Ay, Grey! Perdón, Rados.

Foto de grupo en la cima, junto al característico Aljažev stolp (torre de Aljaž), refugio metálico que puede servir para protegerse en caso de tormenta. Fue levantado el 7 de agosto de 1895 por Jakob Aljaz, un sacerdote de la zona. Su estructura  fue construida por A. Belec de Sainte-Vit y restaurada en 1922 por Alojz Knafelc, quien le añadió la bandera eslovena.

En la bajada, donde se aprecia la larga cresta que une los dos picos y uno de los pasos más verticales y expuestos.

Después de tres horas y pico, casi cuatro, tenemos el refugio de Dom Planika a tiro de piedra, pero no hay que descuidarse que aún quedan tramos delicados.

Por fin abajo, habiendo disfrutado con la subida y la bajada, cargados de energía, nos disponemos a cenar y pasar nuestra primera noche de refugio. Al caer el sol, las montañas que rodean el Valle de Krma nos enseñan sus afiladas crestas.
 
Nota a pie de día: (Traducción libre del esloveno) Rados a Sara: ¿Qué edad tiene esa señora? - (...) Imposible. Ha subido como una moto. Si la dejo, me adelanta.
 
 
Día 7: Refugio Dom Planika- Pico Kanjavec – Refugio Prehodavcih

 Distancia recorrida: 11 Km
Ascenso:  625 m                                  Descenso: 940 m
Altura mínima: 2.005 m Lago Rjavo     Altura máxima: Pico Kanjavec  2.569 m

Comenzamos la jornada bajando

La fila se alarga y dirige al puerto que se ve al fondo

Sara no se acordaba de algunos tramos un poco delicados pero que aquí siempre encontraremos con cables, clavijas o cualquier otro elemento que nos dé seguridad.

Paso con clavijas dirección Dolič

La senda sube decidida por una enorme pedrera hasta el collado.

Refugio de Dolič, con el pico Razor al fondo

Llegando al collado empiezan a venir nubes que poco a poco van cubriendo el Triglav.

Pequeño descanso en el puerto para afrontar la subida al Kanjavec

Hacia el oeste, los picos de Vrsak, y a sus pies un paisaje calizo que más parecía lunar pero que escondía entre sus piedras verdaderos tesoros en forma de flores.

Por la cresta de subida al Kanjavec, que por momentos, me recordaba la subida al Fraile.

En la cima, el grupillo que ascendimos, menos el de la foto.

Los senderos en Eslovenia están marcados con un círculo rojo con fondo blanco que, según un folleto que cayó en mis manos, recuerdan las manchas que en las alas posteriores tienen las mariposas Parnassius apollo

Tras bajar por la morrena del glaciar que un día hubo por esta zona y del que queda constancia en la infinidad de pedruscones y en las paredes pulimentadas de algunas montañas, llegamos al  Rjavo jezero (lago Marrón), donde refrescamos nuestros pies y no más, pues al igual que en otras zonas montañosas protegidas, como por ejemplo Sª Nevada, está prohibido el baño en los lagos.

Llegando al refugio de Prehodavcih, sobre las dos de la tarde. Trámites para asignar literas y después una buena y fresca cerveza y unas salchichas con guarnición que paraban un tren. Eran como dos salchichas unidas que pesarían cada una casi un cuarto de kilo. Ricas, ricas pero de las que nos quedó a algunos recuerdos en forma de ardores que por suerte no fueron a más.

Tras descansar un rato, algunos nos fuimos a dar una vuelta por los alrededores y disfrutar del paisaje, pues el refugio se encontraba en una especie de nido de águilas rodeado de tajos y picachos por todos lados.

Esta caída se encontraba a escasos cien metros del refugio y nos sorprendió como sobre las diez de la noche alguien andaba con un frontal por el pico que se ve a la derecha. ¡De locos!

Con Paco Z., dando un paseo hidrogeológico-botánico-faunístico, hasta el lago Pod Vrsacem.

El Triglav asoma entre las montañas todavía al sol de la tarde y con gente en su cumbre.

Macho de Capra ibex, el íbice o cabra montés de los Alpes, mucho más robusta que la nuestra
 

Día 8: Refugio Prehodavcih – Refugio Komna

Distancia recorrida: 14 Km
Ascenso:  375 m                           Descenso: 920 m
Altura mínima: 1472 m Cercanías Refugio Komna
Altura máxima: Refugio Prehodavcih 2.071 m

Sobre las siete, abandonamos nuestras literas y nos diponemos a afrontar un nuevo día con un desayuno a base de un buen pan de rebanada enorme que para nuestra desgracia no pudimos acompañar de un mejor aceite de oliva. Mantequilla y mermelada es lo que toca y un café con más o menos leche.
 
Aseos varios, recogida y recomposición de mochilas y sobre las ocho y media, vuelta al camino, esta vez casi todo en bajado y visitando lo que en su origen dio lugar al Parque Nacional del Triglav: el Valle de los Siete Lagos.

Acercándonos al jezero Zeleno -lago Verde.

Reflejos en el lago Verde

Y más reflejos, esta vez en el jezero V Ledvicah (lago Riñón)

Y en una pedrera, junto al lago, una familia de marmotas nos tuvo entretenidos un buen rato con sus continuas apariciones y desapariciones. Esta se dejó ver un buen rato y posó cual modelo a escasos treinta metros.

Tras dos días de pura piedra, empiezan a aparecer los primeros árboles: alerces.

Un nuevo lago, el jezero Dvojno , el más grande, junto al refugio de Pri Triglavskih Jezerih. Dvojno quiere decir doble, y aunque en la foto no se ve, pues queda a la espalda, el lago tenía otra parte más pequeña que en años secos se queda sin agua.

Tras el lago, la senda atraviesa extensos bosques de abetos, alerces, piceas y otras muchas especies de árboles y arbustos, sobre una meseta kárstica, con numerosas dolinas, lo que hacía de la ruta un continuo sube y baja.

Ya en el refugio de Komna, la rutina de todos estos días (asignación de literas, cervecita, comida...) y una novedad: el refugio más parecía un hotel y tenía duchas con agua calentita (previo pago: 2€, 3 minutos). Así que todos a las duchas, por riguroso turno pues solo había un par de ellas.
Y junto al refugio, esta mariposa que se dejó hacer durante muchísimo tiempo.
Y una tormenta nos vino a visitar y dejó su chaparrón, aunque por suerte, nos pillaba ya bajo techo.
 

Día 9: Refugio Komna – Cascada Savica - Lago Bohinj

Distancia recorrida: 15 Km
Ascenso:  150 m                                    Descenso: 1.130 m
Altura mínima: 536 m Lago Bohinj      Altura máxima: Refugio Komna  1.528  m
 
Dos opciones: Una mucho más larga, atravesando continuas dolinas hasta llegar al telesférico y de allí, bajar al lago Bohinj; la segunda, más corta y más directa al lago, pasando por la Cascada de Savica. Por unanimidad nos decidimos por la segunda, y tras el desayuno emprendemos de nuevo la marcha.
 
El sendero, ancho y en muy buen estado, baja en continuos zigzags por una ladera empinada pero siempre a la sombra de los árboles.

Según nos comentó Sara, el sendero fue acondicionado por las tropas austriacas durante la I Guerra Mundial para transportar todo el material bélico hasta la zona del Krn y de Kobarid, de ahí que encontremos algunas covachas excavadas en los laterales del camino que servían de refugio.

Ya abajo, nos damos cuenta del desnivel que hemos descendido pues el refugio del que venimos se encuentra en la meseta que hay sobre los tajos.
Antes de ascender a la cascada, hacemos una parada en un chiringuito de la tierra para tomar unos cafés. Después, por un sendero cementado y de pago, con unos quinientos escalones, subimos hasta la cascada de Savica. Paco Z., que andaba algo tocado con el estómago, decide esperarnos abajo.

Cascada de Savica

Tras la cascada, unos cuantos de kilómetros más hasta llegar al lago Bohinj, donde aprovechamos para darnos un baño en unas aguas transparentes y relativamente templadas.
Fotos hicimos pocas pues la posición en la que estábamos y la hora no era la más adecuada (el sol nos daba de frente).
Como ejemplo de la belleza de este lago, me he permitido sacar dos fotos de internet de la zona por la que pasamos en el autobús cuando ya íbamos de camino a Bled.

Lago Bohinj, donde se encuentra el pueblo, justo en el otro extremo al lugar donde nos bañamos. 

Lago Bohinj (Al fondo está el lugar de nuestro baño)
 
El lago de Bled - la iglesia de la isla y el castillo- desde el microbús.
 
Tras comer en un restaurante diversos pescados de agua dulce - por cierto, muy sabrosos- nos recogieron y nos llevaron hasta Bled, donde ¿quién lo dudaba? estaban esperando nuestras maletas.
 

Día 10: Bled – Garganta Vintgar
 
Distancia recorrida: 23 Km
Ascenso:  500 m                                Descenso: 500 m
Altura mínima: 476 m Lago Bled     Altura máxima: Hayedo – Fuente Vodnjak  637 m

La intención de hoy es recorrer parte del lago, visitar la isla en pletna, conocer el castillo y después, por la tarde, acercarnos a ver la Garganta de Vintgar, todo a pie, bueno todo menos el paseo por el lago, que no es el Tiberiades.

El lago y el castillo de Bled, encaramado a un espolón rocoso de más de cien metros junto a la orilla.

Tras recorrer un par de kilómetros junto al lago, nos subimos en una pletna, que nos llevó hasta la isla.
La pletna es la embarcación tradicional del lago de Bled, con capacidad para 20 personas y con un toldo de vivos colores que la recubre. Suelen tener nombre de mujer. El barquero se encarga de impulsar los remos -la navegación a motor está prohibida en el lago-  para en cuestión de unos quince minutos llevarnos a la isla. La profesión suele pasar de padres a hijos.
La isla es pequeña -una hectárea- y en ella se levanta la iglesia barroca de la Asunción  y es tradición que el día de la boda el novio suba los 99 escalones que unen el lago y la iglesia con la novia a cuestas: toda una declaración de intenciones.
Según nos contó Sara, en esta iglesia hay una campana asociada a una leyenda según la cual  una joven viuda de Bled gastó toda su fortuna en fundir una campana de oro en memoria de su marido e instalarla  en la iglesia de la isla. Durante el traslado a la isla, la barca en la que era transportada se hundió y la campana se perdió en el fondo del lago. La gente de Bled decidió entonces reunir dinero para fundir una nueva campana, esta vez de hierro, para ayudar a la viuda y honrar a su marido muerto. Esa es la campana que está en la iglesia y que si la hacemos tocar tres veces permitirá cumplir nuestros deseos.
La de oro -dicen- se oye en el lago aquellos días en que la niebla lo cubre todo.

Bajando de la pletna

Tras el paseíto en barca, nos fuimos hasta el castillo donde nos hicimos esta foto de grupo con el lago y la isla de fondo. El castillo tiene en su interior un museo y varias instalaciones recreando oficios antiguos -una imprenta, por ejemplo-, aunque lo mejor de todo son las vistas que desde él se pueden contemplar.

Huevos de pascua -pirhi-, típicos de Eslovenia y otros países eslavos. Se llevan en una cestita en Semana Santa a la iglesia para bendecirlos antes de comérselos, lo que suele ocurrir en una tradicional comida que se hace por esas fechas y donde se reúne la familia.

Desde una de las ventanas del castillo. La del al lado estaba ocupada con un váter con vistas.
 
Tras la visita del castillo, nos fuimos hasta un restaurante junto a la Garganta de Vintgar: unos cuantos kilómetros al mediodía, con bastante calor, que pudimos sortear gracias a los atajos por medio de los bosques que rodean Bled, algún tramo de carretera y la complicidad de una conocida de Sara que se ofreció a llenarnos las botellas de agua en una zona de casas unifamiliares entre Bled y la garganta.
En el restaurante, truchas del río Radovna, el de abajo, y recién pescadas. (Al menos, eso es lo que vimos, pues un señor fornido no paraba de salir y entrar  de las cocinas con enormes truchas saltando llenas de vida en una red, para volver al rato cocinadas en un plato).

Tras llenarnos los estómagos, nos dirigimos a la caseta de entrada a la Garganta Vintgar, que como casi todas estas cosas en Eslovenia, es de pago (Nosotros ya lo llevábamos pagado en el viaje):
aunque parezca increíble, la garganta no fue descubierta hasta 1891 por Jakob Žumer, un cartógrafo y fotógrafo de Bled. El descubrimiento se produjo de forma accidental cuando por motivo de la sequía de aquel año el nivel del agua del río Radovna bajó mucho y decidió internarse en la misma. Hasta ese momento, que se sepa, nadie se había atrevido a penetrar en un lugar frío y sombrío, lleno de bosques y con un río salvaje que descendía impetuoso entre las colinas de Hom y Borst.
Debido a la belleza natural que encontró, las gentes del lugar decidieron preparar la garganta para poder visitarla: un camino con pasarelas de madera colgantes que está abierto al público desde el 26 de Agosto de 1.893. (Supongo que le habrán hecho algún arreglillo desde entonces)

Parte del grupo sobre las pasarelas

La parte más estrecha y sombría

Son 1.600 metros de pasarelas

desde el inicio, con puentes como este, donde el agua verde se remansa,

hasta la cascada Šum, de 16 metros, donde nos hicimos la foto de grupo, después de esperar a Sara y Carmen, que a la vez estaban esperando arriba a los que había ido al servicio y habían bajado por otro lado.

Después de recorrer la garganta, y a trote cochinero pues habíamos quedado a las seis y era ya casi la hora, atravesamos un hayedo para salir a la iglesia de Sta. Katarina, una carreterilla, un pueblo cuyo nombre ignoro, caminos rurales con frutales cargados hasta los topes y sin ninguna valla ni alambrada (impensable esto en España) para llegar a una destilería de licores caseros de todo tipo, donde nos hicieron una degustación larga y variada y de donde salimos mucho mejor de lo que se podía pensar después de lo trasegado.

Algunos de los licores que pudimos catar y comprar

 Tablas de miel que decoraban las paredes de la casa donde estaba la destilería de licores.
Las tablas de miel son uno de los regalos típicos que podemos traer de Eslovenia. Las auténticas - que se encuentran en museos y colecciones privadas- datan de los siglos XVIII y XIX, y se utilizaban para decorar las colmenas por parte de los campesinos. Los motivos que representan son muy variados: el hombre, la mujer, la religión, costumbres, trabajo, emociones y sentimientos...

El castillo de Bled de noche
 
Por la noche, una vueltecita por el lago para despedirnos de este maravilloso lugar.
 

Día 11: Velika Planina
 
Distancia recorrida: 8,5 Km
Ascenso:  300 m                                    Descenso: 300 m
Altura mínima: 1.320 m  Aparcamiento Usivec     
Altura máxima: Velika Planina  1.560  m

Con todo recogido, salimos del hotel de Bled dirección Velika Planina, en los Alpes de Kamnik y Savinia, al norte del país.
 
Después de una hora y media, el microbús nos deja en el aparcamiento de Usivec, desde continuamos por un carril hasta alcanzar la zona de praderas, donde sestean las vacas rodeadas de abetos aclarados.

Velika Planina, un poblado de pastores tradicional, aún en uso, pero reconvertido en parte en destino de turistas y senderistas.
Velika Planina significa "Monte grande" y es la zona de pastos más grande de Eslovenia. lleva en funcionamiento desde el siglo XVI, y se rigen por un código y unas normas un poco especiales. Durante la II Guerra Mundial fue arrasado pero se volvió a reconstruir. Actualmente solo vemos vacas aunque hubo un tiempo en el que probaron con también con ovejas, pero tuvieron que decidir entre unas u otras pues las vacas no querían comer donde las ovejas habían estado. Al final, se quedaron con las de dos cuernos, que son las que vemos hoy.

Museo pastoril: una cabaña conservada con los antiguos utensilios de los habitantes del lugar.

Y la simpática muchacha encargada de explicarnos lo que allí vimos, vestida para la ocasión.

Tras el museo, tocaba comida pastoril: leche ácida, miel y Žganci (elaborado con harina de trigo sarraceno y cortezas de cerdo picadas) Y una tabla de quesos para finalizar.
La cara de algunos lo dice todo. Eso sí, la mayoría de los cuencos quedaron vacíos, como buenos comensales que somos.
 
De vuelta, entre vacas y con los Alpes de Kamnik de fondo.
 
De camino a Ljubljana, hicimos una parada en la ciudad que le da nombre a esta zona montañosa.

Iglesia de Kamnik

Vistas de la ciudad desde las murallas del antiguo castillo
 
Y a eso de las seis, Borus y nuestra Sandi nos dejan en el hotel de Ljubljana y Sara se despide de nosotros, para volver con su pequeño y su grande a Bled. Besos, abrazos y un hasta pronto, esperemos.
Toca cambio de guía
 
Ljubljana, el Triple Puente, en nuestro primer paseo por la noche. Y ¡oh! ¡sorpresa! La ciudad parece más mediterránea que centroeuropea. Está a tope de gente por las calles, con las terrazas de los bares y restaurantes a reventar.
 
 
Día 12: Ljubljana
 
Andreja, nuestra nueva guía nos acompaña para hacer una visita cultural por la capital del país.
Decir que la ciudad tiene cerca de 300.000 habitantes y que está recorrida por el río Ljubljanica.
De origen romano (Colonia Iulia Emona), ha pasado por numerosas vicisitudes históricas para llegar a lo que es hoy, la capital de este pequeño y nuevo país, independizado tras la ruptura de Yugoslavia en los años 90 del siglo pasado.

El Triple Puente, obra del omnipresente Jože Plečnik, junto a la Plaza Prešeren (poeta romántico, considerado el más importante autor esloveno) y la iglesia franciscana de la Anunciación.
 

Casas barrocas en el centro de la ciudad, en la Mestni trg.

Iglesia de las Ursulinas

Interior de la Catedral de San Nicolás

Disfrutando del callejeo por Ljubljana
 
Día 13: Cuevas de Škocjan y Pirán
 
Hoy toca alejarnos un poco de la capital y acercarnos a las Cuevas de Škocjan, patrimonio de la Humanidad, y a Piran, en el escaso trozo de costa eslovena.
 
Las cuevas de Scokjan, en el pueblo del mismo nombre, se han formado a partir de la acción erosiva del agua sobre la piedra caliza y, sobre todo, por la fuerza del río Reka, que se introduce bajo tierra en la Velika Dolina para salir tras 34 km, cerca de Trieste, ya en Italia.
Estas cuevas no destacan por sus estalactitas o estalagmitas sino por su enorme cañón subterráneo de más de 100 metros de profundidad en algunos sitios, recorrido por el río Reka, con sus cascadas, sus pozas pero en el interior de una cueva. De verdad, sorprendente y mágico ver esa formación bajo tierra.
Las fotos del interior son sacadas de internet pues dentro no está permitido sacar ningún tipo de imagen. Ya nos lo advirtió una de las guías del lugar en varios idiomas: ni cámara, ni no cámara, ni sin flash, ni selfie, no selfie, ni móvil... pas du tout.
Esa misma guía nos deleitó después con su momento Golum italiano: Indescriptible.
 
El río Reka a su paso por la gruta de Škocjan

El puente que cruza el cañón en el interior de la cueva.

Gours, formaciones calcáreas en forma de represamientos escalonados.
 

Saliendo de la gruta

Velika Dolina, lugar donde el río Reka se hace subterráneo

Paredes y camino de salida por Velika Dolina
 
Desde las cuevas, y en media hora nos pusimos en Pirán, en la costa de Eslovenia. Eslovenia tiene escasamente unos 50 km de costa y en ella se encuentra esta ciudad de claro influjo veneciano (perteneció durante un tiempo a la República de Venecia). Oficialmente es bilingüe: esloveno e italiano.
 
En ella hicimos poco, ya que el calor apretaba, era mediodía y no había muchas ganas de pasear. Nos buscamos un restaurante de pescado - esta vez de mar - y allí estuvimos un par de horas.

Paseo por las calles de Pirán
 
Tras el almuerzo, división de opiniones. Unos decidieron dar una vuelta y visitar la ciudad; otros se decantaron por el baño y un tercer grupo logró hacer las dos cosas, eso sí, no a la vez.

En la Iglesia de San Jorge, junto a Andreja, nuestra guía
 

Paseando por la Plaza Tartini

Baño en las aguas del Adriático
 
Día 14: Cuevas de Postojna y Castillo de Predjama
 
Nuestro penúltimo día y hoy toca de nuevo cuevas.
Las cuevas de Postojna se encuentran a unos 50 Km de Ljubljana y son quizá la mayor atracción turística de Eslovenia, así que era de esperar encontrar mucha gente, lo que ocurrió.
A pesar de estar muy preparadas para el turismo, de la cantidad de gente y de guías muy poco agradables (cosa que suele ocurrir en este tipo de lugares en todos los países) merece muchísimo la pena visitarlas. Yo (y creo que los demás comparten mi opinión) no he visto nunca cuevas como estas (y eso que he visto unas cuantas), tan grandes y con tantísimas y tan variadas formaciones. No sabíamos para donde mirar y la cámara de fotos ardía, pues aquí sí dejaban hacer fotos.
Contaros que la cueva tiene más de 20 km, de los que se recorren unos tres y medio en un trenecillo y uno y medio a pie.
En ella vive uno de los anfibios más raros del mundo, el Proteus anguinus, el pez humano; para los amigos, el anfibio culebril.
Y para que veáis la maravilla de cueva, ahí van unas cuantas fotos de las más de doscientas que hice:
 



Esta es la Sala de los Spaguettis, de las pocas que recuerdo el nombre.



 
De la cueva nos fuimos al castillo de Predjama, que se encuentra a unos 10 km. Es curioso porque se encuentra dentro de una cueva y en medio de un acantilado.
En él vivía un personaje peculiar, una especie de Robin Hood esloveno, que se enfrentó al poder del emperador austriaco. Durante muchos años aguantó las embestidas de los ejércitos del emperador, pues a pesar del asedio, los habitantes del castillo conseguían agua y víveres a través de las galerías de las cuevas del castillo, que comunican con el exterior a varios kilómetros de allí. Y así hubieran seguido durante mucho tiempo sino llega a ser por la traición de un criado que señaló la ventana donde se ubicaba el lugar en el que el señor ponía sus giros postales, en su versión escatológica. Y allí con buen tino puso el austriaco su bala de cañón y acabó con la vida de Erasmo Lueger, que era como se llamaba este caballero. 

Castillo de Predjama

Grupo en el camino de acceso al castillo
 
Día 15 - Ljubljana - Rožnik
 
Distancia recorrida: 12 Km
Ascenso:  350 m                                          Descenso: 350 m
Altura mínima: 429 m  Sisenski Hrib         Altura máxima: 300m Calles de Ljubljana

 
Nuestro último día en Ljubljana, en teoría, era para hacer compras. Pero nosotros decidimos que estábamos cansados de asfalto y que necesitábamos algo de monte.
Como las previsiones meteorológicas no eran muy buenas, tomamos la decisión de dar una vuelta por un parque forestal que rodea Ljubljana, el monte Rožnik, cruzando el Parque Tivoli, donde había una exposición fotográfica.
 
Miradas

En Rožnik
 
Al mediodía, nos acercamos a un restaurante típico esloveno, donde degustamos comida del lugar. Unos se decantaron por la carne y otros por el pescado (de todo tiene que haber en este mundo), pero nadie quiso un platito de rúcula, con lo buena y lo bien que la preparan.
Vino y cerveza eslovenos para acompañar.
 
Y por la tarde, últimas compras y últimas fotos y despedida de este país que a todos nos ha sorprendido para bien en todos los sentidos.
 
Hvala, Slovenija! Nasvidenje, Slovenija!

De compras por la Plaza Prešeren

El Puente de los dragones y las cúpulas de la catedral

No lo oigas mi amor, que canta gratis

Pompas
 
Y para terminar, este collage con parte de las muchas flores que hemos fotografiado durante todos estos días.